Sábado, julio 20, 2024

Memoria imborrable

No ha sido casualidad ni destino que el “autoatentado de las Torres Gemelas” de Nueva York, haya sido planeado y ejecutado por alguno de los “grupos especiales” del complejo militar–financiero–empresarial que controla la vida política y económica del imperio yanqui, precisamente un 11 de septiembre; se trataba de sacrificar a cientos de  norteamericanos, en su propio territorio, y de la forma más cruel, para que, siguiendo los principios de la “doctrina del shock”, el resto de los ciudadanos entrara en un estado de pánico y paranoia, renunciara a sus derechos civiles y apoyara incondicionalmente la invasión de Irak. Y también se trataba de aparecer ante el resto del mundo como una víctima inocente de la violencia ciega de un supuesto “terrorismo islámico”, pretendiendo de paso sobreponer al recuerdo imborrable del sangriento y brutal golpe de Estado de Pinochet en contra del gobierno de Salvador Allende, otro recuerdo más dramático, más sangriento, más inexplicable, más brutal y más mediático.

Sin embargo, los intentos por torcer la memoria histórica han sido inútiles: la premura por borrar las huellas del supuesto atentado y las descalificaciones de las investigaciones independientes que indican que se trató de una demolición planeada, demuestran que por ningún motivo se trata de llegar a la verdad.

La costosa invasión de Irak (sobre todo en vidas humanas iraquíes) reveló finalmente que las supuestas armas de destrucción masivas no existían y que el objetivo era apoderarse del país y de su petróleo; y que finalmente se trataba de imponer un “Estado de sitio” interno, para que los ciudadanos dejen de obstaculizar tanto la guerra interna como las externas.

En cuanto a desplazar de la memoria colectiva el golpe de Chile, la estrategia también ha fracasado: este fin de semana y 40 años después, miles de muertos y desaparecidos por la dictadura neoliberal de Pinochet y sus secuaces han vuelto a aparecer y a marchar por las “grandes Alamedas” de Santiago: la prensa internacional ha dado cuenta de la marcha de la memoria imborrable de una multitud portando las fotos de los seres queridos que desaparecieron sin dejar huella en los registros policiacos, ni en los diarios, pero que siguen vivos en la memoria de sus hijos, de sus nietos o de los jóvenes estudiantes que siguen desafiando el sangriento “orden neoliberal” mantenido hasta el gobierno actual.

Recordar  el papel que jugaron Nixon, Kissinger, Bush padre, la CIA, la ITT, el Mercurio, las organizaciones patronales chilenas, los militares adoctrinados en las academias del crimen norteamericanas, los partidos de la derecha; y recordar los rostros de los miles de muertos, desaparecidos y exiliados, permite no sólo mantener la memoria histórica viva, sino también permite comprender cómo actúa la maquinaria de muerte del imperialismo transnacional que sigue actuando igual, y hoy se prepara para “salvar” al pueblo sirio de sí mismo bombardeándolo por su “propia seguridad”, pero al parecer, el peso de la inmensa estela de muertos de Vietnam, de Camboya, de Corea, de Afganistán, de Irak, de Nicaragua, de Panamá, de Guatemala, de República Dominicana, por mencionar algunos, no le permite al imperio pasar desapercibido y salir de la memoria del mundo.

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