Martes, agosto 16, 2022
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El mes de mayo, el medio ambiente, las madres… ¿la Madre Tierra?

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Como otros meses en el año, mayo tiene varias fechas conmemorativas en el tema del medio ambiente: el día 14 sobre las aves migratorias, el 17 para fomentar el reciclaje, el 20 para promover el cuidado que debemos de tener con las abejas, tan importantes en el ciclo de la vida; el día 22 para la defensa de la diversidad biológica y el 24 para promover la creación y el mantenimiento de los parques naturales.

Sin embargo, en Tlaxcala, en México y en algunos otros países, el protagonismo en las conmemoraciones y festejos lo tiene el 10 de mayo, en el que todas y todos celebramos a nuestras madres, a las madres de nuestros hijos e hijas, a las madres de nuestras madres y padres, a las madres de nuestras sobrinas y sobrinos, de nuestras amistades, de nuestros jefes y jefas en el trabajo… en fin, a todas las madres, quienes sean y donde estén.

Y, claro, en este tiempo juega en el imaginario social la figura tradicional y comercial de la madre abnegada, sufriente casi todos los días, tipo todavía Sara García, Silvia Derbez o la mamá de Paquito (el de la poesía, el que ya no hará travesuras), que espera con emoción, si bien ya no una carta o un telegrama, sí una llamada o al menos un Whats de sus hijos ausentes. Y así, hoy todavía, hijos e hijas con todo y sus familias nos volcamos a la casa materna a celebrar a esa mujer silenciosa, abnegada y luchona que, con chancla voladora de por medio o sin ella, nos supo conducir por la senda del bien hasta donde nosotras y nosotros mismos nos hayamos dejado llevar.

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Pero afortunadamente hoy, en la realidad y también ya un poco en el imaginario, se cuenta con la figura de muchas madres que, teniendo que vivir fuera de esa imagen tradicional o pudiendo luchar contra ella, van haciendo su vida sin dejarse encasillar en la obligación que aún se les pretende imponer del silencio, la sumisión, la abnegación y la identidad y el sentido de sus vidas perdidas entre la realización de sus hijos e hijas. Así, sólo por citar dos ejemplos, en Tlaxcala se ha publicado en estos días que en el 30.1 por ciento de los hogares las mujeres son las jefas de la familia, con la carga pero también con el valor que eso puede implicar en la construcción de una nueva realidad, y la participación por primera vez multitudinaria, durante la marcha del 8 de marzo en la que, a pesar de las manifestaciones violentas que la disgregaron al llegar a la plaza, miles de mujeres de muchas comunidades del estado, madres o no, abuelas y tías o no, se reunieron para expresarse de manera festiva en la reivindicación de su identidad y sus derechos. Y aquí hay otra manifestación que, aunque organizativamente no se integra, también va ocupando un lugar en la realidad y en el imaginario de varias sociedades: el de la identificación, más allá de roles de género sino en términos de roles efectivos en las comunidades, de que “no necesariamente se tiene que ser hombre para ser padre, ni mujer para ser madre…”, de que en ambos, hombre y mujer, se puede “reconocer la maravilla de la maternidad y la paternidad amorosas… cualidades de la vida y las personas…”, que somos, o podemos ser, “madre y padre, llevamos a toda la humanidad adentro…”, como escribe A. Zorrilla.

Esto último, que ya es experiencia en muchos pueblos, se relaciona, y más bien se desprende creo yo, de la experiencia que tenemos como humanidad de que la Tierra, la Madre Tierra, es también padre y madre a la vez, proveedora y protectora, ambiente en el que nos gestamos y desde el que nacemos. La Tierra, la madre–padre tierra, a la que se ha ido destruyendo poco a poco sin querer admitir que con ella se va destruyendo también la vida y todas las posibilidades de vida en ella. La Tierra, madre–padre tierra, a la que deberíamos conmemorar todos los días, buscando todas las formas posibles de reconciliarnos con ella, y en ella todas las personas que la habitamos.

Y sí, en eso estamos trabajando cada vez más hombres y mujeres que, a pesar de la oposición de fuertes intereses económicos y políticos en Tlaxcala y en muchos otros lugares del país, nos mantenemos en el esfuerzo de protegernos unas a otras como personas y de fortalecer nuestra humanidad, sabiendo que eso solamente es posible si nos enfocamos de la misma manera en desarrollar “nuestra capacidad de dar luz, sustento y vida…”, para cuidar a la Tierra, a la madre–padre tierra que, sólo así, podrá seguirnos protegiendo.

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