Martes, octubre 19, 2021

La diversificación de la cosificación del cuerpo de las mujeres

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La situación de contingencia sanitaria en el país y a nivel mundial por el Covid–19 ha representado la modificación en los estilos de vida de muchísimas personas, al tener que permanecer en casa para evitar la propagación del virus. Sin embargo, sabemos que en nuestro país no todas las personas tienen la posibilidad de acatar esta orden al 100 por ciento, ya que necesitan salir para trabajar y cubrir los gastos suficientes para poder vivir al día o por otras circunstancias que están ligadas a las condiciones de vulnerabilidad, no solo económica sino también social, que no tienen la opción de elegir quedarse en casa.

Lo anterior es con el propósito de compartir una reflexión y un llamado para todas las personas a poder mirar las distintas realidades en que se manifiestan las desigualdades sociales y particularmente las que viven el sector de las mujeres, nombrarlas y hacer el esfuerzo para dejar de reproducirlas.

A inicios de este mes comenzó a circular una propaganda, en redes sociales y medios digitales, sobre un centro nocturno para hombres que ofrecía servicios de table dance a domicilio, debido a la contingencia sanitaria, luego de que las autoridades del estado hicieran el llamado a que todos los establecimientos de diversos servicios, incluidos los bares, antros y centros nocturnos, cerraran para evitar la concentración de personas y los contagios.

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Hasta la fecha son dos medios de comunicación que de manera digital han compartido dentro de sus contenidos dicha propaganda que especifica los distintos “paquetes” con sus precios e imágenes de mujeres semidesnudas.

Con esto vemos, por un lado, cómo es que un centro nocturno es considerado un establecimiento comercial como cualquier otro, como un restaurante, por ejemplo, que ante la crisis de salud emplea la estrategia de ofrecer sus productos a sus clientes hasta su domicilio, como una manera de responsabilidad social ante la contingencia. Una nota de un medio digital comienza diciendo: “Promoviendo el #QuédateEnCasa el club nocturno ofrece paquetes desde…”, es decir, parece verse y leerse como algo normalizado, que este negocio “como cualquier otro” haga lo mismo, ofrecer sus servicios y/o productos, bajo la línea de la responsabilidad en pro de las medidas preventivas, pero en este caso el servicio y producto son mujeres, son personas. Y, por otro lado, podemos mirar ante este hecho cómo opera la lógica patriarcal y capitalista: hombre–dueño, hombre–jefe, hombre–“empleador”, hombre–empresario, hombre–comprador,  mujer– “empleada”, mujer–subordinada, mujer–producto, mujer–objeto, hasta mujer–desecho con tiempo de caducidad.

Por tanto, notas como éstas es el reflejo de la cultura misógina y machista que ha normalizado y justificado el consumo de cuerpos de mujeres (para acciones como la prostitución y la trata con fines de explotación sexual) bajo la idea de “libertad sexual” (convenientemente para muchos hombres) de que las mujeres lo hacen por voluntad propia. Y es que en realidad este es el mensaje que intenta justificar las distintas condiciones de vulnerabilidad familiar, económica y social que viven muchas mujeres para que la sociedad y ellas mismas consideren que su cuerpo y sexualidad sea una forma de sobrevivir o que sea la única opción para poder alcanzar una situación económica que de otra manera sería complicado o casi imposible hacerlo.

Asimismo, vemos cómo el sistema social, cultural, político y económico (el patriarcado) y el machismo se manifiesta directamente en las actitudes concretas de muchos hombres que reaccionan ante esta nota con comentarios, ya sea en broma o en serio, sobre el interés de solicitar dichos “servicios a domicilio”. Esto es muy preocupante, porque tanto el medio digital como la red social que anuncia la nota son una muestra de la colusión masculina que sostiene y promueve lo que el antropólogo social, Óscar Montiel, llama el sistema proxeneta, y específicamente uno de sus componentes, el prostituyente (el consumidor), es decir, cuando se habla de prostitución y trata con fines de exploración sexual, la figura menos abordada es la del consumidor, que puede ser cualquier hombre que ha aprendido, desde un esquema limitado y erróneo, a socializarse desde una sexualidad que vuelve objeto el cuerpo femenino que puede pagar como lo hace con cualquier otro artículo o producto de mercado, sin importar otra cosa más que su mera satisfacción.

Esto denota una vez más cómo es que las mujeres siguen siendo las que, en muchos escenarios de crisis, ya sea económica, político–militar, ante desastres naturales, ahora de salud, son expuestas de manera directa o indirecta a sus riesgos y estragos. En este caso son ellas, las mujeres que al ir a “dar los servicios” están en riesgo no solo de contagio y ser portadoras del Covid–19 , sino de ser víctimas de otras violencias. En otros casos, la contingencia ha puesto de manifiesto la incapacidad de muchos hombres de poder convivir mayor tiempo en casa y no saber responder de otra manera ante situaciones de tensión, más que con violencia hacia sus parejas, hijas e hijos, volviéndose así un potencial riesgo para muchas mujeres, niñas y adolescentes de sufrir violencia feminicida, como el lamentable caso de Ana Paola en Sonora.

Es importante hacer un llamado a la responsabilidad de los medios de comunicación para no reforzar los mandatos sociales machistas que fomentan la cosificación del cuerpo de las mujeres y su consumo, que justifican así la violencia sexual hacia ellas y sus distintas expresiones incluida la prostitución y la trata con fines de explotación sexual.

Así como es necesaria la modificación del estilo de vida ante la contingencia del Covid–19, también es necesaria la modificación de creencias en muchos hombres de romper con la idea de que los cuerpos y la sexualidad de las mujeres, cualquier mujer (pareja, amiga, compañera de escuela o trabajo, familiar o desconocida) nos pertenece y que podemos invadirlas en cualquier momento y de cualquier manera, pues esto es violencia sexual, aunque te cueste reconocerlo. Necesitamos aprender y reaprender otras formas de vivir nuestra sexualidad de manera integral (que se puede), que fomente un placer completo, responsable y respetuoso que genere un bienestar personal, en mis relaciones y de manera social.

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