Estatuas y monumentos

Las estatuas y monumentos en los espacios públicos de las ciudades son, entre otras cosas, un reconocimiento histórico y simbólico del pasado de la población que habita ese espacio. Un reconocerse en esa historia política y social que ha sido monumentalizada para formar una memoria colectiva sobre el pasado, generar una identidad para el presente y asegurar la cohesión social para el futuro.

Es completamente normal encontrar en las ciudades del país múltiples estatuas, México es un país con una historia de bronce prolija y polifacética. Casi todo el pasado esta monumentalizado, el pasado mexicano en cada una de sus fases está representado por estatuas y monumentos apostados en plazas chicas, plazas grandes, avenidas, glorietas o esquinas concurridas.

En todos los estados de la República es común encontrar estatuas de figuras importantes en el mundo de la política, el arte, la ciencia, religión, tanto de personajes nacionales como locales. En ese repertorio podemos encontrar desde rotondas de hombres ilustres hasta panteones con cenotafios de las personalidades más reputadas de la historia. La tarea consiste en monumentalizar las memorias del futuro. Las estatuas y los monumentos son, a grandes rasgos, elementos importantes de una historia política y social, tanto nacional como estatal.


Cada estatua o monumento tiene su pretexto, contexto y puede ser leída como texto de una época. Las estatuas y los monumentos son una de las tantas temáticas abandonadas por la academia, las ciencias sociales y humanas en el estado de Tlaxcala, principalmente, las apostadas en la ciudad de Tlaxcala.

A ojo de buen cubero, el foráneo puede percatarse que las efigies de las y los héroes nacionales que abundad en los espacios públicos en cada uno de los rincones de la República, en esta ciudad son algo anómalo, pocas estatuas, monumentos o memoriales que sobre las y los héroes tradicionales de nuestra historia patria son realmente escasos.

Si no se camina a las afueras del Congreso del estado y su plaza adyacente, es difícil encontrar otra estatua de Benito Juárez, no se ve una sola estatua de las y los héroes de la Independencia, a decir Miguel Hidalgo, Josefa Ortiz de Domínguez, Ignacio Allende, José María Morelos y Pavón, Aldama, Abasolo, Mariano Matamoros e incluso Guadalupe Victoria.

En la vía pública es nula la presencia estatuaria de héroes liberales de la guerra de Reforma  como Melchor Ocampo, Valentín Gómez Farías, Juan Álvarez o Lerdo de Tejada. La misma suerte alcanzó a algunos conservadores como Zoluaga,  González Ortega o el propio Lucas Alamán.

Miguel Hidalgo o Josefa Ortiz de Domínguez son algunas figuras destacadas de nuestra historia que también están ausentes, únicamente algunos bustos de estos héroes han sido apostados en las Escalinatas de los Héroes que nos Dieron Patria. Borrados de la monumentalidad los héroes locales de la independencia: Juan Cortés, Antonio Arroyo o Vicente Gómez.

Otros ausentes son los personajes de la Revolución Mexicana, Francisco I. Madero, Álvaro Obregón, Francisco Villa, Tlaxcala tiene un distanciamiento histórico y memorial con el movimiento revolucionario, Incluso, son inexistentes las figuras de caudillos locales como Máximo Rojas y sus “Leales de Tlaxcala”, Ángel Zárate como miembro destacado de “Los Hijos Libres de Chiautempan” o Cirilo Arenas.

El pasado como narrativa que da orden y cohesión sigue siendo ambiguo para Tlaxcala, es notorio ante la ausencia de estatuas y monumentalidad, los grandes sucesos como la Independencia, la guerra de Reforma e incluso la Revolución Mexicana, tal parece poco tienen que decir a la población, son nulos en la narrativa histórica local y para su pedagogía histórica a través de las estatuas y monumentos. Poco han influido los hechos pasados en el desarrollo local, tal parece que no hay narrativa que dote de significado y sea digna de recordar para la población de la ciudad.

