Los peregrinos que viajan de Puebla a la Ciudad de México para venerar a la virgen de Guadalupe enfrentan un nuevo peligro: los asaltos que bandas sin escrúpulos cometen en la zona de Río Frío y que no respetan ni siquiera a quienes llevan el objetivo de ir a dar gracias por los favores recibidos o pedir algún milagro.
La Jornada de Oriente platicó ayer con varios fieles que tomaron la carretera federal México-Puebla y la autopista y todos coincidieron en que más allá del riesgo que les representa ser arrollados -si es que van a pie o en bicicleta- o colisionados -en caso de que se trasladen en vehículos motorizados- por camiones de carga, tráileres o autos compactos que circulan como bólidos, ahora hay bandas que se dedican a robarles.
“Ya nos pasó el año pasado que nos quitaron un coche y le pegaron a mi esposo, ahí por Río Frío. Íbamos en una camioneta y tres hombres que nos agarran cuando nos paramos y nos fueron a aventar por una barranca y luego se llevaron la camioneta. No se vale, no respetan ni que uno va a ver a la mamá da Dios nuestro señor”, exclamó Tiburcia Hernández López, quien ayer fue entrevistada en las inmediaciones de Cuautlancingo.
La mujer poco se animó a hablar del delito que sufrió, mientras su marido se mostraba hosco con el reportero.
Algunos acompañantes que escucharon la conversación entre La Jornada de Oriente y la declarante ayer por la tarde, afirmaron también que la zona de Texmelucan también es peligrosa por los asaltos, pero se negaron a dar más detalles.
Otros peregrinos aseguraron que los asaltos no se los cometen sobre las carretera sino ya en territorio del estado de México y la capital. Mencionaron que en la zona de Chalco e Ixtapaluca varios creyentes, incluso familias, han sido víctimas de robos por bandas locales.
Devoción
No obstante, la mayoría de los peregrinos con los que esta casa editorial pudo platicar ayer, manifestaron que no tienen temor a lo asaltos.
Cada 12 de diciembre, la carretera federal México-Puebla se convierte en un río de fe y devoción. Desde las primeras luces del día, el asfalto vibra con el andar de miles de peregrinos provenientes de Puebla y otras regiones cercanas, todos con un solo destino: la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. A pie, en bicicleta, o montados en camionetas adornadas con imágenes religiosas, los fieles avanzan en busca de cumplir promesas, agradecer milagros o simplemente venerar a la Virgen de Guadalupe.
Preparativos y salida
En el amanecer de este 12 de diciembre, los puntos de reunión en Puebla, como los barrios de Analco y Xanenetla, se llenan de actividad. Entre rezos y cantos, los peregrinos ultiman detalles: algunos ajustan los pedales de sus bicicletas, mientras otros revisan que las antorchas que portarán durante el trayecto estén listas para ser encendidas.
Entre ellos está María, una madre de tres hijos que por cuarto año consecutivo realiza esta peregrinación. “Le pedí a la Virgencita por la salud de mi hija, y me lo concedió. Ahora vengo a darle las gracias”, cuenta emocionada. A su lado, su hija menor lleva una pequeña imagen de la Virgen en las manos, envuelta en flores de papel.
La travesía por la carretera
La carretera, generalmente dominada por vehículos, cede este día a los pasos firmes de los fieles. Algunos grupos avanzan entonando cánticos al ritmo de guitarras y tambores. Otros lo hacen en silencio, como un acto de reflexión personal. No faltan las mantas que ondean al viento, llevando mensajes de fe: “Gracias, Virgencita, por tu protección” o “Madre de todos los mexicanos, ruega por nosotros”.
Entre los más llamativos están los ciclistas. Decoran sus bicicletas con luces, imágenes de la Virgen y guirnaldas que brillan en la penumbra. Juan Carlos, un joven que se unió a este grupo por primera vez, explica: “Es un esfuerzo físico, pero más que nada espiritual. Cada pedalazo es un agradecimiento”.
En varios puntos del camino, se improvisan estaciones de descanso. Vecinos de localidades como San Martín Texmelucan y Huejotzingo ofrecen café caliente, pan y agua a los peregrinos. Algunos colocan altares temporales con imágenes de la Virgen, velas y flores.
Retos en el trayecto
Aunque la devoción mantiene el espíritu elevado, el camino no está exento de desafíos. El clima frío de la madrugada cala en los huesos, mientras que el tráfico vehicular representa un riesgo constante. Grupos de protección civil y voluntarios se despliegan para garantizar la seguridad, marcando carriles exclusivos y brindando primeros auxilios a quienes lo necesitan.
Pedro, un hombre de 65 años que camina apoyado en un bastón, relata: “Sí, duele. Las piernas ya no son lo que eran, pero cuando veo la Basílica al final, todo vale la pena”.
La llegada a la Basílica
La primera vista de la Ciudad de México, con sus luces parpadeantes en la distancia, provoca un murmullo de emoción entre los peregrinos. Al entrar a la capital, la procesión se encuentra con otras caravanas provenientes de distintos puntos del país, creando un tapiz humano que inunda las calles que conducen a la Basílica.
Para María, el momento de llegar al templo es indescriptible. “Es como si todo el cansancio desapareciera. Aquí, frente a ella, uno se siente en paz”.
Para muchos, la travesía no termina al dejar la Basílica. El camino de regreso, aunque menos concurrido, está lleno de reflexiones. Las promesas cumplidas este año se transforman en nuevas metas, asegurando que el próximo 12 de diciembre el río de peregrinos volverá a inundar la carretera México-Puebla.


