La descalificación como mecanismo de control patriarcal

Los estragos de la violencia hacia las mujeres los padecemos todas y todos, exigimos justicia para todas las víctimas

Uno de los mecanismos que utiliza el poder machista para sostener sus privilegios es la descalificación de las mujeres, por ello socialmente se instalan y promueven discursos en los que se descalifica y culpabiliza a las mujeres: debido a la forma en que se visten, porque “han perdido valores”, señalando “que ya no se dan a respetar”, que no se cuidan pues andan por las noches solas y que deberían quedarse en sus casas para ya no provocar a los hombres y colocarse en riesgo. La realidad es que estas expresiones lo que hacen es invisibilizar la responsabilidad y violencia masculina.

El Banco Nacional de Datos e Información sobre casos de Violencia contra las Mujeres (Banavim) informó que el 81.4 por ciento de los casos de violencia hacia las mujeres ha sido ejercido por un hombre.

La violencia que ejercen parejas, esposos, ex novios o ex esposos contra las mujeres en México es “severa y muy severa” en 64.0 por ciento de los casos, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2016.


Queda claro que la mayor violencia la ejercemos los hombres sobre las mujeres; sin embargo, cuando se habla de violencia un argumento común que los hombres suelen repetir “pero las mujeres también son violentas”, con lo cual intentamos invisibilizar que la mayor violencia hacia las mujeres la cometemos los hombres.

Son muchos los hombres de todos los sectores sociales que intimidan, descalifican, presionan sexualmente, insultan, desprecian o intentan controlar la libertad y el dinero de las mujeres.

En el caso de la explotación sexual esta descalificación y culpabilización de las víctimas se expresa con comentarios como: están porque les gusta, ellas les piden a los hombres que se las lleven (para ser explotadas sexualmente), si fueran víctimas ya se hubieran escapado, no hago ni un mal asistiendo a bares o tables, al contrario soy generoso porque con mi dinero contribuyó para que se mantengan ellas y sus familias. Estos comentarios minimizan el hecho de que la conducta de los hombres genera un mercado de mujeres que no están por decisión propia y que incluso son menores de edad.

Un estudio realizado por investigadores del departamento de Derecho Internacional Público, Penal y Procesal de la Universidad de Cádiz y de los departamentos de Psicología y Antropología de la Universidad de Extremadura, mencionan que entre las respuestas que ofrecen los agresores para justificar su violencia están las siguientes: culpar a la víctima,  “los agresores indican que sus acciones fueron fruto de mentiras, exageraciones, características o conductas de la mujer”; la defensa propia, “en la que se exculpa su conducta por una agresión previa”; falta de conciencia plena debido al uso de bebidas alcohólicas y drogas; los problemas personales o la propia forma de ser. El estudio también indica que los agresores minimizan los hechos restándoles importancia, “bien porque aceptan la violencia como forma natural de resolución de conflictos, bien porque consideran que su conducta no fue tan grave como la ley estima”.

Desarticular la descalificación como mecanismo de control patriarcal implica al menos el impulso de las siguientes medidas: 1. Que la sociedad en su conjunto deje de justificar la violencia masculina; 2. Que el gobierno impulse políticas públicas que favorezcan la construcción de otra masculinidad no violenta y; 3. A los hombres nos presenta el reto de articularnos a espacios de reeducación donde tomemos conciencia de la violencia que ejercemos y transformemos nuestras acciones hacia el buen trato y respeto. En tanto no construyamos una cultura que deje de justificar la violencia hacia las mujeres, los hombres seguiremos siendo responsables de hechos como el feminicidio, la explotación sexual y la desaparición.