Lunes, agosto 15, 2022
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El show, el mito y el clientelismo

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Indefinidas formas han adquirido los ejercicios del poder en México, nuestra historia política es un entramado de compleja ingeniería que a pesar de los cambios o alternancias poco han variado. Las lecciones de la historia nos siguen dictando que nunca hemos estado tan lejos de nuestros pasados como lo creemos.

Sabemos que, desde tiempos políticos inmemoriales, ha nacido en México un iluso a cada minuto y que desde el año 2018 hemos llegado al límite de la superpoblación.

El tiempo en el ejercicio del poder es un elemento que siempre va en detrimento o a favor del gobernante, es como un sable de doble filo que se guarda siempre en la bolsa. El uso, abuso o desuso del tiempo tiene siempre consecuencias, ahí radica el arte de aprovechar el tiempo en ejercicio de la política.

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Buenos gobiernos, regulares, pésimos y deplorables hemos tenido. Hemos experimentado sistemas democráticos, antidemocráticos, regímenes presidenciales, populistas, semiautoritarios, neoliberales–tecnócratas, de centro, izquierda o derecha, pero resulta interesante que ninguno de esos gobiernos o regímenes ha colapsado, ninguno ha sido derrocado, la única vía de cambio o alternancia ha sido la legalidad. Definitivamente el ecosistema político mexicano fue diseñado para estar por encima de las pasiones, pulsiones e ideologías políticas.

Cada régimen o sistema que emergió desde los años 20 del siglo pasado ha alimentado ese ecosistema, lo ha conformado según sus intereses, objetivos, siembran meticulosamente su idea de gobierno e irrigan sus discursos, mitos, metáforas y fertilizan sus prácticas para que su poder prospere el tiempo que sea necesario.

El o los hacedores del actual gobierno han señalado que no se trata de una alternancia más, quizá inspirados en el materialismo histórico han asegurado que con su arribo se ha cerrado el ciclo de los cambios profundos.

Más es importante subrayar que ese mito fue oportuno ante el momento de crisis que padecía el ecosistema político mexicano, cuando el desgaste y la degradación de los paradigmas de verdad eran más que visibles. La melancolía, la canalización de la resistencia, el moribundo espíritu de izquierda institucional y la conciliación de la melancolía fungieron como un catalizador para generar una narrativa de esperanza y cohesión. Fue un sentir que ya en otros momentos de crisis en el ecosistema habíamos experimentado. Definitivamente, el triunfo también se debió a algo parecido a la desmemoria. Quizá el único factor siempre triunfante.

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Sea como sea, el ecosistema político hoy opera como debe operar para subsistir, sin cambios de fondo, sin sacudidas trepidantes, guardando el equilibrio con lo que tiene y se puede. No es mejor ni es peor, no es diferente, pero tampoco es igual o no idéntico a lo que ya hemos tenido antes como forma de gobierno o sistema político.

La peculiaridad de este gobierno está en sus detalles, hoy como ayer hay intereses prioritarios y objetivos claros. Este cambio ha sembrado meticulosamente su idea de gobierno e irrigado sus discursos, mitos y metáforas, ha fertilizado sus prácticas políticas para que florezcan el tiempo que deba ser necesario.

De entre los mitos fundacionales, discursos y metáforas de este gobierno destacan: la Cuarta Transformación; por el bien de todos, primero los pobres; la lucha contra la corrupción; el no mentir, no robar y no traicionar; la cartilla moral; la Guardia Nacional como discurso y acción; el antes era peor; la transformación va; el neoliberalismo es el verdadero y único culpable de nuestra tragedia; fueron los del PRIANPRD.

Como paradigma del desarrollo hay, al menos, tres prioridades: el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles; el Tren Maya; la Refinería dos Bocas, así como las becas a los jóvenes y la pensión a los adultos mayores. El clientelismo es el cimiento de la justicia para este gobierno. Visto así, tal como en el pasado, la conciencia, el olvido y el silencio está siendo nuevamente sufragado. Nada nuevo, el orden y la cohesión han sido cosificados como principio de justicia. Esos son los objetivos de acción prioritaria. Los mitos, las metáforas y las acciones de este gobierno son parsimoniosas, contundentes y avanzan.