Contrariamente, la estatuaria y monumentalidad en Tlaxcala capital está representada por dos actores históricos que son transcendentes en la región, sobre todo porque se ha configurado a través de ellos un ideario de resistencia, valentía y arrojo: Xicoténcatl Axayacatzin y Tlahuicole.

Sintomático es que Xicoténcatl Axayacatzin ocupe el espacio central de una plaza principal en la capital, un guerrero que se opuso férreamente a la incursión de Hernán Cortés en la región. Un héroe que perteneció al mundo de los vencidos, a pesar de ser indómito, indomable, rebelde e invencible, aunque es sabido por múltiples narrativas históricas, fue ultimado por traicionar la alianza tlaxcalteca y española. Xicoténcatl es la representación histórica, la permanencia de una memoria en sí misma contradictoria de la experiencia tlaxcalteca con el encuentro y sumisión que tuvieron para con los militares españoles en su empresa de la Conquista. La estatua de Xicoténcatl evidencia la memoria de un pueblo que lo puso 300 años como traidor y, paralelamente, lo ha sostenido otros 200 años como héroe.

Semejante es el caso de Tlahuicole, el de la fuerza indomable Tlahuicole. Héroe nato de la Guerra Floridas contra el imperio mexica. Hombre de gran valor y fuerza que después de haber sido hecho prisionero apoyó a los mexicas en la invasión al pueblo purépecha, y al negarse a tener la libertad otorgada por Moctezuma, y negarse a regresar a Tlaxcala para no ser considerado un traidor, pidió se le diera muerte. Su muerte fue preparada con gran pompa festiva y posteriormente atado para morir luchando. Con una sola mano enfrentó a guerreros mexicas, con gran arrojó resistió los embates hasta que finalmente murió.

Tlahuicole y Xicoténcatl son figuras centrales en la memoria del ser tlaxcalteca, el himno estatal les venera en la siguiente estrofa: “Hoy las armas que esgrimen nuestra lucha son las armas de paz y de amistad del esfuerzo fecundo que florece en el logro de pan con dignidad. Y el arrojo del joven Xicoténcatl y la fuera indomable en Tlahuicole, ¡son la herencia que alienta nuestra raza, nuestro heroico afán de libertad!

La pedagogía histórica y las iniciativas memorísticas de Tlaxcala a través de sus estatuas y monumentalidad es clara, predomina la exclusión de la modernidad social, política y sus héroes, su centralidad es el orbe indígena y, particularmente, el ambiguo encuentro con el mundo hispano, el cual pretende ser colocado como ríspido, como un encuentro que creó tensiones, y que a pesar del mito de la traición, se pondera y monumentaliza una narrativa y una memoria de Tlaxcala como pueblo de guerreros, luchadores que resisten y son invencibles.

A esta narrativa se ha sumado el reciente monumento a los Niños Mártires –Cristóbal, Antonio y Juan– de Tlaxcala en el espacio donde estaba el monumento a la familia tlaxcalteca. Es sintomático que el gobernador de Tlaxcala, al inaugurar la obra, señalara que los Niños Mártires forman parte de la identidad, que esos pequeñitos deben ser motivo de unidad e identidad de los tlaxcaltecas. Para no variar, el mensaje histórico al pueblo tlaxcalteca, es que los niños fueron unos prematuros guerreros, puesto defender su fe en la iglesia católica a consta de su vida.

La alcaldesa capitalina sostuvo que esos niños son un testimonio de fe que ha sido recordado por más de 500 años y su espíritu prevalece en muchas familias, por lo que era necesario rendirles tributo con esta escultura en honor a su memoria, a su fe, inocencia, valor y a su fuerza.

Cuál es el pretexto o el contexto de un monumento dedicado a los Niños Mártires, cómo puede ser leído como texto, se debe interpretar que hay un empeño por decirle al visitante que la única historia que importa a la región es aquella que lo define como un pueblo  guerrero, un pueblo que resiste y que al final siempre sale vencedor. ¿Esa será la narrativa deseada a través de las estatuas y la monumentalidad?

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