Sábado, abril 10, 2021

Recomendamos

¿Y por qué no la formula de la vacuna y sí la simple vacuna?

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«Dale un pez a un hombre y comerá

 un día; enséñale a pescar y comerá siempre».

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 Proverbio chino

 

Ahora que «mágica y sincrónicamente» todas las grandes empresas de laboratorios mundiales encontraron la vacuna para la peste que estamos viviendo a un año de su propagación por todo el planeta, resulta que el dilema es qué tan pronto llegará el turno para aplicarnos la dosis. Así, los gobiernos de todas las naciones andan apresurados en una carrera de obstáculos para adquirir —pareciera que al precio que sea— las vacunas para su población. En tanto, esos laboratorios ya no hallan tiempo para producir las vacunas y distribuirlas a las naciones. Todo esto es una película del «neoliberalismo» que, actualmente, gobierna el mundo.

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Esta repartición de vacunas y la demanda de las mismas son la muestra más vergonzosa y palpable que puede haber respecto del sistema neoliberal que gobierna el mundo, pues grandes empresas privadas (cuyas cabezas, es decir, las mujeres y hombres beneficiados y propietarios de ellas no conocemos) están por encima de los gobiernos de las naciones y tienen como finalidad que se les suministren las vacunas, para lo cual son capaces, no sólo de entregar dinero a cambio, sino de obtenerlas ¡a costa de todo! No está fuera de órbita que estas grandes corporaciones farmacéuticas, con la finalidad de darle prioridad a algunas naciones (principalmente, las más débiles), podrían pedir no sólo el valor de la vacuna, sino mayores endeudamientos, intereses exorbitantes, expedición de licencias, autorizaciones para sus fármacos, permisos y concesiones para poder explotar algunos de los recursos naturales de las naciones, privilegios en licitaciones, adquisición de extensiones de tierras y demás bienes de las naciones. Esto, particularmente, con las más necesitadas, como son las de América latina o África. Y los gobiernos, entre la espada y la pared, tienen que aceptar esas concesiones con la finalidad de contar con las vacunas y, desde luego, con los votos de su población.

La propuesta, en los últimos tiempos, de las políticas públicas de derecha son las de hacer a la población dependiente total de sus sistemas económicos y políticos con la finalidad de dominar, monopolizar el mercado y el poder político. Por ello, ese milenario proverbio chino del epígrafe no es aplicable para el actual neoliberalismo. En cambio, las políticas públicas de izquierda (las verdaderamente de izquierda) consisten en dotar de herramientas a la población para que puedan subsistir por si mismos; no buscan simplemente suministrar apoyos económicos para hacer siervos del sistema, consumidores más que ciudadanos o para dar «puestecitos» y «carguitos» burocráticos, como últimamente sucede con las políticas de pseudo-izquierda. Son políticas públicas que permiten a las personas, sobre todas las cosas, subsistir por sí mismas y, principalmente, hacer sentir a los ciudadanos de a pie útiles en la vida con empleos, profesiones, con trabajo que desempeñen y no asuman humillados por un sistema que los está manteniendo «caritativamente». Es decir, son políticas que entiende que la ayuda debe ser horizontal en vez de vertical, ya que esta última, como ocurre con los denominados filántropos de derecha, provoca que la población se someta a un trato discriminatorio y, por ende, contrario al respeto que debe haber con la dignidad humana de todas las personas.

Así, si el sistema está para combatir la pandemia como se ha descrito, es claro que la distribución de las vacunas a nivel mundial por las grandes empresas transnacionales y la competencia de los gobiernos por adquirirlas a costa de todo son una muestra del neoliberalismo que se vive en este planeta. Por ello, lo que dicen en los pasillos, en los cafés e, incluso, en la academia y en las penosas sesiones de los partidos políticos respecto de que el neoliberalismo va de salida es completamente falso. Por el contrario, se está reforzando con estos mecanismos y procedimientos para combatir la pandemia. Efectivamente, esta situación al neoliberalismo le cayó «como anillo la dedo». Si, de vedad, se deseara proteger a la población y salvar las vidas de los seres humanos, se aplicarían las políticas públicas de izquierda y, jurídicamente, habría que obligar a las farmacéuticas y laboratorios, previa indemnización, que proporcionen la formula de las vacunas, con la finalidad de distribuirlas en mayor medida y multiplicando la producción de las mismas en pequeños laboratorios, las propias entidades e instituciones del Estado, así como universidades y escuelas. Toda logística que no sea esa es neoliberalismo. (Web: parmenasradio.org).

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