Martes, mayo 11, 2021

El día que decidimos acabar con los baches que infestaban el fraccionamiento

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(Albañiles de Tommy Hilfiger y Adidas)

“Güero, güero, cómo te llamas”, me dice Sergio, un hombre espigado, ligeramente más alto que yo. Él es dueño, o al menos conductor, de un tráiler que deja estacionado en una de las calles donde no hay entradas a las casas.

Digo mi nombre. Y algo en mi expresión le hace preguntarme si me molesta que me digan güero. Sí, le respondo. Ah, dice. Ya no te voy a decir así.

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Es domingo. El sol juguetea allá arriba, implacable, como niño recién salido a sus vacaciones de verano.

Este día hemos decidido acabar con los baches que infestan el fraccionamiento. Todos somos vecinos de Vista Tres Volcanes, uno de los miles de asentamientos sin municipalizar que hay en este país. Somos y no somos parte de nuestras comunidades.

Apenas si sumamos algo así como dos decenas de hombres y mujeres. Nosotros hacemos mezcla con tierra que sobró del remozamiento de una casa, a la que agregamos grava, arena y cemento prestados aquí y allá. Como quien dice, estamos solos. Dejados a nuestra suerte.

Malinche, la calle que pondríamos decir es la principal, o al menos por donde pasa el transporte público, parece una versión de suburbio de las trincheras de la Primera Guerra Mundial. El vehículo recomendado para circular por ella es un Panzer del Afrika Korps. Hasta Rommel hubiera tenido dificultades para llegar a Tobruk si hubiera pasado por esta calle.

Empezamos temprano, aunque sea domingo. Obviamente no somos ni la décima parte de quienes vivimos aquí. Y me entero de un dato: la tercera parte de las casas está deshabitada. Somos un fraccionamiento cuasi fantasma. Algún día será como Comala. La idea me entusiasma. Yo pido ser Pedro Páramo. Quizás pronto volveré a levantar la cabeza y veré el cielo de nuevo. O tal vez haga que Susana Sanjuán regrese de donde esté. Ojalá.

Las mujeres cortan el pasto de un área verde común, que por obra de la temporada de lluvias es una pequeña selva doméstica. Les ayudan dos vecinos con una podadora eléctrica, que hace tanto ruido como uno de esos avisperos que atormentan a las almas en pena, según John Constantine.

Nunca en mi vida he hecho mezcla. José, el presidente de la unidad, me va indicando paso a paso el proceso. Primero la tierra, luego el cemento, la grava, el agua. Y luego a palear. Después hay que hacer canaletas para que el agua ayude a la revoltura.

Ahora sé lo que siente el personaje de Eugenio Derbez en Hombre al agua. Adiós manos bonitas. El más entusiasta en un muchacho de unos 11 o 12 años; es hijo de Sergio, el del tráiler. El joven palea, acarrea, carga palas. Mañana pagará las consecuencias.

Como pudo haber dicho Neruda: puse a la Poesía a acarrear carretillas de grava, arena y cemento.

Cubrir una cadena de albañilería es como adornar un pastel con chantilly. Que sirvan de algo todas esas horas que pasé viendo Nail it! en Netflix, en aquellos lejanos días del karma; esos días que pasé en esa desolada y enorme casa de Acuitlapilco.

Los otros días.

Me detengo un momento a pensar, luego de haber tapado como 10 baches talla XXXL: no conozco a ninguna de estas personas, a pesar de que las veo todos los días. Además, somos un grupo variopinto: un equipo de albañiles vestidos con polos de Tommy Hilfiger y Nautica, tenis Nike y Adidas, (adiós a mis botas de Levi´s, (al fin que ya no me quedaban)), guantes de lona, fajas para evitar las hernias, gorras y sombreros del mercado. Hay abogados, ingenieros, conductores y un escritor. Pero nadie me cree. Yo no elegí ser un mentiroso profesional. Así soy. No tenía de otra.

A la mitad del camino sale a relucir una botella de José Cuervo Especial. Me ofrecen un trago y tengo que repetir lo que siempre digo en estos casos: “No, gracias. No bebo. Sólo agua bendita”. Me miran con cara de “I don’t believe it!”, pero qué se le va a hacer. Soy un abstemio empedernido y a estas alturas ya no voy a cambiar. Cuando se acaba la botella, regresamos al trabajo

No alcanza la mezcla. Pero eso era de esperarse. Rodeando la enorme mancha de cemento que acabamos de dejar en una de las entradas al fraccionamiento, decidimos que la próxima semana le seguimos, a ver con cuánto podemos cooperar, nos vemos, vecinos.

Hasta la próxima semana.

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