Domingo, febrero 25, 2024

Volcán Sierra Negra – Una Autocumbre

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
No luchar por lo que quieres,
Abandonarlo todo por miedo,
No convertir en realidad tus sueños.
Pablo Neruda


¿Qué es ser un montañista? ¿Qué es el montañismo? ¿Es un deporte? ¿Una actitud? ¿una locura? El 26 de noviembre del año pasado el Club Ixpomalin conoció de frente todas estas preguntas, sobre todo, y más que hacerlo como un club, fue algo que vivimos juntos pero también a nivel personal ¿Qué cosas están en juego? El gusto por las montañas se manifiesta en nosotros de forma ahistórica y permanente, como nacer para la montaña, pase lo que pase. Pero también como un continuo encuentro con nosotros mismos, con nuestros límites, frente al dolor. ¿Cómo puedes saber quién eres si nunca has conocido quién eres frente al dolor?

La expedición no prometía sino el deseo de mirar de frente al Citlaltépetl, Cerro de la Estrella, Ibamos al sierra Negra, el mejor lugar para mirar al Pico de Orizaba, el Señor de todas las Montañas. Íbamos hacia el Volcán Sierra Negra, característico porque en su cumbre se aloja el gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano, visible desde la autopista a la altura del municipio de Esperanza. Para quienes transitan por la zona, vale la pena aclarar, que el telescopio parece ubicarse en una ladera del propio Pico de Orizaba, desde la autopista aún nos encontramos a cerca de 2 horas y media del Valle del Encuentro, el punto en que “se encuentran” ambas montañas. El volcán Sierra Negra es un cúmulo independiente y por tanto, una cumbre en toda su complejidad. Estamos aquí para reclamar el derecho al ascenso.

La caminata comienza con los rituales tradicionales, hay una rutina que compartimos los montañistas apenas pisar la tierra bajándonos del vehículo; alistar la mochila y ponerse el equipo, puede agregarse hacer algún estiramiento o comer algo ligero para empezar la pegada. Así que guardamos respeto por las formas, descendemos del auto, pescamos nuestra mochila, miro el entorno, calibro el frío, las nubes, el viento ¿Qué me llevo en la mochila? ¿qué puedo dejar en el auto? Así lo multiplicamos por veintitantos, todos hacemos lo mismo, somos una orquesta alpina.

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Con el Doctor A al frente emprendemos hacía la montaña, hay que ir scauteando la ruta, no existe un camino, nos guía la intuición. Gallo va y viene a lo largo y alto de la columna, la montaña está helada, vamos a tope con los cierres de las chamarras. Aun así, subimos, estamos ascendiendo, empezamos a las 8:50 de la mañana y ya despuntan las 10:40. La montaña está helada y es hermosa. Hace casi un año estuve en el Sierra Negra, completamente seco y deshojado; ahora en cambio, toda su cara norte se encuentra pintada de blanco.

El hielo campeaba en el norte y nosotros íbamos directo hacía él. Estábamos contentos, además del curso de montaña estábamos reunidos entre buenos amigos. Es que existen las amistades, pero un compañero de cordada (con cuerda o no) se vuelve alguien en quien depositas toda tu confianza, cuando estás rodeado de personas así, sabes que puedes ser libre, libre para caminar al fin del mundo, libre para gritar que llegaste más lejos de lo que jamás pensaste, libre para saber que perteneces al mundo, el ancho mundo que quiere ser recorrido (junto a tus buenos amigos, tu cordada).

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Sierra Negra, Puebla
Guillermo Rivera Ariza

Y ascendimos, de una ladera a otra, de un collado al otro, al fin una arista que culmina en cumbre; un banco de nieve, nieve blanca, etérea, transparente. Es la puerta de entrada, un mensaje de bienvenida ¿Sierra Negra o Shangri-La? Nos tomamos nuestro tiempo, te tumbas sobre el hielo, que más da que te empapes, que te hieles. Te tumbas en la nieve, flotas entre nubes, el hielo te adormce, relaja tus musculos y se hace libre. Flotamos un rato antes de cerrar la cumbre. Nos lanzamos bolas de nieve, es esa parte de las peliculas donde nada puede salir mal.

Ahí arriba, la montaña se ocultaba, como un ser que gusta de guardarse para sí mismo, la montaña corría un tenue pero afelpado mando sobre sus flancos, alrededor de nosotros se extendía un fondo blanco que daba la sensación de atravesar, más que el mundo, el tiempo. viajamos a través de todas las eras mientras dábamos los últimos pasos a la cumbre, frente a nosotros la puerta enorme a las instalaciones del telescopio; piensen por un momento, que tras caminar por horas simplemente yendo hacia arriba, contra hielo y roca, se yergue de pronto un muro gigante hecho de hierro, Es territorio no apto para la vida.

