Viernes, agosto 19, 2022

Thunderheart

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En 1992 tuve la oportunidad de ver en el cine la película Corazón de Trueno (Thunderheart, 1992) del británico Michael Apted (1941- 2021), director inglés de proyectos como Gorky Park (1983), Gorilas en la Niebla (1988), Nell (1994), Medidas Extremas (1996) 007: el Mundo no Basta (1999), entre muchas otras cintas. La traigo a cuento pues la volví a ver recientemente y me sorprendió su pasmosa vigencia. Se trata de un filme de suspenso bastante adecuado, donde se combinan la investigación policiaca con tintes de activismo político y reivindicación de los pueblos originarios de Estados Unidos. La trama se desenvuelve en territorio de Dakota del Sur en una reserva Lakhota Sioux, lugar en el que ocurre el asesinato de un joven sioux. Para investigarlo, se destina a un novato agente del FBI Ray Levoi (Val Kilmer) quien será acompañado y tutorado por el experimentado agente Frank Coutelle (Sam Shepard) que no sólo lleva años en el FBI, sino que ha trabajado la zona a detalle. Se suman a la trama Graham Greene interpretando a un investigador de la policía de la reserva (Walter Crow Horse) -eterno actor indio en películas de los noventa- y un corrupto “líder” de la reserva llamado Jack Milton (Fred Ward). Levoi, mestizo con sangre sioux que se remonta sin que él sepa a generaciones atrás, ve a lo largo de la cinta cómo su identidad se va transformando junto con la investigación que revela un entramado bastante sórdido que involucra ganancias millonarias para unos y pérdidas irreparables para otros, nada nuevo si nos fijamos en los siglos y siglos de despojo, desplazamiento forzado, violaciones, asesinato y franco genocidio que han vivido los pueblos originarios en América desde la llegada de los Europeos al continente. Ya he hablado bastante al respecto en esta columna, pero poco lo he hecho sobre los pueblos del norte del Río Bravo. No adelantaré gran cosa de la película, simplemente diré que se deja ver sin problemas y para aquellos que nos interese hablar de ese despojo descrito arriba, dice lo que tiene que decir. Ahora me explico.

La película está basada en dos acontecimientos en específico que sucedieron en territorio de los Oglala Lakhota, en la Reservación Indígena Pine Ridge en Dakota del Sur, Estados Unidos, en la década de los 70 del siglo pasado. Primero, la ocupación de la Oficina de Asuntos Indígenas del poblado denominado Wounded Knee por los Oglala junto con miembros del denominado Movimiento Indígena Americano (American Indian Movement, AIM) y miembros de otras etnias que se sumaron más adelante, en protesta por los abusos cometidos por el entonces líder comunitario Richard Wilson a quien ellos acusaban de corrupción y de beneficiarse con los apoyos gubernamentales. La ocupación del lugar duró 71 días (de febrero 27 a mayo 5 de 1973) en que los Oglala desistieron de la ocupación después de la muerte de tres activistas del movimiento -uno de ellos de la misma comunidad- y de la muerte de un agente del FBI. El ocupar Wounded Knee tuvo un carácter simbólico esencial, pues en esa población sucedió una desgracia en 1890 cuando soldados del 7mo Regimiento de Caballería del Ejército de los Estados Unidos masacraron de forma inclemente a alrededor de 300 personas (las cifras no son concluyentes) entre hombres, mujeres y niños. Tal acontecimiento fue liminar en la historia de los pueblos originarios de Estados Unidos y como afirma Juan Alberto Bozza en su artículo “Pasado y presente en la resistencia de los pueblos originarios de Norteamerica” (2020), publicado en la Revista Aletheia de la Maestría en Historia y Memoria de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, “El sometimiento de las comunidades aborígenes de Norteamérica concluyó en la década de 1890. Para la época, la expansión de la frontera había consumado el expolio, la deportación, el exterminio de algunas tribus y el encierro en reservaciones, territorios sometidos al gobierno federal privados de los beneficios del crecimiento económico de la nación. El hundimiento de las condiciones materiales y espirituales de existencia no fue el único padecimiento. La crónica y la literatura de masas edificaron una representación del pasado que estigmatizó las actitudes de los indios frente a los hombres blancos. También la producción de Hollywood acuñó un relato épico de la conquista del Oeste que presentaba a los indios como comunidades gobernadas por la violencia y el odio irracional hacia los hombres civilizados”. En efecto, desde ese momento, los ya de por sí agotados pueblos originarios vieron su marginalidad garantizada. Sin embargo, los movimientos para la recuperación de los derechos, identidad y memoria de los pueblos originarios (First Nations) de esas latitudes que iniciaron en los años sesenta, dotarían de un nuevo impulso al rescate de estas culturas. Hubo numerosas manifestaciones a favor de la ocupación de Wounded Knee y de la defensa de los pueblos originarios en general y entre los más célebres podemos mencionar la protesta realizada por Marlon Brandon que en 1973 se negó a participar en la ceremonia de los Óscar (obtuvo el galardón a mejor actor por su participación en El Padrino) y en su lugar envió a una mujer integrante de la nación Apache.

