¡Así no Salmerón!

El estudio del movimiento armado socialista es complejo, lleva años comprender apenas uno o dos segmentos de ese gran rompecabezas. Lleva implícito un compromiso político, ideológico tanto con las y los sobrevivientes como con el pasado y el presente, este fenómeno no admite tibiezas ni modas académicas, fugaces chispas de intelectualidad acomodaticia.

El movimiento armando socialista carece de historiógrafas o historiógrafos, no hay un Alan Knigth o un John Womack que haya logrado una explicación profunda y conjunta del fenómeno. A pesar de ello, cuando el investigador o investigadora se internan en el estudio de la guerrilla lo primero que salta a la vista es que no se trata de organizaciones políticas, no en términos formales, son, principalmente, organizaciones guerrilleras, militares. Ello hace que sus acciones hayan tenido objetivos estratégicos, tácticos, militares y revolucionario. Las y los jóvenes que militaron en estas organizaciones, cada una y uno de ellos estaba más que claro que su objetivo era la revolución y no precisamente una revolución por la democracia y la libertad, sino por el socialismo y el comunismo. Las y los jóvenes estaban claros que la vida iba de por medio, tal y como sucedió a muchas y muchos que murieron acribillados o siguen desaparecidos.

Las características históricas del fenómeno de la guerrilla y su relación con la política del PRI, la izquierda partidista y con el PAN, han hecho que este fenómeno sea muy difícil de sostener en términos burocráticos, es un pasado que a todas estas facciones molesta, estorba y, por ende, pretenden borrar o al menos soterrar. Mantenerlo suspendido, al margen de la narrativa nacional.


Incluso aun para los sobrevivientes sigue siendo difícil llegar a un consenso narrativo, qué recordar, cómo recordar y para qué recordar, les es difícil establecer una memoria coherente y funcional para la historia presente. Los múltiples trabajos periodísticos, académicos, literarios, artísticos y fílmicos sobre la guerrilla socialista han logado abrirse paso y proponer múltiples alternativas narrativas del fenómeno en el tiempo presente. El debate que se había colocado en el escenario público no estaba reducido al simplismo evaluativo de si las y los militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre o de las demás organizaciones amadas eran o no valientes. ¡Así no Salmerón!

Con la alternancia de la 4T, ese pasado inmediato no formó parte de la política de Estado, el empeño de Salmerón por insertarlo desde la historia del tiempo presente resultó ser un revés incalculable, tanto por el desconocimiento del mismo, la errónea elección de la fecha en que asesinan al empresario Garza Sada, como de una mala lectura en clave histórica que hizo el historiador.

Cuando la burocracia estatal pretende patrimonializar un suceso como la guerrilla rural o urbana, que tomó auge, nos guste o no en un régimen de derecha (ver en este mismo diario el artículo “La guerrilla socialista y la 4T”, publicado el 13 de septiembre de 2019) las memorias de los otros, esas y esos a los que les incomoda las acciones militares de las organizaciones armadas socialistas reavivan su esfuerzo por denostar, denigrar y borrar ese pasado de la narrativa presente. Los discursos de la guerra fría se reciclan.

La iniciativa de Salmerón de arrogarse la tarea de someter a revisión y validación el pasado fuera del consenso nacional trajeron costos que la derecha ideológica, política, empresarial y conservadora capitalizaron. El triunfo de la narrativa nacional de la derecha fue evidente, su acción inquisitorial a través de los medios y las redes lincharon la iniciativa temeraria y solitaria del ex director del INEHRM. ¡Así no Salmerón!

En este contexto de duelo de poderes inicuos entre la derecha y el supuesto régimen de izquierda de la 4T, el perdón del Estado mexicano a Martha Camacho, el reconocimiento de los sobrevivientes de Madera y la inauguración del memorial Morelia 8 se antoja verlo como una tramitación del pasado que el nuevo régimen hace, pero a medias, inconclusa, pero simbólicamente poderosa para calmar los ímpetus de las y los emprendedores de la memoria y buscadores de justicias que por más de 30 años han encabezado esa lucha.

El gobierno de la 4T no tiene nada que ver con ese pasado inmediato, el historiador Salmerón no leyó en clave histórica ni el pasado, ni el presente. La guerrilla no se puede patrimonializar, menos si es recubierta bajo un capuz de la historia del tiempo presente. Elegir esto como fenómeno además de temerario es riesgoso, más si no se parte de una profunda y seria revisión de los debates y las demandas de los actores y estudiosos de la temática. ¡Así no Salmerón!

El debate de valientes ante un trágico suceso crispó los ánimos pasivos de la derecha mexicana sobre la temática, las memorias de la derecha proclamaron la limpieza de su honra en la narrativa nacional.

¿Quiénes entonces administran la narrativa de ese pasado? ¿Dónde quedaron las múltiples narrativas que han pugnado por colocar de manera adecuada en términos históricos la otra narrativa?

La acción temeraria de evaluar la valentía de las y los actores de ese pasado termina siendo una pifia imperdonable ante tantos años de esfuerzo conjunto.

¡Así no Salmerón!

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