Algo que ha caracterizado a este gobierno y es el ejercicio de la política como un show mediático llevada al extremo para ganar tiempo e invisibilizar lo otro, aquello que también es apremiante. El espectáculo político se ha convertido en una mercancía que se consume un día sí y el otro también, aunque la figura presidencial quede expuesta como un pregonero del programa de hablillas, dimes y diretes denominados “un acto de defensa” ante los embates de las oposiciones. Las mañaneras son el epicentro de ese anodino espectáculo diurno.

Las metáforas mejor trabajadas en ese espectáculo sobran, pero destacan: la mafia del poder; los conservadores; aspiracionistas, inmorales, fifís; comunicadores; huachicoleros y desestabilizadores. Han predominado también en ese espectáculo metafórico acciones como la rifa del avión presidencial, las rifas de casas, todo bajo la perfecta alegoría justiciera de “devolver al pueblo lo robado”.

En ese mismo espectáculo han entrado las enemistades o conflictos con múltiples países, por ejemplo, España, al solicitarle el perdón por el genocidio perpetrado durante el periodo de la conquista y, recientemente, al “poner en pausa las relaciones diplomáticas” con ese país; Estados Unidos es un nuevo enemigo, por entrometerse, ser injerencista y financiar a los grupos conservadores del país; destaca también Panamá, por no aceptar su propuesta de embajador de México a un individuo impresentable e indigno para ese país y; recientemente, también en el paquete opositor está Austria, por mostrar una negativa a prestar el pechano de Moctezuma, además que trató con arrogancia y prepotencia a la esposa del presidente.

El show mediático llevado al extremo ha permitido al gobierno ganar tiempo para invisibilizar lo otro de la realidad, aquello que también es apremiante y ha sido ignorado, no mencionado, por tanto, es algo inexistente en la agenda política.

Pero no sólo se ha gastado tiempo y energía en esas menudencias, en el epicentro del espectáculo, también el gobierno se ha enfrascado en disputar mediáticamente con instituciones, destacan: la UNAM, el INE, universidades privadas, universidades públicas, centros públicos de investigación, empresas periodísticas, comunicacionales y hasta con la DEA, cuando el gobierno se echó a cuestas el rescate del general Salvador Cienfuegos.

Muchas horas más se han desgastado en este gobierno, quizá las más, en “enfrentar” mediática más que política y legalmente a los enemigos hechos personaje, destacan: Emilio Lozoya, Claudio X. González, Ricardo Anaya, Carmen Aristegui, Enrique Krauze, Aguilar Camín, Denisse Dresser, Lorenzo Córdoba, Felipe Calderón, Rosario Robles, Pascal Beltrán del Río, Fernanda Familiar, Pedro Ferriz, Carlos Loret, Ricardo Alemán, Javier Lozano, Brozo, Ciro Gómez Leyva, León Krauze, Lily Tellez. Enrique Alfaro, Raúl Padilla, etc., etc. Sin duda, de este listado, muy pocos podrían ser rescatables a los ojos y alturas morales del momento.

Saque usted sus cuentas, tres años y dos meses son aproximadamente 27 mil 757 horas, cuántas de estas horas han sido gastadas en el show mediático–político. Cuánta energía y voluntad desgastada podría haber sido utilizada por el gobierno federal para escuchar, analizar y solucionar esa otra realidad que nos estalla y parece una ficción ante los mitos, objetivos, acciones y prioridades del gobierno.

Definitivamente, el ecosistema político mexicano fue diseñado para estar por encima de las pasiones, pulsiones e ideologías políticas y hoy como ayer, lo otro no es prioritario. Una vez más: show, mito y clientelismo como promesa de cambio.

Faltan aproximadamente 24 mil 837 horas para que este sexenio termine y es importante tomar en cuenta que faltan las reformas pendientes, los mediáticos enemigos personales, institucionales e internacionales que se sumen o asomen. Pero, sobre todo, falta el ejercicio de la revocación de mandato. Esa es sin duda, la cereza del pastel que será extendida hasta el final de los tiempos. Nos esperan 24 mil 873 horas de shows, cada vez más reducidos mitos y un pírrico sistema clientelar.

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