La educación superior como motor del desarrollo local

La educación superior

La educación como motor del desarrollo local. Es una idea que deja caer Boaventura Sousa en el conversatorio “Por la recuperación del pensamiento crítico. Más allá de la racionalidad neoliberal y de los populismos”. Que la UATx organiza con motivo de su 44 aniversario. Lo que lleva a recordar la amable crítica que el Subsecretario de Educación Superior hace al informe: “La comunidad universitaria ante el confinamiento social por covid-19”.

Se pregunta si los universitarios tlaxcaltecas tienen conciencia de las condiciones económicas y sociales de los estudiantes que la pandemia empeoró. Ya que en toda la propuesta de la Universidad “no hay mucho sobre el tema, … [nada gira] alrededor de [esa] variable central”. Lo que cuestiona el compromiso social y la pertinencia de los programas de producción, transmisión y socialización del conocimiento, parte sustancial de su misión.

En consonancia con lo destacado por Boaventura de Sousa y el Subsecretario. El primer problema es la pobreza. Ramírez (1992) refiere las expresiones de un gobernador, un secretario de gobernación y un presidente de México que describen a Tlaxcala como: “estado postrado”, campeón “de la miseria y el atraso” y “región de analfabetismo e ignorancia, lugar incomunicado, zona insalubre y sin asistencia médica, geografía erosionada”.


El 15 de octubre de 1974, Emilio Sánchez Piedras como candidato al gobierno del Estado expresa: “Tlaxcala tiene un reto múltiple; nos enfrentamos a una pobreza ancestral. La ignorancia y la insalubridad son un desafío para nuestro progreso y bienestar. Somos el Estado más pequeño y más densamente poblado. El reto de la erosión de nuestras tierras y la deforestación de nuestras montañas es inaplazable”. Por lo que en su toma de protesta como gobernador propone: “Nuestro mejor camino es industrializar Tlaxcala”.

La pobreza ancestral

En estos 45 años mucho ha cambiado, pero la pobreza se mantiene. Los datos del Coneval muestran que durante la década 2008-2018 se registran disminuciones importantes de la pobreza en general, pero particularmente de la pobreza extrema.

En 2008 se registra que el 59.6 por ciento, esto es alrededor de 687 mil tlaxcaltecas se encuentran en pobreza. Con una diferencia, el 50.1 por ciento está en pobreza y 9.5 por ciento en pobreza extrema. 10 años después (2018), la pobreza desciende al 48.4 por ciento (645,7 mil tlaxcaltecas). De los que el 45.3 por ciento se encuentra en pobreza -un descenso de 4.8 puntos porcentuales- y un 3.1 por ciento en pobreza extrema -un descenso de 6.4 puntos.

Uno de los mecanismos que el gobierno local utiliza para modificar esta situación se produce en el cambio de la base económica. En 1975 aprovecha la política de descentralización de la industria del D.F. -hoy CdMx-. Lo que en principio impacta de manera importante la calidad de vida en general. Porque se construye infraestructura y se implementan servicios públicos, entre otros los de educación y salud.

Una economía de informalidad

El desarrollo industrial “como palanca de desarrollo de la clase trabajadora se da tarde, relativamente desfasados de la dinámica de desarrollo capitalista nacional; acontecieron, además, en un periodo relativamente corto. Pero lo más importante y, en cierto modo paradójico, es que coincidió justamente con el agotamiento del llamado “modelo de sustitución de importaciones” y la adopción o entrada directa al modelo económico y político neoliberal” (Castillo, 2017)

Esto se refleja en la oferta de empleos decentes o con seguridad social. Entre 1998 y 2020 se crean 38 mil 104 empleos con seguridad social. Un promedio de mil 732 empleos anuales. Entre 1998 y 2013, de la universidad egresan 24 mil 708 jóvenes, un promedio anual de mil 544 profesionistas.

El promedio de informalidad, entre 2005 y 2020 se mueve en un rango de 70.2 y 74.8 por ciento para un promedio general de 72.4 por ciento. Lo que significa que los trabajadores se desempeñan en establecimientos que ocupan máximo a 5 personas y no pagan contribuciones, ni seguridad social.

Los datos de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, para junio de 2020, muestran que Tlaxcala cuenta con una población económica activa de 618 mil 948. De los que se encuentran ocupados 594 mil 706 y estos se distribuyen en 394 mil 796 asalariados, 135 mil 849 trabajadores por cuenta propia, 25 mil 109 empleadores y 38 mil 952 trabajadores que no reciben remuneración alguna.

En términos de ingresos el 7.88 por ciento no recibe ingresos, 29.50 por ciento recibe menos de un salario mínimo, 40 por ciento recibe entre uno y 2 salarios mínimos, 13.58 por ciento alcanza entre más de 2 y 5 salarios mínimos, 0.98 por ciento obtiene 5 y 10 salarios mínimos y 0.17 por ciento más de salarios mínimos. Se registra un 7.83 por ciento no especificado. (Jimenez, 2020)

Una economía basada en lo micro

Los resultados del censo económico 2019, muestran la existencia de 89 mil 76 establecimientos económicos en los que se ocupa a 334 mil 495 personas. El 16.7 por ciento de los establecimientos del sector privado y paraestatal se registran en el sector de manufacturas, 50.5 por ciento en comercio, 31.8 por ciento en servicios financieros y uno por ciento en otras actividades. Lo que refleja una economía de servicios.

