Trump amenaza de nuevo

Luego de que el cuatro de noviembre pasado, en los límites de Chihuahua y Sonora, fueran agredidas por un grupo armado 17 personas (tres mujeres adultas y 14 menores entre niños y niñas), de las cuales fueron asesinadas las tres mujeres y seis menores, los integrantes de la familia LeBarón, a la que pertenecían todas las víctimas, le pidieron a Donald Trump, calificar a los cárteles de la droga que operan en México como “organizaciones terroristas”. De inmediato, Trump anunció que su gobierno había estudiado, desde hacía algún tiempo, la necesidad de calificar a los cárteles mexicanos como “organizaciones terroristas”.

Esta pretensión puede traer graves implicaciones para la relación bilateral entre México y Estados Unidos, así como para la vida interna de nuestro país; primero, porque la política antiterrorista estadounidense se sustenta en diversas disposiciones caracterizadas por su autoritarismo en lo interno, lo cual puede significar la intensificación de la persecución de migrantes y, en seguida, debido a que, dada la experiencia en el Medio Oriente y en muchos otros lugares, esa política se define por un desprecio a la soberanía nacional, en tanto admite la intervención armada en cualquier país que sea acusado de permitir la existencia de las organizaciones terroristas y no combatirlas como decide Estados Unidos que hay que hacerlo. Esto significa combatir a las “organizaciones terroristas” –aunque no lo sean– en cualquier parte del mundo y para eso Washington se pinta solo.

Pero, esto, con toda la gravedad que implica, no es todo, sino que esa clasificación puede significar también dejar como facultad discrecional del presidente estadunidense la imposición de sanciones económicas a los países que, a su juicio, no estén cumpliendo satisfactoriamente con el combate a las actividades terroristas. Así lo ha hecho con Venezuela y Cuba, naciones a las que, por diferencias políticas, se les califica de terroristas, para frenar los procesos emancipatorios, dañando a los pueblos que resisten heroicamente esos embates.


Por fortuna, el canciller Marcelo Ebrard, de inmediato, salió al paso para señalar que la pretensión de Trump era inadmisible, pues implicaba la injerencia estadounidense en asuntos que son de la exclusiva incumbencia de los mexicanos y su gobierno.

Por su parte, el presidente López Obrador, dijo, sin perder la serenidad, pero de manera contundente; “colaboración sí, injerencia no”.

Pasando a otro tema, se inició el 2 de diciembre y concluye mañana la Vigésimo Quinta Conferencia de la Convención Macro de la ONU (COP25), encaminada a frenar la contaminación ambiental y al parecer será una reunión catártica donde todos nos alertan de la catástrofe, no que viene, sino que ya está viviendo el planeta. La reunión, al parecer, será tan inútil como el Protocolo de Kioto (1997) o el Acuerdo de Paris (2015), que sólo han logrado aumentar las preocupaciones y hacer campañas contra el uso de…popotes. Trump niega la realidad del cambio climático y el calentamiento global y no tomará medida alguna para evitar más daño, lo que lo convierte en el ecocida número uno del mundo.