Una reforma de fondo

Con afecto, para Rosa Icela

La modificación al sistema de pensiones para los trabajadores inscritos en el IMSS, que se acordó hace días, fue todo un acontecimiento inesperado. Algo que no se tenía como asunto prioritario en la 4T.

Que de mil 250 semanas (24 años) de cotización para un trabajador baje a 750 semanas (14 años) y que la bolsa para la jubilación aumente de 5.15 por ciento a 13.87 por ciento, sin que el gobierno y los trabajadores eleven sus cantidades que deben aportar, es una enorme noticia para aquellos que actualmente ven que después de una vida no tendrían las entradas suficientes para su existencia en sus últimos años.


Actualmente, un trabajador que gana 10 mil pesos mensuales, al final de su historia laboral percibiría como jubilación la horrorosa cantidad de tres mil pesos. Con la nueva ley obtendrá siete mil o más. En este último caso si el individuo empieza a ahorrar un poco más de su salario.

Así pues, se le está haciendo justicia a los trabajadores, se les reduce un poco a las ganancias a las empresas (que, debemos señalarlo, continuarán manejando billones de pesos), los sindicatos no tendrán que elevar sus descuentos y el gobierno aportará lo de siempre, sin ver mermados sus recursos, los cuales son magros ahora.

El acuerdo lo firmaron en Palacio Nacional, el presidente Andrés Manuel López Obrador; el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Carlos Salazar, y el capataz de la CTM, Carlos Aceves del Olmo.

Algo realmente insólito, ya que el distanciamiento entre López Obrador y Salazar Lomelí era evidente desde hace tiempo, y Aceves del Olmo es un viejo charro sindical, cuya central jamás había defendido a los obreros, más bien se beneficiaba de la representación para obtener negocios y cargos políticos y posiciones en las legislaturas.

Pero lo más asombroso, hasta el opositor más férreo de Andrés Manuel, el señor Gustavo de Hoyos, que encabeza la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), señaló que el acuerdo era importantísimo y eso permitiría al gobierno federal tener el suficiente dinero para impulsar la infraestructura gubernamental.

Estamos, qué duda cabe, en tiempos insólitos, ya que en medio de una pandemia que se extiende sin darnos tregua, una crisis económica que va a ser más larga y profunda de los que se esperaba y una polarización social evidente todos los días, se llega a un acuerdo que beneficia a más de 25 millones de mexicanos que en los próximos ocho años y en adelante no verán un futuro tan oscuro como el que esperaban con temor. Ahora saben que tendrán un fin de vida menos dramático.

Hay que en recordar que, en 1997, se funda la Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores), las cuales posibilitarían que al bajar los recursos estatales y ampliar las posibilidades del sector privado, el ahorro que hicieran los trabajadores les permitirían retirarse con un ingreso digno y suficiente.

 No fue así, ya que el dinero aportado, manejado básicamente por inversoras, se destinaba a negocios no muy claros, se les cobraba sumas elevadas por manejar su lana a los empleados (todavía la sangría a los ahorros de los mexicanos es muy alta) y al final se les daba una cantidad que era irrisoria.

Esta salida muy neoliberal, que se puso en práctica en Chile de Pinochet inicialmente, no sólo fracasó, sino especuló con fondos de los obreros y llevó a una crisis más profunda de lo que la novela de terror más rebuscada hubiera concluido.

Ahora se corrige el rumbo, se alienta la inversión, se dignifica el trabajo y se posibilita que el gobierno no tenga muchos conflictos que litigar por demandas entre asalariados y patronos.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sólo el 25 por ciento de los trabajadores que entraron a este sistema se podía retirar con el dinero suficiente para no estar en la precariedad. Y eso que no se incluían en este asunto si el empleado tenía vivienda y posibilidades de ayuda para su existencia.

Es cierto que falta hacer un nuevo esquema para los trabajadores informales. También, y lo dijo López Obrador el jueves 23, es indispensable que las pensiones de los afiliados al ISSSTE se mejoren (La Jornada, 24 de julio), pero esto vendrá, aseguró el ejecutivo, cuando levantemos un poco más la economía.

Gran victoria de la 4T. Y que el marido de Victoria Ruffo, el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, diga que lo importante es salvar vidas y no una reforma de este calado, es parte de la politiquería y la ceguera del alumno de Jesús Murillo Karam, el de la “verdad histórica”.

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