La dura ley de la jungla. ¿Qué vamos a hacer con los viejos?

En Tlaxcala cualquier persona espera vivir en promedio 72–78 años. El problema es que los últimos 20 serán de angustia porque la mayoría no cuenta con recursos para su sostenimiento y sus hijos tendrán que cargar con ellos, provocando mayor pobreza

La dura ley de la jungla. ¿Qué vamos a hacer con los viejos? En el discurso se les reconoce y venera. En la práctica se les trata entre desecho y basura. La contradicción entre pasado y presente es resultado de la idea equivocada de sobrevivencia. La esperanza de vida al nacer en los 50s del siglo pasado era de 50 años. A principios de este siglo supera los 70 años.

En Tlaxcala cualquier persona espera vivir en promedio 7278 años. El problema es que los últimos 20 serán de angustia porque la mayoría no cuenta con recursos para su sostenimiento. Por lo que sus hijos tendrán que cargar con ellos, provocando mayor pobreza.

Los viejos privilegiados en Tlaxcala son quienes actualmente cuentan con 65 años. Se incorporaron al mercado de trabajo industrial o burocrático en la década de los setenta. En el auge del crecimiento industrial y de servicios en Tlaxcala, producto del gobierno priista de Emilio Sánchez Piedras.


Esos viejos cuentan con pensión y servicios de salud (IMSS o ISSSTE), aunque sus ingresos no rebasen los 5 mil pesos. La otra parte apenas 700 pesos mensuales y Seguro Popular. El Instituto Nacional para la Atención de los Adultos Mayores (Inapam) no tiene más idea que el entretenimiento y la recreación. El DIF cuando mucho apoya para los asilos.

El censo de 2010 arroja que 100 mil habitantes rebasan los 60 años. Fuera de los discursos de reconocimiento histórico de tiachcas y huehues, hay una falta de política social dedicada a este grupo de edad que año con año crece. ¿Qué vamos a hacer con los viejos? ¿Qué van a hacer los viejos? En la dura ley de la jungla.

En el imaginario social se mantiene la idea de que sobrevive una gran cantidad de viejos, abuelos, ancianos. Esto no es así, la mayor parte fenecía a los 40 años en promedio. Lo que permitió la regulación en el crecimiento de la población con muchos nacimientos y muchas muertes.

Se acuña el concepto de bono demográfico para mostrar que la población de México y de Tlaxcala en su mayoría es joven. En los viejos se registra otro fenómeno. El mejoramiento en las condiciones materiales de existencia amplía la esperanza de vida. Y el grupo de viejos crece exponencialmente.

Los datos demográficos muestran que en Tlaxcala la Tasa Global de Fecundidad (TGF), esto es el promedio de hijos que puede tener una mujer en edad fértil, desciende a la mitad. “Para 2000, la TGF llegó a 2.87 hijos por mujer (0.41 hijos menos que en 1995). Esta tendencia a la baja se mantiene hasta llegar a 2.39 hijos en 2010, con una reducción de 0.5 hijos durante el periodo comprendido entre 2000 y 2010”. Lo mismo ocurre con la tasa de natalidad.

A lo anterior se suma que ante la falta de trabajo una cantidad importante de jóvenes, hombres y mujeres, migra hacia la zona centro y norte del país, así como a los Estados Unidos y Canadá. Con lo que se ha vuelto común encontrar poblaciones solo con mujeres y adultos viejos, y niños menores de 15 años.

Como ocurre en la mayor parte de los países de Europa, Japón y China, cada vez hay más adultos mayores y menos niños. Adquiere realidad el imaginario construido de la existencia de muchos viejos. El problema es que la mayor parte carece de un sistema de cuidado para su atención y la mayor parte ni siquiera cuenta con pensión. La dura ley de la jungla

Hacerse viejo en una sociedad pobre

Imagínese que, en este año, usted cumple 65 años. Que es la edad formal de jubilación, de acuerdo con la Ley del Seguro Social que regula todos los sistemas de seguridad y asistencia social –incluido el 70 y más. Significa que se incorpora al mercado de trabajo en 1970 cuando cumple 18 años, ya que nació a principios de la década de los cincuenta.

En la década de los setenta la economía de Tlaxcala es eminentemente rural. Lo que apunta que la mayor parte de la población se encuentra ligada al campo, cuando menos el 70 por ciento. Suponiendo que haya sido comunero, ejidatario o pequeño propietario, es seguro que mantiene una propiedad que apenas le da para el autoconsumo.

Ello significa que de las casi 100 mil personas mayores de 60 años que viven en la entidad, no más allá de un 30 por ciento recibe una pensión del Seguro Social o del ISSSTE, si es que laboraron en una empresa o alcanzaron a convertirse en oficinistas, maestros, médicos, enfermeras, etc.

