Viernes, marzo 1, 2024

La carrera espacial

Hace unos días compartí en este espacio algunos apuntes sobre el malhadado destino de la misión Peregrine, la primera financiada con capital privado y cuyo destino era… (aquí una pausa dramática, como dice Gru, el protagonista de Mi villano favorito) la Luna. En su interior, la Peregrine llevaba a cinco micro robots, que formaban parte del proyecto Colmena, una iniciativa pionera de la Universidad Nacional, con la que México se sumaría a la carrera espacial.


Sin embargo, los avatares de la exploración del espacio impidieron coronar con éxito esta misión. Unas siete horas después del despegue desde Cabo Cañaveral, efectuado el 8 de enero pasado, se confirmó que había problemas en el módulo. Astrobotic, la empresa propietaria de Peregrine, anunció que había perdido el control de la nave. Iba a ser imposible el alunizaje, el primero en más de 50 años por parte de un artefacto de Estados Unidos. Ni modo. Así pasa cuando sucede (con el perdón de quien le puso así en español a la película de Woody Allen).

En medio de la catástrofe, brilló una buena noticia. Una semana más tarde del despegue, Colmena pudo activarse y hacer mediciones. Algo se había rescatado. El alunizaje, previsto para el 23 de febrero, quedaba descartado, pero al menos se pudieron recabar datos, que ayudarían a las siguientes fases de Colmena.

El líder el proyecto es Gustavo Medina Tanco, con quien pude conversar días atrás. Resulta difícil no contagiarse del entusiasmo visionario de este investigador, quien tiene a su cargo el Laboratorio de Instrumentación Espacial, conocido como LINX y que forma parte del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM.

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Hace un par de años tuve la oportunidad de entrevistar a Medina Tanco, quien compara la nueva fase de la carrera espacial, con el periodo de exploración europea que detonó a finales del siglo XIV, y que llevó a navegantes castellanos, portugueses, italianos, holandeses e ingleses a recorrer el globo.

En aquella entrevista, el investigador de la UNAM me explicó que la Luna forma parte de una fase en la ruta de nuestra especie para colonizar otros mundos. En el camino, se desarrollarán y probarán nuevas tecnologías y se aprovecharán los recursos disponibles en la Luna, como las llamadas tierras raras, para cimentar futuras misiones.

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Otro investigador universitario, Alejandro Farah (quien en su momento fue director del Programa Espacial Universitario, también de la UNAM), me había dado detalles sobre el proyecto Artemisa, gestionado por Estados Unidos para poner en la superficie lunar a la primera mujer astronauta y al primer astronauta afroamericano. Se tenía previsto que esa misión se concretara en 2026, aunque la NASA ha retrasado un año ese objetivo.

De vuelta con Colmena y Gustavo Medina, hay que resaltar los alcances del proyecto, desarrollado con pocos recursos económicos, pero que ha permitido diseñar dispositivos (en este caso cinco micro robots, entre otras máquinas) y, sobre todo, formar a una legión de jóvenes (en total, más de 250) involucrados en diferentes áreas de trabajo.

El Proyecto Colmena forma parte de una nueva estrategia para incorporarse a la carrera espacial. Medina Tanco ve dos caminos para subirse a la nave: o tienes mucho dinero (situación en la que no entra México) o implementas tecnologías novedosas de bajo costo. Y ahí es donde se ha acomodado esta iniciativa de la UNAM, que por extensión abarca a México.

De esta manera, se abren oportunidades para jóvenes, pequeñas y medianas empresas y por supuesto para la Academia de participar en este competidísimo sector.


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