Tocamos todos el muro, es como acercarse al cielo, la cumbre representa nuestro mayor intento por llegar al cielo, por eso vamos cada vez más alto. No puedo decir que clase de cielo, pero los hombres sin importar las filiaciones, encaminamos siempre hacía él. Pensando en esto, no puedo, respecto al dolor, sino pensar que los montañistas avanzan conquistando en cada paso el dolor, haciendo consciencia en que basta un error en un solo paso, para terminar por fin con todo, ante ello, frente al dolor, se avanzan, no conquistan más cumbres que las de ellos mismos. Existen a contrapelo. Existimos.

Montañismo en la Sierra Negra
Guillermo Rivera Ariza

Emprendimos el ascenso sobre la cara suroeste, casi todo el camino eran pastizales y hacía la última sección de la montaña y hasta la cumbre, rocas; muchas rocas. Sin embargo, parados en la cúspide la cara norte se antoja para el descenso. Nieve, está plagada de nieve, el amor en los ojos de un montañista siempre será la nieve, igual que para un escalador lo es la roca. Nos envalentonámos, formamos la fila, nos deleitamos. Sólo quien ha pisado la nieve puede comprender su maravilla, sentir la bota hundirse, ni mucho, ni poco, se hunde con suavidad y agarre en iguales proporciones, un paso a la vez trazamos el zig-zag a través de la montaña.


¿Qué es el montañismo? Sierra Negra
Guillermo Rivera Ariza

Somos niños y descendemos de tobogán, medio hacemos autodetención y seguimos toboganeando, somos felices; el Doctor A y yo nos tumbamos en el hielo, aprendemos a convivir con él, tumba la espalda completa y generarás más fricción, eso hará que vayas más despacio; para que tu piolet se clave mejor y realmente te detenga, encima tu peso, gira y encímate sobre él. Son cosas que sabíamos, pero que haciendo se nos quedaron bien grabadas.

El último tramo de la montaña lo hicimos sonriendo, pasto, árboles y senderos nos guiaban, después del descenso sobre la nieve, era como si nuestra fuerza no fuera necesaria, porque flotabamos, llegamos raudos al Valle del Encuentro, a nuestros autos; charlamos y descargamos las mochilas (otro ritual). Vamos de regreso, en caravana los autos se enfilan y empezamos el camino de vuelta hacia la comunidad de Texmalaquilla.

Somos el último de los autos, vamos rezagados por unos 300 metros, estoy en la batea de una camioneta, hablo con un mentor y mejor amigo. Salimos de una curva cerrada, frente a nosotros un auto varado, nuestros amigos abajo, caminando hacia unos hombres que cargaban armas largas, la imagen que suele verse en un noticiero, en una página de un periódico de nota roja se hacía realidad en nuestra propia carne. Apenas asomamos desde la curva los hombres apuntan contra nosotros; “todos abajo” pensamos-gritamos-escuchamos. En acto reflejo nuestro piloto -también gran amigo- empezó lo que yo llamaría un escape digno de cualquier escena del cine, porque le dio de reversa en ese pequeño camino, a veces piedra y a veces arena, sin cometer error alguno, por el simple y fundamental hecho de salvaguardar la vida.


En total nuestra aventura habrá rondado los 25 minutos, los más largos de mi vida y no dudo de que también de la de mis compañeros. Parecía un camino sin salida, imagino que ésta es la forma literal de una encrucijada. Sólo ves un lado hasta que a media carrera se van abriendo más caminos. Recuerdo sobre todo la sensación de estar atrapado, atrapado frente a la montaña. mientras huíamos, no dejábamos de pensar que nos dirigíamos de regreso a la montaña, donde literalmente no tendríamos salida. Recuerdo esa angustia, tratar de ponderar toda mi astucia para escapar, para salvar el cuero. Nunca tuve más razones para regresar a casa. A pesar de todo, a pesar del miedo. Teníamos que volver.

Volcán de la Sierra Negra
Guillermo Rivera Ariza

No puedo asegurar que fuera un milagro, porque tampoco me fío de las casualidades, sin embargo, aquí estamos, sonriendo a la vida en detrimento de los malos recuerdos, pensando en la siguiente ruta, trazando el camino hacia la siguiente cumbre ¿hasta dónde habré de llegar dentro de mí? Estamos aquí, caminando, montañeando ¿cómo negar el quebranto? ¿Cómo recuperar la compostura? ¿Cómo continuar de cara al miedo? Sólo nos salva la propia montaña y uno de sus principios básicos: mantente en movimiento, movimiento es vida.

Entonces ¿qué es un montañista? ¿un peregrino? ¿un expatriado? ¿un soñador? En esta ocasión vivimos para contarla, ojalá no sea necesaria otra gran hazaña, otro milagro. Ojalá no se repitiera, ni para nuestro Club, ni para nadie. Deseamos una montaña segura. Deseamos que más personas vivan más este tipo de experiencias, que se acerquen a las montañas, a la naturaleza, al mundo. Y que se alejen de las tablets, las pantallas y el consumo.

#vivirynoservivido

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