Martes, junio 25, 2024

Es necesario que los hombres nos hagamos responsables de nuestras violencias

El Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres (Banavim) ha registrado que en Tlaxcala hubo 14 mil 859 casos de violencia perpetrados por hombres hacia mujeres.

La violencia masculina es aprendida y reafirmada en las diferentes etapas de la vida y sirven para mantener las desigualdades de género, el control y poder hacia las mujeres.

Michael Kaufman nos explica que existe una relación entre el modelo machista–patriarcal y la violencia que ejercen los hombres, a través de lo que ha llamado “Las 7 P’S” (1999):

1.- El poder y los privilegios: La violencia o la amenaza de ésta se convierte en un medio para asegurarnos a los hombres el disfrute continuo de privilegios y de ejercicio de poder.

2.- La percepción del derecho al privilegio: La violencia es a menudo la consecuencia lógica de la percepción de que los hombres tenemos derecho a ciertos privilegios.

3.- El permiso: Los códigos legales, las leyes o las costumbres otorgan un permiso tácito a los hombres para utilizar la violencia. La violencia de los hombres se percibe como legítima y normal.

4.- La paradoja del poder de los hombres: La violencia funciona por la contradicción existente entre la forma como se ha construido el poder de los hombres y como, a su vez, se provocan altas dosis de temor, aislamiento y dolor de los hombres hacia sí mismos.

5.- La coraza psíquica de la masculinidad: La masculinidad es codificada como un rechazo a lo femenino, es decir, un rechazo a las cualidades asociadas con los cuidados y el sustento emocional. El resultado de este proceso de desarrollo psicológico es una habilidad disminuida para la empatía.

6.- La masculinidad como una olla psíquica de la presión: Muchas de nuestras formas dominantes de masculinidad dependen de la interiorización de muchas emociones y su transformación en ira, numerosas emociones naturales han sido reprimidas, descartadas o inválidas.

7.- Las experiencias pasadas: A lo largo de nuestra vida, la mayoría de hombres interiorizamos la violencia, tanto si la sufrimos como si la observamos.

Transformar estos siete elementos expuestos por Kaufman y, por tanto, transformar la violencia masculina, implica generar un cambio cultural que desestructure de raíz la construcción machista que ejercemos los hombres. Iniciar ese proceso implica al menos impulsar, desde diversos actores sociales, un proceso reeducativo en el que reconozcamos desde nuestro ser masculino cómo estamos generando las distintas violencias hacia las mujeres, desde las más cotidianas, hasta las más graves como la desaparición, el feminicidio y la trata con fines de explotación sexual.

Como hombres no nos corresponde cuestionar las acciones de protesta realizadas por las mujeres, nuestro deber es cuestionar el ejercicio de nuestra masculinidad como fuente de la violencia hacia las mujeres y preguntarnos: ¿Cómo ejercemos y validamos desde el ser hombre el acoso, la violación, el aborto, la trata con fines sexuales, la desaparición y el feminicidio, entre otras violencias? ¿Qué debemos hacer en lo personal, en lo colectivo y en la generación de políticas públicas para transformar estas masculinidades violentas? Ante la violencia que actualmente viven las mujeres, la transformación de la masculinidad machista es un camino largo, pero impostergable, urgente también es el establecimiento de políticas públicas que provoquen estos cambios.

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