Martes, agosto 16, 2022
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El triunfo del olvido

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Una isla en cualquier lugar del mundo puede ser un espacio propicio para que las desapariciones y las ausencias sean una constante, para que todos y todo desaparezca de una manera súbita.

En esa isla todos y todo se esfuma de manera aleatoria: perfumes, piedras, aves, fotografías, flores, oficios, profesiones, personas, sitios, instituciones y hasta edificios, de un plumazo son borrados de la realidad. La memoria juega un papel fundamental en esa isla, de eso depende la subsistencia del sistema social y político. Aunque no como lo podamos creer, la memoria no es en esa isla un derecho natural de los habitantes, está prohibido su desarrollo y práctica. El objetivo de los que detentan el poder en esa isla es que la memoria se pierda, que nadie recuerde lo que es y significa recordar.

Los recuerdos están prohibidos, cualquier tipo de recuerdo. Nadie debe recordar lo ya desaparecido, lo que el sistema eligió desaparecer. El olvido es la máxima de ese orden, recordar, tener memoria es un acto criminal, que hace, a cualquier persona que la practique susceptible a ser desaparecido. Recordar convierte a los sujetos en un ser sospechoso, un insurrecto del sistema y sus reglas.

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Aquel que guarde objetos, fotografías, pinturas, plantas, flores, obras de arte, piedras, joyas, perfumes, hilo, botones, vestidos, prendedores, peinetas o cajitas musicales y se empeñe en recordar el pasado a través de esos objetos, será desaparecido. De igual forma, toda persona que clandestinamente encubra u oculte a un sujeto con memoria, será condenada a la borradura. A todas las personas se les debe obligar al olvido, a no aferrarse a algo o a alguien que puede desaparecer en cualquier momento o puede ser desaparecido.

La política de la borradura en esa isla tiene un objetivo, controlar a la población, no sólo en términos políticos o sociales, sino también experienciales, emocionales. El cuidado de ese orden recae en un rígido aparato de Estado denominado la Policía del Pensamiento. A esta policía se le ha encomendado vigilar la capacidad de recuerdo que la población tenga, está en todos lados, opera de manera insospechada. La Policía del Pensamiento es un cuerpo homogéneo acostumbrado a vigilar, perseguir y desaparecer todo lo que debe ser olvidado.

En esa isla, una de las cosas más importantes que la Policía del Pensamiento desapareció fueron las aves, las rosas, los perfumes y a familias completas. Nunca nadie más supo dónde quedaron las aves, erradicaron de la isla el recuerdo del perfume, de los pétalos de rosas, sus espinas y familias enteras, porque se resistían a eliminar sus fotografías con aves y rosas. Su empeño por guardar frascos de perfume para recordar su olor costó la desaparición.

Grave fue también la desaparición de las bibliotecas y los libros, de los centros de estudio y de las máquinas de escribir. La palabra, las ideas, fueron arrojadas a las hogueras colocadas en la plaza pública por la Policía del Pensamiento. Las personas lloraban en silencio, para sus adentros, al tener que salir de sus casas con carretillas llenas de libros, las cuales ellos mismos arrojaban a las grandes fogatas. La Policía del Pensamiento analizaba los gestos y el actuar de las personas al aventar los libros al fuego, si alguno manifestaba tristeza, la policía acudía a su casa para revisar si no intentaron resguardar algún ejemplar. De cualquier forma, los siguientes días la Policía del Pensamiento irrumpiría en cada uno de los hogares de la isla para buscar libros que clandestinamente hubieran querido ser salvados.

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Obviamente, después de la quema de libros desaparecieron los novelistas, periodistas, investigadores, editores y todos aquellos que tuvieran que ver con el mundo de las letras y la producción literaria o científica. Posteriormente, la Policía del Pensamiento trabajó de manera eficiente en la desaparición del lenguaje, de ese lenguaje que en un tiempo era conocido, creó otros significados y otros significantes a los pobladores de la isla. Aunque pareciera contradictorio, la Policía del Pensamiento hizo sentir a los pobladores de la isla como un pueblo sabio, el cual había podido despertar de su letargo y construido un mundo mejor, más próspero, pleno y feliz. Creó un pueblo consciente de que no era necesario recordar, tener memoria ni conexión o experiencia alguna con el pasado.

La Policía del Pensamiento logró consolidar en esa isla la utopía de los sistemas políticos que apuestan por la desaparición múltiple, aleatoria, así como por la borradura, la amnesia y el olvido. Programan y avalan las políticas de olvido.

Reconfortante resulta saber que esta isla es una ficción literaria que sólo existe en la cabeza de su creadora Yoko Owaga, escrita en la novela La Policía del Pensamiento y publicada por Tusquets Editores en este año 2021.

La Policía del Pensamiento tampoco existe, ni todo y todos desaparecen como acusa la novela. Aunque encontremos ciertos paralelismos entre nuestros presentes mexicano, solo es una ficción que bien vale la pena olvidar.

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