Los campesinos tlaxcaltecas no reciben información ni capacitación para la realización de quemas agrícolas apegadas a la norma, además esta práctica les resulta más económica y fácil porque solo invierten en la compra de una cajetilla de cerillos, mientras que para la rastra en una hectárea necesitan casi dos mil pesos, señaló Maurilio Lima García, dirigente de la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas y Autónomas (Unorca).
Comentó que este tipo de procedimientos “es una tradición que se trae” desde tiempos atrás, aunque los antepasados “sí sabían controlar el fuego, hacer brechas para evitar que la lumbre brincara al cultivo o a donde realmente no hubiera condiciones, principalmente de viento”.
En horarios vespertinos preferían no realizar esta práctica, para evitar el fuego y daños, no sólo en la superficie agrícola donde había lo que ellos nombraban como “mala hierba”, sino para que no arrasara hasta con los bosques cercanos, dijo.
Afirmó que se ha hablado de este tema entre los productores para sugerirles que no usen este método y que en su lugar aprovechen los residuos orgánicos de la cosecha, “pero desafortunadamente ahora todo es muy caro”.
Expuso que ante la situación económica difícil que se enfrenta, a varios campesinos “se les hace más práctico hacer la quema que meter una buena rastra incorporando el esquilmo de cultivos anteriores”.
Una “rastrita” en una hectárea -indicó- requiere de una inversión de alrededor de mil 800 a dos mil pesos, y comparado con la que los agricultores hacen para usar el fuego es mucho menor, pues “¿cuánto les puede costar una cajita de cerillos, 10 pesos?”.
Por eso, esto es más fácil para ellos porque solo “prenden” fuego, pero “desafortunadamente cuando no hay un control en esto, se va más allá y es cuando arrasan con los bosques”, subrayó.
Afirmó que los campesinos no reciben capacitación para efectuar quemas agrícolas, “definitivamente no, ellos lo hacen a su libre albedrío; piensan que si se llevan al terreno del vecino no afectan porque a lo mejor” también la necesita.
No hay ningún tipo de apoyo por parte de las dependencias encargadas del tema -sostuvo-, al contrario, “culpan al campesino que lo único que quiere ver es que su mala hierba se termine, esa es la finalidad”.
Tampoco difunden la Norma Oficial Mexicana (NOM-015-Semarnat/Sagarpa2007) que establece las especificaciones técnica de métodos de uso del fuego en los terrenos forestales y en los de uso agropecuario en todo el país, con el propio de prevenir y disminuir los incendios forestales, puntualizó.
“¡Vaya!, ni en los medios de comunicación” hay una campaña fuerte para dar a conocer la existencia de esta disposición que hay desde el gobierno federal, por tanto -enfatizó-, los ejidatarios carecen de una orientación adecuada para llevar a cabo esta práctica en sus parcelas.
Contestó que la mayoría de agricultores aplica este método “que ya está muy arraigado en ellos y que se les hace mucho más práctico, echarle el cerillo, es más barato que incorporar todos los residuos que le ayudan al suelo”.
Esta forma de trabajar con fuego provoca contaminación en el entorno, sin embargo, tampoco se ha hecho conciencia al respecto, hace falta “una buena orientación, capacitación, para evitar todo este tipo de manejos agrícolas que se realizan”.
Sobre este método, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) ha identificado que las quemas agrícolas son uno de los principales factores de incendios forestales en la República mexicana.
