La caducidad de los grandes relatos

Algunos, muchos de los otrora miembros de la derecha, se han inconformado, arengado contra el triunfo de Obrador; mientras que algunos, muchos miembros de la izquierda política mexicana, se han conformado por ese triunfo, el cual, es importante decir, les es ajeno. Esos miembros de la izquierda, aunque se adhirieron tardíamente al proyecto de Morena, han sostenido, temerariamente, que dicho triunfo es de las izquierdas mexicanas, así, en plural.

El triunfo de Obrador es el triunfo de un individuo que fue y ha sido un disidente del priismo más obtuso. Un disidente que durante años logró construir una narrativa, un gran relato a contrapelo de los proyectos neoliberales de nación que se tejieron en la década de los ochenta, ese proyecto que la última generación priista comandada por los tecnócratas o tlatoani boys emprendió de la mano de Salinas de Gortari.

Obrador, desde el centro del espectro político, construyó una narrativa popular, una narrativa populista en un escenario adverso, en un escenario en el cual el populismo dejaba de ser costeable como sistema económico y político para los vecinos norteamericanos y para la clase política y empresarial mexicana. En un contexto en el que el adelgazamiento o desregulación del Estado era una prioridad para el crecimiento económico, el cual llegaría con la intervención directa de la iniciativa privada y el mercado global. El disidente Obrador reinició solitario y a contrapelo su carrera política, en la lógica inversa al proyecto neoliberal, en los subsuelos más recónditos del país. La clase política no daría marcha atrás, eso quedó claro, el asesinato de Colosio fue el colofón.


El disidente logró, en términos de Ernesto Laclau y Chantal Moufe, construir una hegemonía, lograr el consenso de la sociedad, construir cadenas equivalenciales en las que el centro fue y sigue siendo los pobres. Este mensaje logró generar sentido en la población, simpatías y adhesiones. Cual apóstol sumó en su largo peregrinar múltiples súbditos, que veían en la agenda pobrista una posibilidad de proyección política.

La pobreza, los adultos mayores, los vulnerables, los jóvenes, la política social ampliada, el regreso del Estado fuerte, renovado moralmente, que lucha contra la corrupción, que regula y distribuye la riqueza, el Estado paternalista y proveedor fue durante años duramente criticado en la era neoliberal, no porque fuera de izquierda, sino porque fue un régimen económico y político que México tuvo durante más de tres décadas, y los resultados, en cuanto al costo social –amén de milagro mexicano o desarrollo estabilizador–, fueron elevados.

El populismo era inservible para la nueva democracia, no porque fuera realmente de izquierda, sino porque estaba contra el pujante empresariado y sus intereses particulares, el discurso que legitimó el abandono del populismo consistió en que éste era antidemocrático, pues en realidad la sociedad tenía un Estado represor que suprimía las libertades sociales, fomentaba el corporativismo o clientelismo político, etcétera. No se requería más colectividad en México, la era de las masas había fenecido, se requería una mayor individualidad institucional.

El disidente Obrador logró sortear el peso político del Estado, logró mantener su narrativa, su gran relato, mientras que el sistema político mexicano se consumió a sí mismo, balcanizó la credibilidad, la confianza y aniquiló la certeza y esperanza de una nación entera.

El apocalipsis neoliberal arrasó todo a su paso, hundió las instituciones, los partidos políticos y la colectividad. Uno de los resultados es que los partidos políticos están deteriorados en credibilidad y representatividad, ni la derecha ni la izquierda figuran como oposición política real. Ambas corrientes ideológicas están soterradas, perdidas u ocultas en los sótanos de la política.

La ausencia de estos actores, como oposición o contrapeso, es grave en la medida que no se propone otro escenario, otro proyecto de nación alterno al planteado por Obrador. Esto es sumamente riesgoso en la medida que, al gran relato de Obrador o Morena le llegue su fecha de caducidad.

Cuando el gran relato de la Cuarta Transformación sucumba, dónde estarán los partidos políticos y organizaciones de izquierda, así como las organizaciones sociales y políticas de la derecha.

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