Hombres, los principales responsables de la trata de mujeres y niñas (I de II)

6388 “V Jornada de prevención de la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual en Tlaxcala

Desde el Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local A.C., en el marco del Día Mundial contra la Trata de Personas, realizamos la “V Jornada de prevención de la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual en Tlaxcala”, un componente fundamental de esta jornada ha sido la visibilización de la responsabilidad de los hombres en esta problemática.

Remo Moretta, embajador de Australia en México, como parte de su saludo en el conversatorio “Las escuelas como espacio potencial para contribuir en la prevención de la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual”, citando al “Informe Mundial de 2018 sobre la Trata de Personas” (UNODC), señaló que el 72 por ciento de las víctimas en el mundo son del género femenino, cuando se analiza a las personas que son tratantes las cifras por género se modifican, pues 63 por ciento son hombres. Por su parte, Alejandra Méndez, directora del Centro Fray Julián Garcés, mencionó que, de acuerdo con la Contraloría del Poder Judicial de Tlaxcala, se sabe de 15 personas sentenciadas, entre 2011 y mayo de 2019, 12 fueron hombres (80 por ciento) y tres mujeres (20 por ciento). Queda claro que en las redes de trata, los hombres son quienes principalmente las componen.

En una lógica de mercado, como opera la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, también son los hombres quienes integran el grueso de los consumidores–prostituyentes. Emilio Maus, en el foro “Experiencias educativas en la prevención de la violencia y la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual”, hizo aportaciones sumamente interesantes para comprender cómo la pornografía contribuye a la demanda de servicios sexuales, y ésta a la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual. En la pornografía, a las mujeres se les cosifica, lo cual implica ya una violencia; además, las coloca como productos consumibles. Una pregunta planteada por Maus, que deberíamos hacernos todos los hombres es: ¿La pornografía es un asunto privado con la que no se daña a nadie? Ello no es tan cierto, debido a que en la industria de la pornografía existe mucha violencia sistemática, en la que se abusa de condiciones de vulnerabilidad de las mujeres o se vicia su consentimiento, como también ocurre en la trata de mujeres, pero estas condiciones de violencia no son importantes para el consumidor–prostituyente. La pornografía sirve como una pedagogía de la indolencia y del ejercicio de la sexualidad violenta, pues los hombres querrán reproducir eso que ven en la pornografía con las mujeres prostituidas, donde en primer plano no se pone el consenso y el bien mutuo, sino el placer unilateral de quien paga.


Aunque los estudios estadísticos sobre el cliente consumidor son escasos, nos puede dar idea de sus concepciones sobre la pornografía, la prostitución y la trata. Emilio Maus compartió que en un estudio realizado en España, 34.8 por ciento de los hombres consideró que la prostitución no es una forma de violencia y 86.4 por ciento se mostró a favor de regularla como una actividad económica más. Contrariamente, 72.8 por ciento opinó que si una mujer se prostituye es porque de algún modo la obligan a través de la fuerza o amenazas. ¿Puede o no un hombre tener la certeza de que una mujer no está manipulada, obligada o forzada para estar en estás condiciones? Los estudios hasta hoy existentes muestran que no, pero utiliza una serie de colusiones patriarcales, códigos y creencias con las que valida su actitud, por poner un ejemplo las ideas de “con mi dinero resuelve sus necesidades” o “se nota que le gusta este ambiente”, entre otras.

Es claro que hay una profunda conexión entre masculinidad patriarcal, pornografía y trata, lo cual nos plantea a los hombres el reto de impulsar prácticas masculinas que transformen el machismo, entre ellas: 1. Revisar nuestras prácticas que consciente o inconscientemente validan la explotación sexual; 2. No premiar las actitudes de quien es consumidor–prostituyente; y 3. Denunciar las conductas masculinas indolentes que generan el mercado de explotación sexual de mujeres.