¿Cuál patria y cuál libertad?

Mujeres marchan en contra de la violencia de género en México. Foto María Luisa Severiano

Es muy difícil imaginar lo que puede sentirse, lo que puede hacerse al vivir una situación de violencia y de trasgresión a los derechos humanos. ¿Cómo descifrar el dolor, la rabia o la impotencia de una persona que ha perdido a una hija o un familiar por feminicidio o de aquella que no sabe dónde está su ser querido o de aquella que sabe que esa persona que ama ha pasado por la bajeza de ser abusada sexualmente, violada o ser víctima de trata de personas? ¿Cómo comprender la angustia de una persona que busca justicia y encuentra la negligencia de autoridades que no acaban de entender que es obligación garantizar derechos y no permitir la repetición de hechos y el acceso a la justicia?

La toma de oficinas de la Comisión Nacional de Derechos Humanos es señal del hartazgo y la indignación, del dolor descarnado de las víctimas y sus familias; y también es un recordatorio de que el Estado mexicano ha sido incapaz de poner al centro de las decisiones públicas el respeto y garantía de los derechos humanos, que son el verdadero sustento de la patria y la libertad.

Esta incapacidad es infame y de ella existe responsabilidad por acción y omisión entre los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal. A esta incapacidad de Estado, tanto presupuestal como institucional, administrativa y técnica hay que sumarle la insensibilidad y la cerrazón oficial que se indigna por cuadros intervenidos de próceres nacionales como Madero, pero no se inmuta ante la corrupción, impunidad y abandono institucional, especialmente del funcionariado de procuración e impartición de justicia.


A quien dice que estas no son las formas de protestar, baste recordarles e informarles que según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), sólo un 7 por ciento de los delitos cometidos contra las mujeres son investigados por el Ministerio Público. De ese porcentaje cuántas víctimas realmente acceden a la justicia. ¿Este país requiere que arda todo para tener igualdad y libertad, para que tomen en serio el dolor de las víctimas o seguirán con la negación y el desmantelamiento institucional y presupuestario para prevenir, atender, sancionar y erradicar las violencias contra mujeres y niñas? De ser así, que arda para realmente tener patria y libertad.