Sábado, abril 10, 2021

Variantes en el SARS-CoV-2 y la incertidumbre de normalidad

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Un artículo publicado por la prestigiada revista Journal of the American Medical Association (Revista de la Asociación Médica Estadounidense o JAMA por su acrónimo) plantea la necesidad de definir una respuesta global ante la pandemia generada por el coronavirus SARS-CoV-2, que produce la enfermedad COVID-19, que nos tiene en un estado de alerta extrema y de irresponsable descuido en la población, hablando en términos globales o para expresarlo mejor, mundiales. Por increíble que parezca, la primera paradoja que por cierto no está expresada en el artículo, nos ha demostrado que hay gente que no cree que este virus exista y hay personas que exageran en su prevención, llegando a conductas tan extremas que caen en la exageración verdaderamente ridícula.

Lo cierto es que, considerando otra paradoja sorprendente, es de resaltar que debido a las características clínicas que se generan en la COVID-19, el problema mayor de esta enfermedad es que no es tan mortal, afectando solamente a ciertos grupos poblacionales dentro de los que sobresalen adultos mayores, con enfermedades crónico degenerativas, antecedentes de cardiopatías o enfermedades pulmonares crónicas (incluyendo al tabaquismo). Si este virus matara en una forma muy frecuente y puntual, se autolimitaría pues siendo una enfermedad de transmisión respiratoria, se detiene con la muerte (nunca he visto a un muerto respirar y por lo mismo, contagiar de enfermedad respiratoria).

Otro de los grandes problemas que debemos enfrentar es que este microbio tiene un material genético que va a estar generando mutaciones constantemente. Si entendemos a las mutaciones como un cambio periódico, podemos tomar como ejemplo, algo tan banal y común como cambiarnos de ropa sin que esto altere nuestra esencia o algo muy radical como cirugías plásticas que condicionan una variante total de nuestra apariencia. Algo así como el “ser o no ser” que planteó William Shakespeare (1564 – 1616) en un soliloquio, de la obra Hamlet, específicamente en el acto tercero y la escena primera. De la misma forma en la que esta es una de las citas más recurridas en la literatura universal, así podemos visualizar a la COVID-19, como una enfermedad que puede tener variantes tan extremas, como la generación de un problema de salud banal o asintomático, o una probabilidad de morir que, si bien es de 5% al 10% en una forma global, representa un peligro extremo en personas con los factores de riesgo que se han repetido hasta el cansancio, por las autoridades en salud a nivel mundial. Por esta razón, los países con poblaciones particularmente más añosas, tienen saturadas sus instalaciones sanitarias, mientras regiones con un mayor número de jóvenes, no hemos llegado a colapsar en nuestros servicios de salud pública.

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Pero esto nos marca una serie de fenómenos dignos de tomar en cuenta y ante los que debemos de tener una particular atención.  Puede darse el caso de que mutaciones en el SARS-CoV-2 no solamente conviertan a este agente biológico en un patógeno más agresivo para la gente joven, como lo es el virus de la influenza sino, además, llegar a ser más contagioso, condición que ya se ha identificado en los nuevos cambios que exhibe este microbio en diversos lugares del mundo.

He de confesar que ya estoy aburrido, cansado, hastiado y fastidiado de estar leyendo documentos de coronavirus. Es una especie de morbosidad por estar al día, considerando una enfermedad producida por un agente biológico que puede ser totalmente distinto a lo estudiado, en un tiempo relativamente corto. Lo que es una verdad hoy, mañana puede ser falso.

Esto genera una incertidumbre que nos llena de ansiedad, pues nadie sabe a ciencia cierta lo que va a pasar. Estamos literalmente inermes, desarmados, impotentes y desamparados ante un futuro que paradójicamente nos muestra la vulnerabilidad del género humano.

En el artículo que mencionaba al principio de este documento, mencioné que la COVID-19 nos tiene en una alerta extraordinaria. Virólogos a nivel mundial están estudiando en una forma asombrosa y sorprendente a este virus, pero su variabilidad genética condicionará un comportamiento tan impredecible como imprevisible. Uno esperaría con deseos genuinamente positivos, que la pandemia ya se acabe con una variación genética que esté a nuestro favor; sin embargo, hay más probabilidades de que esto evolucione a algo peor. Con esto, uno puede deducir que puede suceder, de la misma forma en la que se da la enfermedad producida por el virus de la influenza que, por estar mutando año con año, nos obliga a vacunarnos, precisamente año con año.

Al margen de que la vacunación representa una opción prometedora para controlar la pandemia de SARS-CoV-2, no debemos de confiarnos ni esperar a que esto se resuelva en una forma rápida o espontánea. En este sentido debemos de ser humanísticamente empáticos con nuestros semejantes y entender que en la medida en la que yo me cuide, cuidaré a los demás.

No es posible predecir lo que sucederá en las futuras semanas, meses o años, pero lo que constituye un hecho es que somos vulnerables ante los agentes biológicos que si bien, pueden ser de utilidad extraordinaria en nuestras vidas (gracias a ellos tenemos un reciclaje que de no existir implicaría que viviésemos en un mundo de cadáveres), también pueden tener una participación fundamental en el riesgo de que prevalezcamos como especie en este mundo. En efecto somos débiles ante la naturaleza y debemos de visualizar que dentro de lo que hemos llegado a considerar nuestra postura de “seres superiores” en efecto compartimos nichos biológicos que nos equiparan al más pequeño y humilde de los seres vivos.

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