El segundo acontecimiento en que se basa la película ocurrió el 26 de junio de 1975 en el poblado de Oglala, también en la Reservación de Pine Ridge en Dakota del Sur, cuando dos agentes del FBI ingresaron al territorio supuestamente siguiendo a un sospechoso y participaron en un tiroteo con habitantes de la zona que culminó con su muerte. Como podrá imaginarse quien lea estas líneas, el FBI hizo todo por buscar a los culpables y encontró a tres: Dino Butler y Bob Robideau que fueron capturados en territorio norteamericano y Leonard Peltier que fue capturado en Canadá y extraditado a Estados Unidos para su juicio y posterior encarcelamiento. Mientras los dos primeros tuvieron un juicio ciertamente “imparcial” y quedaron libres pues el jurado admitió la “defensa personal” como el argumento principal de los abogados defensores de los acusados -pues la comunidad se encontraba muy afectada por los acontecimientos de apenas unos años atrás y sintieron que fueron atacados y se defendieron- , Peltier no tuvo tanta suerte y fue sentenciado en 1977 a dos cadenas perpetuas consecutivas y hasta la fecha espera su liberación. De hecho, Apted lanzó en 1992 un documental paralelo a su película “Thunderheart” para abordar la problemática: “Incident at Oglala”. El documental contó con el apoyo económico de Robert Redford quien además funge como narrador en la cinta. Como se podrá imaginar, el juicio está plagado de irregularidades e interpretaciones a medias, pero que lograron convencer al jurado (donde no había indígenas, por cierto) de que Peltier era el demonio encarnado y que había ejecutado a ambos agentes. A la fecha existe un movimiento muy importante para la liberación de Peltier que no sólo enfrenta problemas serios de salud (recientemente sobrevivió al Covid), sino que se trata de un prisionero político, según argumentan sus defensores e incluso Amnistía Internacional. Existe incluso ya una petición por parte de este organismo dirigida al presidente Biden y que dice lo siguiente: “Se ha presentado ante usted la petición de indulto de Leonard Peltier, en la que se solicita la conmutación de su pena. Muchas personas y entidades han pedido su liberación por motivos humanitarios a lo largo de los años, entre ellas el Congreso Nacional de Indígenas Americanos y varias personas galardonadas con el premio Nobel, entre ellas el fallecido arzobispo Desmond Tutu. En fechas más recientes, el presidente del Comité de Asuntos Indígenas del Senado, senador Brian Schatz, lo ha instado a usted a conceder el indulto, conforme al compromiso de su gobierno de “reparar los errores del pasado” en el sistema de justicia penal. (…) Leonard Peltier siempre ha mantenido su inocencia en el asesinato de dos agentes del FBI durante un enfrentamiento con miembros del Movimiento Indígena Americano en la reserva indígena de Pine Ridge (Dakota del Sur) en 1975. Existen serios motivos de preocupación sobre la imparcialidad y fiabilidad del proceso judicial que llevó a su juicio y declaración de culpabilidad en 1977. Esta preocupación ha impulsado a pedir el indulto al exfiscal que supervisó al equipo de la acusación después del juicio”.

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Tanto en la cinta de ficción “Thunderheart” como en el documental “Incident at Oglala” encontramos un discurso diferente al que habíamos observado en numerosos productos audiovisuales anteriores procedentes de Estados Unidos. La imagen de esos hombres blancos maravillosos que iban a “civilizar” el viejo Oeste arrebatándoselo a los “salvajes” que lo habitaban. Por supuesto, al hacerlo, ayudaron a la construcción de esa “gran Nación”, esa de las masacres en escuelas primarias, la de los índices estratosféricos en obesidad, cáncer, diabetes y los peores síndromes conocidos por la humanidad. Una nación que se siente orgullosa de ser la representante de la modernidad y de su modelo económico y político que ha afectado al mundo completo. Es una nación racista y segregacionista, ya sea que meta a sus pueblos originarios en reservaciones o que fuerce a otros grupos (como afroamericanos, latinos o asiáticos) en guetos y barrios marginales. Hay que recordar que en 1992 poco o nada se hablaba de los problemas de estos pueblos y, pese a que desde entonces encontramos varias cintas y documentales al respecto, se siguen ocultando las vejaciones y abusos contra estos pueblos. En la cinta -perdóneseme el desliz al develar algo de la trama- se exhiben intereses mineros detrás del conflicto. ¿Acaso no siempre en el despojo a nuestros pueblos existe la minería, la energía limpia, el monocultivo moderno y un largo etcétera? También vale decir que en esos años setenta se vivía una lucha al interior de las comunidades entre dos posturas constrastantes: una que buscaba la recuperación de su pasado y que fueron clasificados como tradicionalistas, y una postura que estaba más vinculada a la “modernización” y la negociación con las autoridades. De hecho, estos acontecimientos se suman a los de otros movimientos civiles que se vivieron en Estados Unidos, como los de las comunidades afroamericanas, el chicano, encabezado por César Chávez o el gay en San Francisco y las constantes luchas de los grupos feministas en todo el territorio. Todos fueron perseguidos de una manera u otra pues cuestionaron el estado de las cosas y reclamaron un espacio frente a esa sociedad blanca patriarcal y de corte claramente colonizador.  Como dice John Trudell en el documental, uno de los participantes del movimiento (y actor también en la película “Thunderheart”), “Nosotros fuimos quienes fuimos en nuestra generación, atrapados entre el pasado y el futuro, en una sociedad que quiere negarnos un presente”. Y ese presente todavía no llega.

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