Domingo, abril 11, 2021

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AMLO 2018–2020

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A dos años de la toma de protesta, AMLO presentó el estado que guarda el gobierno de la 4T. Al respecto, el discurso ofrecido se puede dividir en al menos tres partes: 1. La macroeconomía. 2. La crisis de salud y económica durante la pandemia en 2020 y 3. No todo es perfecto. Se destacan, a decir del presidente, cuatro elementos centrales: el primero es que se han creado las bases de la Cuarta Transformación; el segundo, la lucha contra la corrupción; el tercero, que ha cumplido 97 de los 100 compromisos y el cuarto, el apoyo de más de 70 por ciento de los mexicanos para que continúe en el cargo como presidente.

En general, se mantiene la congruencia y consistencia de la forma en que ha ejercido el poder y sus respectivas acciones de gobierno. La narrativa es la misma que se entiende como una estrategia deliberada para consolidar el proyecto de la 4T. De hecho, el presidente no pierde oportunidad para visibilizar que estamos ante la disputa entre los liberales y conservadores, qué estos últimos fueron los más privilegiados de los últimos gobiernos y que de lo que ahora se trata es apoyar la base de la pirámide social, es decir, a los más pobres, a los grupos vulnerables, a los millones de mexicanos que fueron excluidos por el modelo neoliberal. Por ello, en su discurso centra la atención en los cambios sustantivos en la política social, económica, fiscal y monetaria en lo que le compete. Sobra decir que desde el 1 de diciembre de 2018 se ampliaron los programas sociales que ya están considerados en la Constitución, que en materia de política económica se ha aumentado el salario mínimo, se han establecido precios de garantía, subsidios, pero, sobre todo, que hay una aumento muy importante en la inversión pública a través de múltiples obras, que expresan con pesos que el Estado está de regreso como agente central en la promoción del desarrollo.

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En materia fiscal no se han creado nuevos impuesto y no ha habido aumentos deliberados de los energéticos, pero lo más importante es que se acabaron las condonaciones a las grandes empresas, que se está luchando por acabar con las empresas factureras, que se está intentado regular el outsourcing, lo que posibilita en conjunto aumentar la recaudación fiscal tan debilitada en los últimos gobierno. No es cosa menor y que esto permita, a la vez, mejorar las condiciones de trabajo, que si bien no hay crecimiento económico desde 2018, tampoco hay un crecimiento de la inflación y no se ha contratado deuda externa para atender las prioridades de la Presidencia. El déficit fiscal está controlado en gran medida porque la política fiscal y la austeridad republicana han permitido ahorros por más de un billón de pesos. Sobra decir que el peso mexicano ha resistido los embates de la crisis mundial por la pandemia y la crisis derivada de los precios internacionales del petróleo, hay finanzas públicas sanas y con tendencia a la justicia, con excepción del importante crecimiento económico y una tasa de desempleo en recuperación. Un año complejo.

Desde luego que la crisis por el Covid–19 no podría estar ausente del discurso y esté fue expuesto sin salirse de la estrategia que se ha seguido desde marzo de 2020. Por una parte, recuperar el sistema de salud que fue brutalmente abandonado por los anteriores gobiernos y, por la otra, reconocer que a pesar de la estrategia hay más de 100 mil muertos y se está a la espera de la vacuna para que se pueda controlar el coronavirus. A la crisis sanitaria le siguió la crisis económica, cuya estrategia para intentar mitigar los estragos fue adelantar la distribución de recursos públicos para programas sociales, dar créditos a la micro y pequeña empresa, no endeudar al país e intensificar la inversión pública en los proyectos de obra pública, buscando que el consumo en alimentos y otros sectores de la actividad económica no se colapsaran. Destaca el presidente que hay visos de un repunte económico, como lo muestra el Inegi en el tercer trimestre del año, lo que ha generado una cierta recuperación del empleo formal que se perdió en el segundo trimestre. Para el gobierno se cumplió la expectativa de que la recuperación tendría forma de “V”.

A decir del presidente, ya se crearon las bases de la Cuarta Transformación del país y aunque nada es perfecto, se han ido construyendo desde la lectura del gobierno una forma diametralmente opuesta a los gobiernos neoliberales. Es interesante que los datos que presenta de qué porcentaje de mexicanos apoya al presidente, éste sea de más de 71 por ciento, que al cruzarlo con los datos promedio de las encuestas que presenta oraculus,mx, éste sea de 62 por ciento. En ambos casos y dado el año complejo que se ha tenido, AMLO goza de buena salud.

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Entre tanto, el anunció de que habrá alianzas en algunas entidades y en 130 distritos electorales y municipios entre el PRI, PAN y PRD, demuestra para los ojos del elector que a estos partidos no les importa el desarrollo del país, sino recuperar los privilegios perdidos. Veamos si no les sale el tiro por la culata, esperamos con ansias su proyecto de desarrollo, ¿lo tendrán? Ver para creer.

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