En razón de que el promedio de ingresos en Tlaxcala ha sido de dos salarios mínimos, la percepción de los pensionados y jubilados estaría entre los 3 mil y 5 mil pesos mensuales. Quienes no tuvieron esa fortuna, lo más seguro es que sean cobijados por el programa de 70 y más con lo que reciben alrededor de 700 pesos mensuales y el Seguro Popular.

A pesar del INAPAM, no existe una política integral de atención a los viejos

Con los datos anteriores podríamos ubicar tres grupos de adultos mayores: el primero que se encuentra en el campo y se mantiene activo hasta el último momento de su vida. La razón es que el campo no permite ahorrar. Por tanto, una parte de sus cuidados está depositada en las nueras de los xocoyotes.

Un segundo grupo es de pensionados y jubilados que lo más seguro es que vivan con alguna hija. Ella se dedica a sus cuidados, sobre todo de quienes han quedado viudos o viudas. El tercer grupo de los viejos son aquellos que, no gozando de pensión, ni propiedad –y aun en muchos casos con ello– se dedican a trabajar en el comercio informal para pasar el día a día. En razón de que consideran que sus hijos se encuentran con la misma condición de sobrevivencia, buscan no convertirse en una carga.

Si en 2010 los mayores son 100 mil, seguirán creciendo y hacia 2030, según proyecciones del Consejo Nacional de Población, cuando menos 10 de cada 100 habitantes serán mayores de 65 años. Lo que determina que alguien tendrá que hacerse responsable de su cuidado.

Hasta ahora no existe una política integral de atención a los adultos mayores, aunque se lanzó la propuesta de un sistema de seguridad universal. Lo cierto es que no existe más que el Inapam con algunos programas recreativos. 70 y más con el apoyo financiero. Y los privilegiados del IMSS e ISSSTE que cuentan con casas de día.

La existencia de los viejos no se resuelve con buenos deseos

Por cuestiones culturales, se considera que los “asilos” son para los viejos pobres sin familia. Habría que ir pensando si una familia con dos hijos y estos han migrado podrán hacerse cargo de los padres cuando sean viejos o más simple, si en las casas de interés social, es posible incorporar a los viejos para su cuidado.

Podría pensarse que el tema es un asunto de afecto, cariño y sus consecuentes antónimos odio, hostilidad, aversión, desapego. No es así. Simplemente que hasta ahora nadie ha definido una política de atención a los adultos mayores, porque contra lo imaginado, la mayor parte de los viejos se moría. El problema ahora es que cada vez nacen menos niños y los viejos sobreviven más años.

La relación entre abuelos y nietos se invierte, hasta hace algunos años, un abuelo tenía muchos nietos, en razón de que sobrevivían pocos de ellos, ahora habrá muchos abuelos para pocos nietos, en función de que las mujeres tienen menos hijos y una parte importante de ellas tiene que migrar por razones de estudios, trabajo o relación afectiva.

La dura ley de la jungla. ¿Qué vamos hacer con los viejos?

Una forma de imaginar qué puede ocurrir con los viejos, es mirar al mundo desarrollado. En el libro Intentos de sacarle algo a la vida. El diario de Hendrik Groen, de 83 años y cuarto (Roca editorial, México, 2016), se muestra el deterioro que sufre el cuerpo y cómo la ciencia prolonga la vida. Por qué “El suicidio asistido” se convierte en un acto voluntario, respetable y respetado.

“Sábado 2 de febrero. Desde un punto de vista biológico una persona deja de ser necesaria a partir de los cuarenta años más o menos, porque para entonces los hijos ya son mayores y no necesitan a sus padres. A partir de ese momento el declive va instalándose paulatinamente en forma de calvicie y gafas de lectura. También a nivel celular la cosa empieza a ir cuesta abajo… El metabolismo más lento produce neuronas más flojas, así que la cabeza va de mal en peor”.

Todavía no saben mucho pero hay una cosa clara: Use it or lose it. O lo usas o lo pierdes. Hay que mantener el cuerpo y la mente activos, sobre todo la corteza prefrontal, la parte del cerebro que regula funciones como la planificación, la toma de iniciativas y la flexibilidad. Bueno, podemos afirmar que la dirección de este tinglado no siente mucha afinidad por la corteza prefrontal. Se ahorran gastos y esfuerzo logrando que los mayores sean sumisos, pasivos y desganados y lo camuflan con bingo, club de villar y sesiones de “movida para mayores” (p.47).

“Es un día duro: me crujen todas las junturas del cuerpo. No hay forma de parar el declive. Como mucho de vez en cuando tienes días en que te molesta menos esto o lo otro, pero lo de encontrarte bien del todo se acabó” (p.13).