Sábado, noviembre 27, 2021

Todo lo bueno, sin la presencia humana

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Hace 35 años, el 26 de abril, en Chernóbil, Ucrania, tuvo lugar uno de los accidentes nucleares más graves de la historia junto con el de Fukushima en Japón en 2011, por su nivel 7 en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares. El de Chernóbil se produjo por una explosión en el reactor nº4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania, que en ese momento pertenecía a la Unión Soviética, misma que estaba ubicada a 3 kilómetros de la ciudad de Prípiat -la más afectada al ser creada para los trabajadores-, a 18 kilómetros de la ciudad de Chernóbil y 17 de la frontera con Bielorrusia.

Este accidente suele ser incluido entre los grandes desastres medioambientales de la historia ya q la descomunal cantidad de material radiactivo provocó alarma internacional al detectarse radioactividad en al menos 13 países de Europa Central y Oriental y la nube radiactiva que se formó, se propagó sobre el resto de Europa por acción del viento contaminando en mayor medida Bielorrusia, Polonia, Checoslovaquia y Ucrania, extendiéndose por 162 mil kilómetros cuadrados que abarcaron a Europa y América del Norte. Esta radioactividad fue 500 veces mayor que la liberada por la bomba atómica arrojada por Estados Unidos de Norteamérica en Hiroshima en 1945. La mayoría de material radiactivo se encuentra hoy enterrado bajo el suelo.

Los efectos del desastre en ese entonces reforzaban la idea que Chernóbil y sus entornos permanecerían como un sitio inerte y hostil para cualquier manifestación de vida, como una zona de exclusión comprendida en un área de 30 kilómetros alrededor del reactor nuclear, y que durante siglos sería un sitio contaminado donde sería imposible volver a ver plantas y animales. Pero la fuerza de la manifestación de vida de animales, insectos y plantas de distintas especies ha encontrado en Chernóbil su refugio lejos de la humanidad. Desde ese fatídico 1986, los asentamientos humanos desaparecieron completamente del lugar, pero la flora y fauna encontraron en los alrededores y el bosque una oportunidad única para habitar sin la presencia del hombre.

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Germán Orizaola, especialista español en Radio Ecología y director del grupo de investigación en Ecología Evolutiva en Ambientes Extremos de la Universidad de Oviedo, en distintas ocasiones ha visitado Chernóbil para comprender más de las poblaciones animales que hoy habitan el área prohibida para los humanos. En un artículo para The Conversation, Orizaola explicó que la zona de exclusión es hoy un área rica en biodiversidad, con “bisontes, lobos, linces, caballos de Przewalski, además de unas 200 especies de aves, entre otros muchos animales e insectos”.

El doctor en Biología compartió los resultados del proyecto TREE (por sus siglas en español: Transferencia, Exposición y Efectos) que se encarga de analizar los efectos de la radiactividad en los humanos y la vida salvaje: las fotografías captadas por años en la zona de exclusión muestran “fauna abundante en todos los niveles de radiación”, además captan por primera vez la presencia de osos pardos y bisontes europeos en el área. Y a pesar de que se han detectados algunos efectos negativos en individuos (especialmente en insectos y aves), Orizaola considera q las poblaciones son “abundantes y perfectamente funcionales en el área”.

Según el científico, la presencia de plantas y animales sin mayor daño en Chernóbil podría explicarse a partir de distintos factores: desde una resistencia mayor a la radiación de la que se creía, pasando por la hipótesis de que la adaptación de algunas especies ha ocurrido a marcha forzada para sobrellevar la radiación, además de la favorable ausencia de humanos en los alrededores.

De ahí que el sitio que hace algunas décadas era considerado una catástrofe ambiental, hoy sea “un excelente laboratorio natural para el estudio de la evolución en ambientes extremos”. Al grado q la importancia que reviste Chernóbil como reserva natural hace de esta área un auténtico refugio de vida salvaje para especies amenazadas, todo sin la presencia humana en esta zona.

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