Cuando hablamos de inclusión, uno de los elementos más importantes es reconocer la Lengua de Señas Mexicana (LSM) como lo que realmente es: una lengua completa, natural y con su propia gramática, no un “código” ni una traducción palabra por palabra del español.
Muchas veces se piensa que la LSM consiste en “hacer señas” de cada palabra, pero esa es una idea equivocada. En realidad, la lengua de señas funciona a través del contexto: una seña puede tener diferentes significados dependiendo de cómo se acompañe con la expresión facial, corporal y la situación en la que se utiliza. Es decir, no se trata de decir “seña por seña”, sino de transmitir un mensaje con naturalidad y sentido dentro de la conversación.
Además, la LSM refleja la identidad y la cultura de la comunidad sorda mexicana, quienes han creado, enriquecido y transmitido esta lengua de generación en generación. Así como el español tiene variantes regionales, la LSM también cuenta con particularidades según los lugares y las comunidades.
Reconocer la LSM como una lengua legítima es fundamental porque les da a las personas sordas el derecho a comunicarse en igualdad de condiciones, a expresarse y participar plenamente en la sociedad. No se trata solo de un medio de comunicación, sino de un elemento central de identidad y pertenencia.
Para la próxima entrega, quiero responder una de las preguntas que más escucho de las personas oyentes: ¿Por qué algunas personas sordas pueden hablar en lenguaje oral y otras no?
Este tema nos ayudará a comprender mejor la diversidad dentro de la comunidad sorda y a seguir derribando mitos sobre nuestra forma de comunicarnos
*Docente de la Facultad de Ciencias para el Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.


