Domingo, abril 11, 2021

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Mena y AMLO

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Amor con amor se paga. En respuesta a la carta emitida por el presidente de la República para que los gobernadores se abstuvieran de intervenir en las próximas elecciones a celebrarse en el mes de junio, a través de adherirse al Acuerdo Nacional para la Democracia, el gobernador del estado de Tlaxcala, Marco Antonio Mena fue el primero de todos los gobernadores del país que decidió sumarse a la propuesta de Andrés Manuel López Obrador. De honrar su palabra, el gobernador estaría dando un paso significativo en garantizar elecciones libres, sin la intervención en la venida a menos maquinaria del gobierno y del PRI, con los efectos demoledores que esto tendrá para la sucesión.

El acto y la misiva firmada por el gobernador envía distintos mensajes políticos, el primero la asistencia y reunión en Palacio Nacional a tres meses de la jornada electoral, sellada con la fotografía al lado de AMLO, representa simbólicamente un acercamiento total al proyecto de la 4T. En segundo lugar, el contenido de la carta que puede dividirse en tres partes, la primera alienarse a la reflexión y a la importancia de la consolidación de la democracia en nuestro país, la segunda es el reconocimiento al presidente y a su gobierno al afirmar:

“En Tlaxcala reconocemos el cambio de la realidad democrática en nuestro país a partir del 2018. Comenzó un nuevo régimen político y, con él, una nueva etapa en la historia de México. El gobierno del estado decidió, entonces, insertarse en la transformación trabajando en equipo con el gobierno federal que usted encabeza”.

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La tercera, la adherencia al Acuerdo, al sostener:

“Nuestro compromiso con la democracia es absoluto. Por ello, vigilaremos que se respeten las leyes y la integridad de las instituciones para garantizar, este año, elecciones libres… Categóricamente afirmo, señor presidente, que no tendré injerencia alguna, bajo ninguna circunstancia, en el próximo proceso electoral”.

Al parecer el gobernador Mena Rodríguez leyó muy bien el contexto actual y apostó todo su capital político al legado que su decisión tendrá en las próximas elecciones y en el futuro próximo para la entidad, tal como lo hizo en su momento Antonio Álvarez Lima cuando, según los registros de hace dos décadas, éste no intervino en la elección que permitió la primera alternancia con el triunfo y reconocimiento de Alfonso Sánchez Anaya en el año 1998. La lectura seguramente consideró los efectos de la pandemia que han impactado en la economía, la salud y los indicadores de desarrollo que están presentes en el ánimo de la población.

Sobra decir que las actuales condiciones no permitirán tener campañas en tierra y que no se podrá ocupar las llamadas estructuras para influir en los electores, pues de hacerlo se estaría violando el derecho a la salud y habría una flagrante violación a los derechos humanos de la población. Aunque ha iniciado la vacunación, es un hecho que de aquí a la elección miles de tlaxcaltecas seguirán sin contar con ésta, aunado a ello, la escasez del dinero público en la entidad, pues se han caído en relación a los ingresos propios y la dependencia de las transferencias federales se ha convertido hoy más que nunca en bálsamo para poder atender la pandemia, así como los proyectos de obra más importantes del gobierno de Marco Mena, en su última etapa.

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Desviar recursos humanos, financieros y materiales como en antaño, hoy no es una opción, pues de hacerlo, además de violar la ley, se estaría poniendo en grave riesgo la salud de los tlaxcaltecas. En esa lectura, seguramente se consideró la situación actual de su partido, mismo que vive en el total descrédito por las enormes prácticas de corrupción, los estudios demoscópicos nacionales y por entidades federativas establecen que el ex partidazo tendrá en promedio entre 10 y 12 por ciento de la votación, no más. Ante ese escenario, el gobernador logró que la candidata al gobierno fuera de su partido y que ésta encabezara la coalición, ese fue el juego en la sucesión al interior, pero el verdadero home run con casa llena de Marco Mena que refleje el papel real en la sucesión es precisamente que no tendrá injerencia alguna en el proceso electoral.

Sin embargo, la decisión del gobernador ha tomado por sorpresa a quienes esperaban que la influencia del góber, el gobierno y sus funcionarios jugaran un papel determinante en el curso del proceso electoral, pues es un hecho que la intervención de éstos puede ser el fiel de la balanza en el resultado electoral, pero el balde de agua fría provino de líder del partido en la entidad y el mensaje es contundente, tan así que distintos medios de comunicación y columnistas han quedado mudos al ver que sus apuestas se resquebrajan. Salvo excepciones, como La Jornada de Oriente, la mayoría intentó sin éxito minimizar el posicionamiento del gobernador y sus efectos en la clase política. Sin dinero, sin estructuras gubernamentales, la contienda no pinta nada bien para aquellas candidatas y candidatos que esperaban el brazo amigo que empujara sus aspiraciones. Se han quedado solos.

De hecho, la relación de Mena y AMLO ha sido de terciopelo, no ha habido desencuentro alguno, la carta viene a confirmar la apuesta que siempre tuvo el gobernador del estado, aunque en la actual coyuntura, es dinamita pura.

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