Miércoles, junio 12, 2024

Vigentes las exigencias de Emiliano Zapata a 104 años de su asesinato

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Este lunes 10 de abril se conmemora el aniversario luctuoso de Emiliano Zapata, también conocido como “El Caudillo del Sur”. A 104 años de su asesinato, continúa siendo una de las figuras más importantes de la resistencia campesina en México, ya que la lucha de los pueblos originarios por la defensa de sus tierras sigue vigente. 

Emiliano Zapata nació el 8 de agosto de 1879, en Anenecuilco, Morelos. Fue hijo de los terratenientes Gabriel Zapata y Cleofas Salazar, y tuvo seis hermanas y tres hermanos. Su infancia estuvo marcada por las políticas económicas y la distribución desigual de la riqueza que se vivió en el porfiriato. 

A la edad de nueve años, Zapata presenció el despojo de tierras de campesinos por parte de hacendados de la zona. Al cuestionar a su padre al respecto, Gabriel mencionó que no hay nada que puedan hacer para cambiar las cosas, a lo que Emiliano respondió “¿No se puede? Pues cuando sea grande, haré que se las devuelvan”.

Dicho momento determinó los ideales de la lucha zapatista, que se enfocaron en la búsqueda de la justicia social, la libertad y el respeto a las comunidades indígenas. 

En 1906 fue encarcelado por haber encabezado la rebelión de los indios contra los azucareros. Tres años más tarde fue elegido como presidente del Consejo Regente de Anenecuilco, el cual se encargaba de defender las tierras del pueblo. Ese mismo año se volvió dirigente agrario de Morelos, donde analizó los ideales estipulados en el Plan de San Luis acerca de la devolución de las tierras a los pueblos originarios.

Estas promesas motivaron a grupos campesinos a participar en la Revolución Mexicana. Zapata encabezó el Ejército Libertador del Sur, el cual, junto con la División del Norte, exigía la devolución de las tierras que les habían sido arrebatadas durante el porfiriato. La Revolución Mexicana se concretó con la derrota del porfirismo.

En 1911, cuando Francisco I. Madero ocupó la presidencia, varios de los grupos que participaron en la Revolución mostraron su descontento, ya que sus demandas no habían sido satisfechas. Emiliano Zapata, respaldado por el Ejército del Sur, proclamó el Plan de Ayala, que llamó a no deponer las armas hasta que las exigencias del pueblo fueran atendidas bajo el lema “La tierra es de quien la trabaja”.

Por su parte, Venustiano Carranza proclamaría el Plan de Guadalupe en 1913, el cual destacaba la necesidad de restablecer la legalidad en la República y estableció las bases para la creación de una nueva estructura nacional y una nueva constitución. Zapata y Villa tuvieron diferencias con Carranza, ya que consideraba que las actitudes de los revolucionarios ponían en riesgo el futuro del país.

Luego de varios años de lucha, en 1919, el coronel Jesús Guajardo le hizo creer a Zapata que se oponía al gobierno de Venustiano Carranza y que quería unirse a la lucha zapatista, ofreciéndole sus tropas y armamento. Fue así como el 10 de abril de aquel año Zapata y sus escoltas acudieron a la Hacienda de Chinameca, donde fueron atacados por tiradores escondidos en las azoteas, quienes, bajo instrucciones de Guajardo, asesinaron a Zapata y a sus hombres. 

Tras el asesinato, Emiliano Zapata se convertiría en símbolo de la revolución campesina e indígena, y del movimiento agrarista en México y América Latina. Sus ideales dieron identidad al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el movimiento indígena más popular de México de finales del siglo XX y principios del siglo XXI.

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