Por tamaño el 97.7 por ciento son empresas micro (1 a 10 personas), 2.2. por ciento Pymes (11 a 249 personas) y 0.1 por ciento grandes (más de 250 personas). Las microempresas ocupan el 58.3 de trabajadores totales del estado. Las Pymes el 21.2 por ciento y las grandes empresas el 20.5 por ciento.

El nivel de estudios del personal ocupado en las micro es de 52.9 por ciento con educación básica, 28.4 por ciento con educación media superior y 16.3 por ciento superior. En las Pymes, la proporción es de 39.1, 33.7 y 25.5 y en las grandes de 49.6, 33,7 y 15.4. Llama la atención que el porcentaje de trabajadores con educación superior en las micro y las grandes sea similar -16.3 y 15.4-

El desaliento de los egresados

Frente a esta realidad, la UATx responde con una oferta educativa de grado, que constituye el 98 por ciento de su matrícula con 41 carreras: 4 en diseño, arte y arquitectura con una matrícula de 889 estudiantes, 6 en ciencias básicas, ingeniería y tecnología con 804 estudiantes, humanidades con 10 carreras y una matrícula de 2 mil 52 estudiantes, ciencias biológicas con 10 carreras y 4 mil 64 estudiantes y ciencias sociales y administrativas con 11 carreras y 7 mil 838 estudiantes.

El 70 por ciento de la matrícula se concentra en las carreras de Química Clínica, Nutrición, Arquitectura, Trabajo Social, Enseñanza de Lenguas, Administración, Contaduría Pública, Cirujano Dentista, Ciencias de la Educación, Médico Cirujano, Psicología y Derecho. Las 3 últimas concentran 30 por ciento del total de la matrícula.

Con relación al mercado laboral de Tlaxcala, Castillo (2017:74) destaca “su lenta capacidad para generar empleo; al ser uno de los estados con mayores tasas de desempleo, informalidad laboral y precariedad salarial, y una muy limitada cobertura de prestaciones laborales y seguridad social”

Al indagar en qué, medida los niveles de instrucción inciden en “la participación de la fuerza de trabajo, en el empleo y desempleo, en los niveles de ingreso y el desaliento laboral de los jóvenes” entre 14 a 29 años de edad en Tlaxcala. Los resultados muestran que entre 2005 y 2015 el desempleo entre los universitarios pasa de 22.1 a 35.9 por ciento y el ingreso medio es menor que los de educación media superior.

Los estudios superiores no contribuyen a mejorar ingresos

La respuesta a la pregunta de “si existen o no diferencias significativas entre los niveles medios de ingreso en función de escolaridad” muestra que los trabajadores con educación primaria obtienen en promedio un ingreso medio de 3 mil 117 pesos con 15 centavos. Los de educación secundaria 3 mil 310 pesos con 65 centavos. Con preparatoria 3 365 pesos con 29 centavos y, los de educación superior 3 mil 353 pesos con 75 centavos.

La conclusión de Castillo (2017) es que en Tlaxcala “los niveles de escolaridad no diferencian o inciden sobre las medias de ingreso en los jóvenes trabajadores, y que por razones imputables a la educación o al mercado de trabajo, o a ambos, los niveles de escolaridad de los jóvenes no contribuyen significativamente en una mejora de sus ingresos”.

Quizá uno de los espacios más importantes para “amortiguar ese desequilibrio y garantizar la inserción profesional y social” (OCDE, 1996) sea “el mundo de las microempresas”.

La educación superior como motor de desarrollo local

Sobre la universidad, prevalecen 2 visiones. Una volcada a la acción política y otra a la actividad económica. La primera propone un “acceso más abierto posible, y hostiles al principio del pago de derechos de inscripción y escolaridad” (OCDE 1996:16). La otra, demanda la adecuación hacia las necesidades del mercado de trabajo.

La UATx debe volcarse al desarrollo de las capacidades para convertir la educación en el motor del desarrollo. Ampliar la clase media porque de ellos depende el desarrollo de las microempresas y la creación de empleos. Y,  transformar el paisaje político en la construcción de una sociedad civil más fuerte.

Cómo hacerlo. Revisando los resultados en la implementación del modelo educativo para innovar los perfiles profesionales y hacerlos más acordes a las características de la realidad circundante. Además ordenar los planes de estudio por objetos de conocimiento para reducir la separación de las unidades de aprendizaje.

Aquí puede ayudar la sistematización que se haya hecho de las experiencias de la actividad integradora. Para que en lugar de yuxtaponer lo nuevo a lo existente. Reconstruirlo desde sus cimientos. Aprovechando lo que ha dejado el proceso de transformación universitaria impulsada por la política de planeación, evaluación y financiamiento extraordinario.

La misión de la educación superior es servir de puente entre la economía y la sociedad. Por lo que debe vincularse a las políticas de desarrollo local y regional. Lo que le permitirá contribuir a que la fractura social no siga abriéndose más y más.