Viernes, agosto 19, 2022

Vegetarianismo peligroso

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 Para ser sincero, en efecto un título alarmista, suele ser llamativo y busca atraer la atención para que el contenido sea leído. Por supuesto, este es el caso y más allá de esta postura casi morbosa de mi parte, lejos de tener un fin de generar confrontaciones, en su forma más genuina, lleva como meta, con una intención legítima, divulgar información que es relevante por su trascendencia, más allá de que lo que se pueda imaginar con lo que se genera en el imaginario colectivo como “conflictos de interés”.

     Soy carnívoro en el sentido más amplio del término, incluyendo cualquier metáfora al respecto; sin embargo, haciendo referencias a los aspectos médicos, resulta sorprendente cómo una gran cantidad de gente, en posturas de insensata sabiduría, se sienten con una potestad inclemente, nutriólogos expertos, sin serlo. 

     Se ha descalificado al consumo de carne sin tomar en cuenta el hecho de que ahora, somos producto de un proceso evolutivo extremadamente complejo en el que, a través del tiempo, se han generado progresos adaptativos de una magnitud sorprendente. Podemos deducir fácilmente que en nuestros orígenes más primigenios como Homo sapiens (Linnaeus, 1758), tuvieron como elemento alimenticio que se complementaba, el ser carroñeros, pues esto facilitaba el consumo de proteínas de alto valor biológico, con un menor esfuerzo metabólico. Esto por supuesto, tuvo efectos secundarios que tienen explicaciones difíciles; aunque definitivamente se pueden comprender. La adaptación gradual implicó una serie de modificaciones que actualmente pueden ser consideradas como algo extraordinariamente benigno, o definitivamente insano.

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     Hice mi servicio social en una comunidad rural extremadamente aislada, sin vías de acceso que no iban más allá de horas de andar por caminos de herradura y brechas, sin luz, sin telefonía, sin formas de comunicación que iban más allá de cartas, con una televisión prácticamente nula. Y si bien, esto no representaba una limitante para aspirar a vivir bien, pues los medios de supervivencia se ajustaban a lo natural, pude ver casos de desnutrición y avitaminosis que, a finales del siglo pasado, constituyeron una verdadera ofensa.

     Para toda la población, cada fin de semana era sacrificada una res y a lo largo de la semana, dos cerdos cuya carne era vendida a un precio que era definitivamente inaccesible para un número importante de la población. Esto condicionó que pudiese conocer las anemias generadas por falta de consumo en vitamina B12, sobresaliendo lo que clínicamente denominamos “palidez de tegumentos” en las que, sin un laboratorio que pudiese expresar los niveles de hemoglobina en la sangre, muy fácilmente en las palmas de las manos y puntas de los dedos, se puede constatar el bajo nivel de oxigenación de tejidos.

     Pero en esos lugares, no se puede hablar de un vegetarianismo sujeto a la elección sino a las condiciones de pobreza de la población. Entonces, los periodos menstruales en las mujeres, aunado al bajo consumo de carne, era un claro motivo de anemia, que se explica con mucha claridad en los libros de medicina, pero que se me mostraba con particular dramatismo en la vida real.

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     La deficiencia de vitamina B12 constituye un verdadero problema de salud pública, poco reconocido y mal abordado por los médicos en general. Lo peor de todo esto es que, puede producir alteraciones neurológicas que son irreversibles, particularmente riesgosa en la infancia tanto por su impacto en el desarrollo físico y como en el cognitivo.

     Mujeres que buscan el embarazo y quienes, bajo asesorías nutricionales de personas improvisadas, se someten a esquemas de alimentación en una forma empírica, incrementan en una forma poco valorada el riesgo de caer en carencias nutritivas, condición que se agrega a alteraciones en procesos de absorción por la edad, algunas enfermedades y lo más sorprendente, el consumo irregular e irracional de algunos medicamentos como los “inhibidores de la bomba de protones” como omeprazol, pantoprazol, lansoprazol, rabeprazol y esomeprazol, que se utilizan en un nuestro país en formas tan inauditas como irracionales. 

     No se trata de criticar a quienes deciden ser vegetarianos. Tampoco a quienes cotidianamente consumimos carne. Simplemente es necesario comprender que en la medida en la que se superan las edades que marcan expectativas de vida, debemos de cuidarnos, con adecuadas asesorías de personas dedicadas al cuidado de la salud. En este sentido, debe de priorizarse la asesoría de nutriólogos que, en un momento dado, bajo conocimientos específicos, puedan establecer recomendaciones que eviten generar enfermedades carenciales cuando, en una forma difícil de comprender, vivimos en un mundo donde irracionalmente hay millones de personas que se mueren de hambre mientras, por otro lado, también muchos mueren, de tanto comer. 

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