El sorpresivo deceso de Christian Benítez en Qatar ha empequeñecido todo lo ocurrido en la semana con su apabullante carga de dura y lóbrega verdad. Cuando la muerte llega –y más si es de manera tan inesperada, prematura, brutal–, su peso aplasta la frivolidad propia del tema deportivo y arrincona su condición de divertimento ligero y amable, aunque nos guste jugar con su temática como si fuese trascendente y grave. Es como si, de súbito, la fuerza de lo real se abriera de pronto ante nuestros pies, sin duda menos fuertes y hábiles que los del llorado Chucho, pero igual de frágiles y perecederos.
El desconocimiento de la lengua, el fatal aislamiento de la pareja BenítezChalá en un desierto de aparente lujo, incluso la coincidencia con el Ramadán, que impone un perfil muy bajo a todas las actividades en el mundo islámico, han podido contribuir al trágico desenlace. Pero contra el destino nadie la talla, que dijera sabiamente el tango. Miguel Herrera haría bien en guardar respetuoso silencio y dedicar su energía al recuerdo de lo mejor que El Chucho haya dejado. Que fue bastante. Para su equipo, en su país y en el futbol en general, sin contar las prendas personales que sin duda tuvo. Entre otras, la autoimpuesta obligación de ver por su extensa familia, misma que lo impulsó a buscarse la vida de tantos donde mejor pudieran remunerarle su trabajo.
Que no era precisamente en el América.
Su paso por las canchas
Christian Rogelio Benítez Betancourt había nacido en Quito hace 27 años (01.05.86) y falleció en Doha el pasado lunes (29.07.13). Con 12 años se incorporó a El Nacional de su ciudad natal, y el Santos Laguna lo contrató por primera vez en 2007; allí recibiría el premio al Mejor Jugador del Clausura 2008, cuando su equipo se coronó y él contribuyó con 10 anotaciones. En 2009 pasó al Birmingham City de la Premier League, pero no logró afianzarse como titular y al año siguiente estaba de nuevo con el cuadro verdiblanco de Torreón, con el que se consagró por primera vez campeón de goleo en México al anotar 16 goles en el Clausura 2010. Pero a finales de 2011 forzó su pase al América argumentando que los niveles de inseguridad reinantes en la ciudad norteña le hacían muy peligrosa la vida a él y su familia. Más influyó, sin duda, la atractiva oferta de las Águilas.
Como es bien sabido, con el club de Coapa fue factor fundamental en la obtención del título del reciente Clausura 2013, y se coronó campeón goleador en los tres torneos jugados con las Águilas (con 14, 11 y 12 goles respectivamente), antes de pasar, hace apenas mes y medio, al Jaish SC, de la liga de Qatar.
Su cuota de anotaciones en México, con esos cuatro campeonatos de goleo, es sin duda considerable, aunque está lejos de las de ilustres antecesores como Evanivaldo Castro Cabinho y José Saturnino Cardozo. Ha sido, por cierto, el cuarto ecuatoriano campeón de la Primera División mexicana. Los anteriores: Ítalo Estupiñán (con Toluca en 1974–75 y con Puebla en 1982–83), Alex Aguinaga (1994–95, 95–96 e Invierno 98, siempre con Necaxa) y Agustín Delgado (Necaxa, 1994–96).
Benítez jugó 58 veces para la selección de Ecuador entre 2005 y 2013, anotando en total 24 goles. Participó en un partido del mundial Alemania 2006 (octavos de final) como sustituto de Félix Borja en el Alemania 3, Ecuador 0. Y era titular indiscutible del equipo que actualmente marcha 2º en la clasificación sudamericana para Brasil 2014.
Su último club fue el El Jaish SC de la Liga de futbol de Qatar en el momento de su muerte.
¿Y el Chepo?
