Martes, agosto 9, 2022
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Niñez y pandemia

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Es muy temprano para tener certeza de los múltiples impactos que tendrá la pandemia en los niños y niñas en el mundo, particularmente en México, pero sin duda este segmento de población estará marcado por el confinamiento, la era digital y los estragos del contagio del Covid–19 con episodios donde las familias tuvieron fallecimientos del padre, la madre, los abuelos o parientes cercanos a esa niñez que lamentablemente ha quedado a la deriva o que si bien no tuvo esos desenlaces, eso no significó que sus vidas no hayan sido tocadas por la pandemia.

Se ha demostrado en todo el mundo que el grupo de edad donde el Covid–19 tuvo menor impacto en la salud fue la niñez, el número de contagios y fallecimiento fue significativamente bajo, al grado que ha sido el grupo que en los programas de vacunación  no ha recibido la dosis o está por recibirla. Por fortuna, el SARS–CoV–2 no impactó negativamente a ese grupo de población en su salud asociada directamente al virus, la buena noticia contrasta con los efectos psicológicos, educativos, de salud, alimentación y acceso a los derechos sociales que debería gozar la niñez. De hecho, los efectos deben ser analizados incluyendo de manera importante las diferencias sociales, económicas, de alimentación y desde luego desde una mirada de género, pues los estragos puede ser diametralmente distintos entre niños y niñas, asumiendo que la edad también establece diferencias, esta mirada podría proporcionarnos mejores datos para medir el impacto.

Sobra decir que el confinamiento tuvo impactos en la salud mental de la niñez a un grado aún no registrado en su plenitud, provocó mayor rezago educativo cuya consecuencia está por mostrarse a través de indicadores del proceso de enseñanza–aprendizaje, alejó a los niños de procesos de socialización fundamentales en el desarrollo de su personalidad generando aislamiento individual cuyas secuelas no podemos saber a ciencia cierta, pero no sólo impactó en esos niveles, sino que empiezan a surgir estudios, como el publicado por la CEPAL en marzo de 2022 –Los impactos de la pandemia sobre la salud y el bienestar de los niños y niñas en América Latina y el Caribe: la urgencia de avanzar hacia sistemas de protección social sensible a los derechos de la niñez (cepal.org)–, que intentan explicar los grados de afectación considerando, por ejemplo, la categoría, derechos sociales y su acceso, éstos que se profundizaron ampliando las brechas de desigualdad, visto desde esa óptica las condiciones de la niñez son distintas.

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Por ejemplo, en América Latina, donde se concentra la mayor pobreza del mundo la pandemia aumentó ésta, tan sólo en 2020, la pérdida de empleo golpeó severamente a las familias reduciendo, sino es que cancelando, el ingreso salarial, impactando en la dieta alimenticia, es decir, millones de niños y niñas sufrieron una reducción de los nutrientes que se adquieren por el consumo de alimentos con alto contenido proteico. Derivado de la atención prioritaria para el control de la pandemia, millones de niños y niñas dejaron de tener acceso a la prevención y cuidado a la salud, pues gran parte del sector se abocó a la atención de pacientes Covid–19, la reconversión hospitalaria disminuyó el número de citas de seguimiento de la niñez y las posibles enfermedades gastrointestinales, respiratorias u otras tuvieron que atenderse en casa con remedios caseros; en el ámbito educativo está comprobado que la transición a educación virtual, distancia o en línea, no logró satisfacer la demanda escolar mínimamente, pues esto dependía en gran medida de la infraestructura tecnológica de las escuelas, de los docentes, de los hogares y del acceso individual de los pequeños a la red de internet, al uso de las tecnologías y a la posibilidad de contar con suficientes computadoras en el hogar o de televisiones con acceso a señal abierta continua. Sobra decir que el costo de la educación se transfirió a los bolsillos de las familias, de los docentes, pues la educación en línea necesariamente se asocia a la capacidad económica para contratar, comprar la infraestructura tecnológica para ofrecer clases o recibir clases, en muy pocos hogares hubo transferencias públicas, hay evidencia que muchos niños no tuvieron acceso y que prácticamente el ciclo escolar 2020–2021  y parte del 2021–2022 fue de abandono escolar.

Pero quizás una de las deudas enormes para la niñez es el derecho social a la recreación que implicaría que se habiliten los espacios públicos como parques y centros de recreación, entre otros, con programas y proyectos de socialización con diversidad de actividades lúdicas que permitan el reencuentro de los niños y niñas recuperando la interacción con esquemas de seguridad pública que garanticen la vigilancia permanente y no pongan en riesgo a la niñez. El mejor regalo a propósito del día de la niñez no es que se les obsequie juguetes de baja calidad y bajo costo, sino crear condiciones para que los niños y niñas recuperen el espacio público y que se coadyuve a romper el aislamiento al que fueron sometidos por el confinamiento, era necesario, pero hoy en 2022 estamos en otro contexto que permite generar programas de esa naturaleza. Desde luego que los problemas de la niñez y su entorno de desigualdad tienen su propia tendencia histórica, la pandemia la agudizó, pero precisamente la construcción de otras formas de socialización haría al menor empezar a revertir los efectos y recuperar su salud mental y física.

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