El Guasón y la vigencia de la locura unaria

Dani Robert Dufour, en su texto intitulado Locura y democracia. Un ensayo de la forma unaria, sostuvo que el payaso es la referencia perfecta para describir al sujeto posmoderno, ello es así porque se trata de un loco domesticado.

Para Dufour, la democracia es un sistema político que se sostiene a través de la locura, esa locura que el sujeto experimenta al no tener ninguna referencia, no se siente ya identificado con dios, dios ha muerto, ni con el Estado, el Estado en las democracias se ha desregulado, adelgazado hasta casi desaparecer, ausente en la vida de los ciudadanos. Asistimos igual a la muerte de la república, la patria y la nación, estos principios se han desconfigurado ante la insistencia confirmativa de la globalización y la apertura de las redes sociales.

El sujeto posmoderno quedó solo, pero libre, con demasiada autonomía jurídica, pero solitario, no tiene ninguna referencia que le dé sentido, certezas, perspectiva de futuro ni claridad del presente. La única referencia del sujeto posmoderno es la mercancía y su yo. El mercado y su capacidad para saciar ese yo en la democracia mercadotécnica. Obviamente, en esta democracia mercadotécnica, aquella democracia de las masas y las colectividades ha sucumbido, lo que existe son océanos de autoreferencias desconectadas entre sí, todos los habitantes de estas democracias se referencian a sí mismos, el individualismo institucionalizado impera.


Bajo esta lógica, la democracia mercadotécnica es el único sistema que ha permitido al sujeto libre subyugar a otros sujetos libres de forma legal y legítima, puesto que el pertenecer a la sociedad, los derechos y su respeto y el acceso a la justicia se han convertido en una mercancía, que pocos sujetos, aun completamente libres, pueden obtener y disfrutar.

En otras palabras, la subyugación del otro está permitida ya que todos y todas son sujetos libres, con plena autonomía jurídica, pero con una brutal dependencia económica y material. Todos, entonces, luchan por mantener su libertad y autonomía sin regulación alguna, la libertad y la autonomía del sujeto es su autoridad, y en nombre de esa autoridad y autonomía, puede subyugar a los demás.

Este elemento es parte de la lógica del capitalismo salvaje, pero ahora revestido de humanismo, capacidades, emprendimiento y desarrollo humano. Así los sujetos posmodernos.

El Guasón es ese loco domesticado que dice ser: “yo quien dice yo”. La democracia mercadotécnica es en sentido referencial una trampa, pues no referencia, es un argumento que más que definir desdefine, es una definición que no concluye, ya que siempre hará falta definir al yo que supuestamente define y da referencia a los demás.

En este sentido, sostiene Dufour, la democracia como referencia produce un sentido de locura, ya que no tiene un elemento externo que le dé referencia, que lo articule, es la suma de sus partes desreferenciadas, al igual que en el ejercicio del voto, todo queda en el vacío, es, de nueva cuenta, ese yo que dice yo.

En esta democracia mercadotécnica, en la que predomina la forma unaria no hay nada firme y permanente que dé referencia y sentido al sujeto, antes mal que bien la referencia era dios, el Estado, el rey, la patria, la nación, hoy, nada, vacío ocupado por mercancía, objetos con una corta fecha de caducidad. Hoy nada salva al sujeto de su constante y silenciosa neurosis, psicosis que produce la locura unaria. Hoy no hay grandes sujetos, se acabaron los grandes sujetos como gran referencia, no hay héroes, sólo sujetos libres, subyugadores y subyugados que usan deliberadamente, como pueden, su libertad y autonomía jurídica.

Nada ni nadie regula a los tres protagonistas de esta modernidad conformada por tres actores: el yo, el otro y los otros, un juego en el que todos son todo al mismo tiempo para los demás. Donde el uno si se preocupa por sí mismo, alcanza la neurosis, y si ese uno se preocupa por los demás, por lo terciario, obtendrá como resultado la psicosis.

¿Ahí radica la perturbadora vida del Guasón? Un ejemplo más de los sujetos unarios y desreferenciados. Esos sujetos que habitan en la posmodernidad democrática y mercadotécnica. Un payaso, un loco domesticado por su unicidad.

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