Un plan muy corto ante un gran problema

Luego de especular mucho acerca de la presentación de Andrés Manuel López Obrador en un Palacio Nacional casi vacío (lo que llevó a Raymundo Rivapalacio y a Raúl Trejo Delarbre, titular sus columnas como: El gran solitario de Palacio, tomando el nombre de la novela de René Avilés Fabila contra Díaz Ordaz y donde se ensalza el movimiento de 68), lo que vimos fue un informe de gobierno de la actual administración, más que un plan económico de recuperación ante la  grave crisis mundial y social que estamos viviendo en el siglo XXI, de proporciones incalculables.

Que la conmoción actual no tiene precedente, así lo calificó el Financial Times, publicación que defendía con todo a la empresa privada y atacaba a los gobiernos que intervenían en la economía. En su publicación reciente llamó a que el Estado intervenga en muchos sectores, especialmente salud, economía, educación y otros más. Ello porque la convulsión en dichos sectores muestra el fin del neoliberalismo, algo que ya habían señalado Joseph Stiglitz, Paul  Krugman, Zizek y varios pensadores de gran trascendencia.

Tan lo entendieron los principales líderes del capitalismo actual que Estados Unidos destinará 15 por ciento de su PIB para enfrentar la crisis y dará mil dólares a quienes lo soliciten sin mayor problema; y es que hay diez mil muertos por el Covid-19, entre ellos una decena de policías y el 15 por ciento de esta fuerza se encuentra contagiada. Mientras Alemania, por su parte, pondrá en juego el 30 por ciento del PIB con el fin de reactivar su casa y ampliar los servicios de salud y educación.


España e Italia, igualmente, han demostrado que el recorte a los servicios esenciales: salud, educación, trabajo, vivienda, etcétera, ha sido una barbaridad y el bichito tan mentado demostró que todo estaba Patas pa Arriba, recordando un libro muy conocido de Eduardo Galeano.

México, empero, sólo utilizará el dos por ciento de su PIB para esta contingencia. Y en voz de López Obrador supimos que estamos ante una amenaza económica, de salud y social pasajera. La solución, pues, según el ejecutivo, es profundizar sus programas sociales (desde la primaria hasta adultos mayores, pasando por los jóvenes construyendo el futuro), y no rescatar como lo hicieron gobiernos anteriores a las empresas o banqueros que se han enriquecido durante años sin aportar nada a la sociedad.

Aunque el asunto no es tan simple. Por ejemplo, el mandatario de Portugal, Marcelo Rebelo de Souza, afirmó que es el momento que los banqueros regresen el dinero que les dieron hace años por la crisis y lanzó una moratoria de seis meses por parte del gobierno para que los ciudadanos y empresas, pequeñas y medianas, puedan volver a la acción.

Por otro lado, 70 ex presidentes de naciones y líderes mundiales, encabezados por el ex secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, hicieron un llamado ante esta crisis para salir adelante y señalaron “todos los sistemas de salud están tambaleándose en todas partes” y si no detenemos la pandemia a nivel mundial, reaparecerá y prolongará la crisis actual.

Pidieron al G 20 ser más proactivo. Destinar mil millones de dólares a la OMS, tres mil millones para vacunas del coronavirus y otras enfermedades que están renaciendo (viruela y más) e incluso 2, 250 mil millones de dólares para terapias en esta crisis y después de ella. Se esperan, dijeron, 900 mil muertes en Asia y 300 mil en África. Que el FMI ayude ampliamente a países emergentes; el Banco Mundial aporte 25 mil millones de dólares a los más pobres; el BIRF saque la cartera con esa cifra o más a quienes lo necesitan y que se condonen deudas a infinidad de naciones.

En México, el especialista Hernán Gómez Bruera (El Heraldo, 6 de abril), muy afín a la Cuarta Transformación, señaló que la crisis que viene aquí no será pasajera, durará cuando menos tres años, el PIB bajará de 4 a 8 por ciento, se perderán alrededor de siete millones de empleos y no tendrán mayor repercusión obras como Dos Bocas y el Tren Maya, si llegan a concluirse en la presente administración.

Los pronósticos del CCE, de Carlos Salazar Lomelí, que antes estaba muy cercano a López Obrador, son más catastróficos, pero lo más importante es que insistió en no pagar al fisco de golpe sino en plazos, y dijo que sus propuestas jamás se evaluaron.

Para la Asociación de Bancos de México, que encabeza Luis Niño de Rivera (ligado a Ricardo Salinas Pliego), es ridículo dar dos millones de créditos a 6.5 millones de pequeñas y medianas empresas; apuntó que la construcción de diferentes obras está parada y hace once meses se esperan proyectos como el energético y no se avanza.

Estamos, pues, en un momento donde López Obrador sigue con su estrategia sin tomar en cuenta a muchos sectores, especialmente los de clase media que votaron por él. Y presenta tres iniciativas controvertibles: quitar el aguinaldo a los burócratas (según Manuel Fuentes en La Silla Rota, 6 de abril, esto no puede llevarse a cabo según el artículo 127 constitucional), la devolución de tiempos del Estado a radio y televisión y la desaparición de fideicomisos culturales y científicos.

Se necesita, no cabe duda, una reunión muy amplia para evitar la polarización y trazar la unidad nacional, como señalan algunas voces de intelectuales y dirigentes importantes (Cuauhtémoc Cárdenas, entre ellos).

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