Lunes, julio 22, 2024

Trata de personas, el despojo de la corporalidad viviente

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Un cuerpo, la mayoría de las veces un cuerpo femenino o feminizado, es despojado, arrebatado de forma violenta en su corporalidad viviente. El pellejo, al servicio del capital. Eso es de manera llana, la explicación de la explotación que realiza el capitalismo de la vida de las personas, pero que, en el contexto de la trata de personas, el despojo de la vida y el pellejo es literalmente lo que resulta arrebatado. 70 por ciento son mujeres. Por cada 10 personas  víctimas de trata, 5 son mujeres adultas y 2 son niñas. También se sabe que, por cada caso identificado, existen aproximadamente 20 casos no reconocidos o denunciados como tráfico de personas.

La ley del valor, la lógica de la acumulación, es la forma en que el capitalismo nos ha organizado la vida por más de 500 años; es una lógica donde nuestra vida la jugamos como consumidores, como productores de mercancías o cómo mercancías mismas. Para el caso de la trata de personas, el cuerpo de quienes son traficadas es considerado una mercancía de la cual se obtendrá una elevada ganancia hasta que dicho cuerpo perezca o se convierta en desechable. El tráfico de personas para la explotación sexual continúa siendo el principal objetivo de esta cruel e ilícita actividad, las mujeres y niñas explotadas sexualmente, son también usadas para el trabajo forzado y obligadas a involucrarse en las actividades ilícitas de la trata como enganchadoras de otras víctimas.

La trata enmarca condiciones adversas de origen. El mayor número de persona víctimas de trata proviene de países empobrecidos, de comunidades en condiciones de extrema pobreza, hogares con altos niveles de riesgo y violencia doméstica, personas indocumentadas, personas de color, y principalmente cuerpos femeninos o feminizados, de tal forma que la condición de clase, género, origen étnico, estatus migratorio y discapacidad, entre otros, se convierten en factores de riesgo que son aprovechados por las redes criminales de traficantes de personas.

La propiedad privada en el modo de producción capitalista, se hace visible en la forma en que unos se apropian de los cuerpos de otras, el libre mercado, la competencia, y las leyes de la oferta de demanda son evidentes en los procesos del tráfico de personas. La industria del entretenimiento en su expresión más violenta. El flujo del capital, el cuerpo de la persona víctima de trata, es puesto al mercado, comprada, vendida, rentada. Su cuerpo despojado, al servicio del capital es arrebatado de su humanidad para ser cosificado como un objeto sexual desechable, como si se tratara de una máquina o, incluso, para después de usarse convertirse en un recipiente de órganos que pueden ser igualmente vendidos.

Las cifras siguen siendo alarmantes y sabemos que la mayoría de estos casos quedan impunes o no son identificados ni denunciados. En el contexto de la pandemia, la problemática, se ha recrudecido, el aumento de las condiciones de extrema pobreza y el desempleo, elevan los niveles de vulnerabilidad de las mujeres en los países con mayor índice de traficantes. El uso de las redes sociales y la Internet, se han convertido en herramientas para el tráfico de personas. La economía de la amenaza, la coerción y la violencia que nos ha impuesto el capitalismo, resultan fundamentales para que la trata sea posible.

La urgencia de desmantelar las redes criminales involucradas en la trata de personas, requiere de políticas integrales para la prevención y erradicación de estas formas de violencia contra los cuerpos y las vidas de las personas. El protocolo de Palermo, que es el instrumento de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, establece diversos mecanismos y se propone estrategias que pueden prevenir y erradicar la trata de personas. Algunas iniciativas se centran en la prevención y fortalecimiento de recursos y capacidades a la población en condiciones de riesgo, otras más están centradas en los mecanismos de colaboración internacional para desmantelar las redes criminales a escala global. Sin embargo, esto resulta insuficiente, puesto que la raíz del problema está en cosificar los cuerpos como mercancías para cubrir una demanda del consumo de los mismos.

El verdadero trasfondo del problema, es la forma en que la vida de las víctimas de trata, resulta fundamental para la acumulación de capital. El dedo en la llaga es reconocer que los cuerpos explotados sexualmente y esclavizados laboralmente, se insertan en la lógica de la acumulación de capital y en las múltiples violencias que este sistema nos ha impuesto y normalizado, convirtiendo, así, a la trata de personas en una de las más rentables y crueles expresiones del despojo de la corporalidad viviente que impone sobre nuestros cuerpos el capitalismo heteropatriarcal.

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