Enrique Serna llama al lector a cuestionarse si se deja llevar por la marea de la corrupción

“Un periodista gana más por lo que se calla; por encima de todo vendemos silencio…”, dijo alguna vez “el más vil y el mejor periodista” Carlos Denegri, quien aprendió a cobrar en sus columnas, lo mismo por sus menciones que por sus silencios.

Carlos Denegri, un periodista de mitad del siglo XX que se caracterizó por su carácter oficialista, aplaudidor, machista y corrupto afín al gobierno priista de su época, es el protagonista de la novela más reciente del escritor Enrique Serna.

De visita en Puebla acogido por la Facultad de Filosofía y Letras de la UAP, el escritor señaló que en su obra hace una propuesta: “que el lector reconozca al pequeño Denegri que todos llevamos dentro”.


Ello, completó, porque si la novela histórica hace al lector cómplice de personajes moralmente reprobables, algo opuesto al melodrama que le empatiza con el bien, en El vendedor de silencio propone que el lector reconozca al pequeño Denegri que se puede llevar por dentro.

“Esa puede ser una función de la novela en el mundo contemporáneo: cómo podemos ser nosotros si nos dejamos llevar por la marea de la conveniencia o de la corrupción”, subrayó el autor publicado por Alfaguara.

 

Acompañado por Ángel Xolocotzi, director de la Facultad de Filosofía y Letras de la UAP; Diana Hernández, académica de la misma facultad; y Martín Hernández Alcántara, periodista de La Jornada de Oriente, Enrique Serna señaló que hace 25 años supo que Carlos Denegri, ya hecho “una leyenda, pedía a gritos una novela”.

Dijo que, ante todo, no pretendió hacer alguna condena explícita porque la novela no es un panegírico; tampoco, agregó, se propuso enlodar la reputación de Denegri más de lo que él ya lo había hecho por sí mismo. Mas bien, afirmó que en El vendedor de silencio se propuso humanizar al personaje.

Serna expuso que al construir a un personaje historiado como Denegri, sin vender la trama de su novela, supo que tenía ciertas particularidades.  Una de ellas, la manera en que por su oficio y su manera de actuar en él, se había convertido en una “celebridad con fuero”, que despertaba admiración entre la gente, una actitud mezclada con el temor.

“Un fenómeno en su vida fue la aceptación social de la corrupción a la que impuso cierta admiración, pese a ser la corrupción el cáncer de la vida pública mexicana no solo de la dictadura del PRI sino más atrás con Santa Anna”, refirió Serna.

Agregó que en la época de Denegri se fue creando la aceptación social de la corrupción, siendo esta además un factor común en el periodismo mexicano. Ejemplo de ello, completó, fue Jacobo Zabludovsky, quien al llegar a un teatro era ovacionado de pie por la gente, “pese a que mintió durante 35 años como adulador oficial”.

 

Actualmente, confió el también autor de El miedo a los animales, hay “varios aspirantes a ocupar el lugar de Denegri pues sigue habiendo un periodismo mercenario que no va a desaparecer aunque seamos una democracia, más de lo que ya somos, porque es inevitable de que haya periodistas que opten por vender su pluma a un partido, o a la oligarquía”.

La diferencia, completó, es que ahora no se puede decir “el mejor y el más vil”, pues los mejores periodistas son independientes y libres, con distancia frente al poder, con más credibilidad, menos chayoteros, y movidos en una atmósfera de libertad que tiende a que esta especie -la de Denegri- vaya desapareciendo.

“El periodista mexicano después de librarse del yugo del crimen organizado que asesina más periodistas que otra parte del mundo, haciendo una profesión riesgosa para quien denuncia complicidades del crimen y la política, se juega la vida.

“Ojala que esta etapa acabe pronto para que podamos tener un periodismo que no sea tan arriesgado y no trabaje en condiciones tan terribles como las actuales”, consideró Enrique Serna.

Serna da un manual de la corrupción en el periodismo

El periodista de esta casa editorial Martín Hernández opinó que, en El vendedor de silencio, el escritor Enrique Serna entrega “una suerte de manual de la corrupción en el periodismo” a través de la forma en que el protagonista transita de alguien que entra con la mejor intención de servir a la sociedad diciendo la verdad, y termina corrupto, “vuelto poco menos que un monstruo”.

Añadió que al dar “un detallado viacrucis sobre la corrupción periodística”, muestra cómo la corrupción para los periodistas es una “suerte de mal endémico y congénito, pues todo el tiempo lucha contra sí mismo para no caer, pues no es solo callar, adular o atacar por consigna, sino que tiene que ver con la mediocridad en el oficio”.

“Es no tener el ánimo de servir, sino de servirse, no tener un apostolado y una vocación de hacer humanismo a través de un oficio que, por su propia naturaleza, parece perdido”, aseveró el reportero. Agregó que, en el periodista, “la corrupción es un problema de dinero”, pues “al ser un oficio mal pagado, pero bien vivido”, mismo que no se ejerce para lograr fortuna, el periodismo se convierte en una labor castigada.

Luego de decir que era uno de los escritores que admiraba desde joven, comparó que al igual que El miedo a los animales, esta es una historia impactante porque apela a la realidad, a la par de que inscribe al novelista en el canon de las letras mexicanas por su calidad, la profundidad de su escritura y la importancia de los temas que aborda.

En su turno Diana Hernández, investigadora universitaria y reportera tiempo atrás, confió en que con su obra Serna da “un baño de realidad” a los estudiosos de la literatura, pues “en el colegio están arrobados por la teoría literaria y la ficción, sin darse cuenta de lo que ocurre alrededor”.

A Denegri, Hernández lo definió como un aspirante a poeta al que la vida llevo por otros lados, y de ser periodista crítico y combativo terminó “en el bando contrario”, como vocero del entonces gobernador Maximino Ávila Camacho a quien servía por “una cuota mensual, como toda la prensa que estaba en la nómina”.

Abonó que el líder del periódico Excélsior, amigo del Partido Revolucionario Institucional y de su dictadura perfecta, o como la describe Serna, la dictadura de la mediocridad, era superior a Jacobo Zabludovsky y rival de Julio Scherer. Incluso, citando a Serna, consideró que “hacía falta narrar el desencuentro del ángel exterminador –Scherer– y del anticristo de la prensa nacional –Denegri”.

Consideró que, en su novela, el escritor da otro aporte: el retrato que hace del machismo representado en ese odio social hacia las mujeres. “Denegri siempre busca el amor, pero lo que en realidad busca es el sometimiento y control de las mujeres mediante una violencia extrema, con vejaciones hacia sus amantes, esposas, sirvientas, su madre e hija, que lo llevaron a ser un desquiciado y tomar a las mujeres como desechables”.

En suma, consideró que en El vendedor de silencio Serna construye la historia de un “monstruo” del periodismo, del periodista que industrializó el “chayote”, por lo que la novela se convierte en una lectura obligada para periodistas, políticos y estudiosos de las ciencias sociales y humanidades.