Tiempos de reconciliación: hombre y naturaleza

“La tierra será como sea el hombre”, dice un proverbio náhuatl. Esta máxima anticipó lo que hoy vive el mundo; lo peor no queda ahí, el mundo sigue avanzando aceleradamente hacia una crisis humanitaria donde se imponen personalidades patológicas que abonan a una sociedad rígida, egocéntrica, inmoral, soberbia, insensata, moralista, pero incongruente y destructiva.

La profecía apocalíptica habla de una renovación de todas las cosas, un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de ser, y el mar no existía más. Esto nos lleva a reflexionar sobre la urgente necesidad de hacer ajustes a la conducta humana, dejar de creer que la vida es una jungla sólo para los fuertes. Es inconcebible tanta inhumanidad, disparidad, voracidad, opulencia, excesos, abusos, desprecios, arrebatos y quebrantos de unos pocos que se sienten dueños de la vida; contrario a las multitudes que van sorteando la vida con modestia, escasez, frugalidad y pobreza.

Parafraseando a Mahatma Gandhi: “La tierra proporciona abundancia para todos, pero no para la avaricia de unos pocos”.  Con toda certeza, esos pocos están acabando con la tierra, acumulando tanto como si fueran a permanecer por siempre; no quieren cambiar los modelos, ni estilos de producción y consumo; no quieren reducir sus ganancias, todo se mide en dinero; están dispuestos a subir la escalera pasando por encima de cualquiera, aplastar, someter, mentir o aniquilar individuos o masas con tal de conservar lo que han conquistado y seguir acumulando sin límites; pero si los deseos son infinitos,  la naturaleza es finita y está exhausta.


La tierra, como ente biológico dañado, seguirá respondiendo al comportamiento del hombre, y aunque a través de procesos evolutivos renacerá y las generaciones humanas dejarán de ser si no se renuevan. El Covid–19, sea agente infeccioso natural o arma biológica artificial, es una señal de alerta a la conducta humana. La vida no tiene por qué correrse aprisa, todos los procesos del universo obedecen a un orden en tiempo y espacio, su alteración se traduce en caos, confusión, abusos y pánico como está ocurriendo; o nos renovamos o colapsamos.

Si así lo quiere el consenso humano, los bosques podrán regenerarse, habrá manantiales de agua cristalina, tendremos oxígeno y aire limpio, la fauna silvestre resurgirá en ecosistemas equilibrados,  los ríos y arroyos correrán alegremente, la tierra volverá a ser fértil para producir alimentos saludables asequibles para todas las familias, habrá alimento para el ganado libre de anabólicos, la educación será de calidad para todos, habrá condiciones dignas de vivienda y empleo,  la medicina y los servicios médicos serán universales y asequibles, la fraternidad y bien común abundará ante las enfermedades o catástrofes naturales, la industria será amigable, sustituyendo la productividad por la cooperación solidaria.

La abundancia volverá a la tierra solo construyendo una colectividad con el corazón para reconciliarse y renovarse a través de valores morales y espirituales, quedando atrás el egoísmo, avaricia, indiferencia, soberbia y rencores; mientras tanto, esta utopía seguirá vigente.