Del trueque de Cholula ha cambiado lo que se intercambia y no su práctica: Sergio Suárez

Un fotógrafo cruza de manera solitaria el zócalo de San Pedro Cholula. Su lente se quedó buscando el tradicional trueque que realizaban comerciantes, el día 8 de septiembre, durante la fiesta anual realizada en honor a la virgen de los Remedios. Esa imagen, casi inédita, refleja lo que sucedió este año a causa del Covid-19: la suspensión por vez primera de este trueque tradicional. 

El arqueólogo Sergio Suárez fue el encargado de llevar a los internautas por un recorrido virtual, visual, de anécdotas y de fuentes coloniales por este acto cultural que tiene sus orígenes en la época prehispánica con los tianguis de la propia Cholula, así como de Huejotzingo y Xochimilco, por ejemplo. 

Acompañado por el fotógrafo José Zamora, con quien en 2009 construyó un libro sobre el trueque de Cholula, el encargado de la sección de Arqueología en el Centro en Puebla del Instituto Nacional de Arqueología e Historia (INAH) refirió que en un tianguis como este, el tlapatiotl en náhuatl, ha cambiado no su práctica sino lo que se intercambia: de pieles, animales, objetos preciosos y cotidianos como las conchas o las vasijas anaranjado delgado, a piezas de plástico, de ornamentación y de otros rumbos, como las de origen chino. 


En el tianguis y el trueque de Cholula, dijo Suárez, se cambia una especie por otra: aguacates por manzanas, nueces por incienso, maderas por cobre, pero nadie se va con las manos vacías no solo de mercancías sino más que eso, pues los mercaderes mesoamericanos se aprendían los lugares a donde iban, si había fiestas, pues la gente iba esperarlos y a despedirlos. 

Señaló que, en la época de contacto, a los españoles no les tocó la fiesta de la virgen de los Remedios, pero sí ver el mercado y no dudaron de escribir y dejar constancia de ello, hablando de mercancías particulares como la cerámica prieta, de la región de Oaxaca, o de la policroma que sí se hacía en Cholula, una ciudad alfarera importante en época prehispánica. 

El arqueólogo continuó que quienes producían sus productos, llegaban y buscaban a donde quedarse. Incluso, Motolinía dice en uno de sus escritos que se está construyendo los arcos de Cholula y ahí se quedaban los que llegaban.  

Diego de Durán, en su caso, escribió que “hoy en día los naturales de aquella ciudad permanecen en el trato y contrato de la mercadería, corriendo todos los lugares de la tierra, muy apartados y remotos, como Guatemala. 

También Bernardino de Sahagún, en su Historia general de las cosas de la Nueva España, señala que “estos mercaderes discurren por toda la tierra comprando una parte y vendiendo en otra lo que habían comprado”. Incluso, refirió Sergio Suárez en su charla, una de las cosas que llamó la atención de Bernal Díaz del Castillo fue la cerámica, destacando además “lo que habrán visto los conquistadores en el mercado”, que era “más que en la Europa medieval de la que venían ellos”. 

Juan de Torquemada notó que “había y hay hoy en día en toda esta tierra de Anáhuac, en muchos de sus pueblos, mercados que ellos llaman tianquiztli, y son los lugares donde salen a sus contrataciones, tan grandes y tan espaciosos que no se sabe que ciudad del mundo que más anchurosos los tenga”, en referencia a “ciudades y pueblos grandes como Tlaxcala, Cholula, Huejotzingo, Texcucu y Xuchimilco”. También Torquemada escribe que al tianquiztli acuden “todos los pueblos de la laguna, era de manera que la gente que se juntaba en este tan grande mercado, que apenas se podía andar por él a caballo ni a pie”. 

El jefe de la sección de Arqueología del Centro INAH Puebla señaló que los mercaderes mesoamericanos se establecían a veces en los tianguis, aunque en su mayoría andaban de uno a otro para hacer canjes y arreglos de lo que intercambiaban. 

Dijo que, en Cholula, el contacto religioso y comercial se constata con la arqueología: existen caracoles marinos, utensilios de pasta crema fina naranja o desgrasante de mica o concha que no hay en la alfarería local, así como estrellas de mar y caracoles marinos. En el museo de sitio de Cholula hay una vitrina con ejemplos de ello. 

Refirió que el antropólogo Guillermo Bonfil Batalla en una obra sobre Cholula refiere al mercado y lo describe como “un sistema de intercambio de raíz prehispánica” que continúa siendo un factor de integración regional, al establecer un circuito de concentración y mercadeo en el área, que condiciona rutas y relaciones de una región. 

Basados en datos de cronistas -expuso Sergio Suárez- se distinguen varios tipos de comercios: un tianguis que funcionaba cada cinco días, otros que abarcan un área mayor de la región cholulteca con comerciantes locales, y las ferias a las que acudían peregrinos y comerciantes. “Durán dice que los cholultecas hacían una soberbia fiesta a Quetzalcóatl, el cual era el dios de los mercaderes; mientras que Bonfil anota que los mercaderes cholultecas también acudían a regiones distantes, a donde llevaban productos del altiplano para cambiar o vender”, concluyó.