LA UNIVERSIDAD COMO INSTITUCIÓN AUTÓNOMA

La universidad como institución autónoma

La universidad como institución autónoma es quien, de manera crítica, produce y transmite la cultura por medio de la investigación y la enseñanza, reza la Magna Carta Universitatum, suscrita en Bolonia en 1988.

La primera característica de la universidad es la autonomía. La que se define a partir de una relación de doble sentido. La que establece con el Estado y la que instituye con su propia comunidad.

Con el Estado tiene una relación histórica. Ya que a partir de que la soberanía le dota de autonomía. Esta registra una serie de cambios en relación a las circunstancias que se dan en momentos específicos de la sociedad.


En México y en Tlaxcala de manera particular, desde el sexenio 1988–1994, se establecen criterios para el control de la autonomía a partir de la categoría de “calidad”. Lo que se traduce en procesos de evaluación, planeación y acreditación bajo el criterio del financiamiento extraordinario.

Pero esa relación entre el Estado y las universidades también es política, Como afirma Ordorika (2016): “El sustento de su politicidad es el conocimiento, sus usos, su distribución, su vinculación con el entorno social, político, económico, cultural y ambiental”.

Y hacia su interior tiene que ver con la definición del proyecto educativo. Con la elección de los órganos de gobierno. Porque una institución no puede ser autónoma cuando su comunidad no define el proyecto al que aspira.

En 2018, la ciudadanía vota por un cambio y la universidad debe estar en sintonía con esa transformación nacional. Lo que demanda asumir “temas de investigación, proyectos de construcción y críticas políticas” que permitan contribuir en la construcción de una nueva sociedad.

En 2021 se realizarán elecciones y puede convertirse en el punto de referencia sobre el conocimiento, la reflexión y las propuestas para resolver los grandes problemas de Tlaxcala.