De santos se habrán dado los del pacto gavillero porque, gracias a la impactante muerte de Christian Benítez, su decisión sobre la continuidad de José Manuel de la Torre al frente del Tri ha pasado punto menos que inadvertida. De por sí impopulares y con fama de autistas –para todo lo que nos sea en beneficio de la tele–, contravenir de ese modo el público clamor les habría obligado a explicar lo inaceptable, ellos que ni siquiera para lidiar con lo simple son verbalmente duchos.
En fin, que la quiniela sobre El Chepo la decidieron entre la premura –septiembre, mes decisivo para la eliminatoria mundialista, ya está aquí nomás– y la ausencia de candidatos para suplir al villano de la telenovela Desamores que vuelven. Sigo pensando que México tiene las cartas para Brasil 2014 en la mano, y muy torcida tendría que venir la mano para que no lo lograra salir avante.
Por cierto, resulta irrisorio que los publicronistas nos vengan ahora con que la Concacaf ha mejorado mucho de nivel, y es esa la fuente de nuestra incertidumbre y desvelo. Allí, el único futbol realmente a la alza es el panameño –gracias en buena parte al gran trabajo de Dely Valdés–, pues es claro que Estados Unidos, Costa Rica, Honduras y Jamaica han pasado por momentos mucho mejores que el actual.
No quisiera, en cambio, mencionar una vez más qué selección del área es la que más bajo ha rodado. Su nombre empieza con eme.
Pasen y vean
Como si de homenajear anticipadamente al Chucho se tratara, el Apertura 2013 ha abierto con goles y más goles, para todos los gustos y sabores. Se lleva la palma el misil teledirigido que Daniel Ludueña, rematando desde atrás de la raya de medio campo, le clavó al portero neoleonés Palos –por cierto, Tigres está teniendo un inicio peor que el del Puebla. Pero el líder de la especialidad es por ahora el imprevisible Ángel Reyna, que los está haciendo por pares y hasta por tríos para el renacido Veracruz. Otra tripleta de enorme mérito y belleza cuajó el colombiano Jefferson Montero, aunque no sirviera para evitar la derrota del Morelia ante el Toluca (3–4).
Y como homenaje a quien fue destacado ariete de sus respectivas causas, no estuvo nada mal la exhibición del América ante el Atlas (3–0) ni la del santos frente al Querétaro (20.
En fin, que por goles no hemos parado. Ya se verá si nuestra Primera División, presa habitual de la monotonía, mantiene paso tan espectacular o, tras la inesperada llamarada inesperada, regresa a su tediosa rutina de siempre.
Franja en alerta amarilla
Mirando el partido del sábado –Jaguares–Puebla, en feudo chiapaneco, un 4–2 que de milagro no fue peor– uno podía preguntarse cuál de los dos es el equipo al que los López Chargoy dedican haberes y desvelos, y cuál el superfluo, simple producto de la viciosa multipropiedad. Respuesta sencilla si nos atenemos al paseo que se llevaron los camoteros en la segunda mitad, pero más difícil de entender si se atiende a los refuerzos conseguidos para cada cual: puros cartuchos quemados del lado de la franja, en contraste con las interesantes incorporaciones recibidas por el antiguo San Luis.
Especulaciones metafísicas aparte, resulta preocupante comprobar que el Puebla juega con una defensa de papel de china, un medio campo al que no le alcanza con el despliegue de Noriega, cuyos esfuerzos se pierden por falta de acompañamiento, y un ataque atenido a los chispazos eventuales de un Chango Moreno individualista y excedido de kilaje. Parece mentira que los dirija Lapuente, uno de los apóstoles del equilibrio táctico y la buena defensa.
Por lo pronto, tres puntos después de cuatro partidos son un pésimo augurio, de cara a la lucha por no descender. Y como el espectáculo marcha acorde con tan pobre rendimiento, no nos extrañemos si las entradas en el estadio Cuauhtémoc continúan bajando, anuncio de que la fiel afición está perdiendo las ilusiones que con tanta fuerza prendieran durante la etapa del Chelís.
