Martes, agosto 9, 2022
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En Territorios, Santiago Arau propone mirar la devastación y la esperanza del cambio

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El artista de la lente Santiago Arau (Ciudad de México, 1980) propone ver al mundo como estaba y como está ahora para poner en medio un cuestionamiento: el pensar cómo estará en 20 o 50 años no sólo en detrimento sino con la “esperanza de cambio” que el ser humano, también autor de la devastación, puede provocar.  

Tras un viaje emprendido por el país durante varios años, ayudado en la altura alcanzada por su dron y las fotografías logradas con esa nueva herramienta, el fotógrafo presenta en el Museo Amparo -2 Sur 708, Centro Histórico- la exposición Territorios que estará vigente del sábado 11 de septiembre y hasta principios de enero de 2022. 

En Territorios, la imagen de la Iztaccíhuatl propone esa idea: que es en su parte más alta donde se entiende el cambio climático, pues donde ahora hay un hoyo de 40 metros antes había un glaciar. “Es como estar en un lugar distinto”, reflexionó el artista al presentar las piezas de inicio y final en las que aparece primero un cráter vacío y luego un brillante glaciar fotografiado en blanco y negro. 

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Durante una conferencia de prensa acompañado por Ramiro Martínez, director del Museo Amparo, y por Sofía Ize Ludlow y Gabriela Velázquez Robinson, directoras de Fundación BBVA y de Fomento Cultural de BBVA, respectivamente, Arau señaló que el proyecto ha ido evolucionando: de ser un libro ya publicado, a tener exposiciones en el Antiguo Colegio de San Ildefonso de la Ciudad de México y en Tokio, Osaka e Hiroshima, en Japón, hasta llegar a Puebla. 

En esta ciudad, expuso, se exhibirán más de 116 piezas, 60 de ellas nuevas, material audiovisual y otras 20 imágenes del Archivo fotográfico ICA que desde su juventud fueron una inspiración, y en las que aparecen espacios como la UNAM en 1950 o Cholula en 1940. De las inéditas, destacó una fotografía importante para él:  una imagen de 2020 de una erupción del Popocatépetl tomada desde Atlixco que en su fumarola imita la silueta de la República Mexicana, en la idea del cierre de seis años de viaje por el país. 

Mediante un recorrido virtual dijo que Territorios, que toma ese concepto en la idea de que México es muchos territorios, se divide en varios temas que empiezan en torno al origen geológico con imágenes de mediano formato sobre el volcán Popocatépetl y su compañera la Iztaccíhuatl, en la que aparece un glaciar ya extinto por el calentamiento global.  

En otra sala aparecen temas sobre la ciudad, territorios poblados y montañas habitadas en Tijuana, Ciudad Neza o Boca del Río, que parecen ciudades. “Es de lo que va la exposición: de la sorpresa que hay a partir del uso de drones aparecen imágenes que son estereotipos y otras que no”, expuso y dijo que ejemplo de ello es la fotografía sobre Ayotzinapa, la cual es “una idea, un movimiento social de importancia política e histórica por la tragedia, que aparece ahora en territorio: cerca de Chilpancingo, debajo de una carretera, en un entendimiento distinto que resulta de ver desde arriba al ver los contextos”.  

Acotó que también se habla de la devastación del paisaje: minas, una contingencia ambiental en Ciudad de México, casi habitual en la urbe, así como un rancho ganadero con más de 300 mil cabezas de ganado que se ven como algo abstracto, pero que al acercarse deja ver cada una de las 300 mil vacas que serán sacrificadas. Indicó que es una técnica de mosaico que incluye 100 imágenes que ayudan a cuestionar la manera en que se produce y se consume actualmente. 

Destacó la pieza sobre el basurero del Bordo de Xochiaca, un basurero a cielo abierto en la Ciudad de México con mares y mares de plástico que se integran en una sola fotografía abstracta, como “una pintura surrealista”. “Hay un elemento que dice que hay algo que los seres humanos en este momento de la historia no hacemos bien. Es compartir la ansiedad, el miedo, la preocupación. La consecuencia de estos sentimientos es debido a los espacios en los que estamos viviendo”, refirió el artista. 

Santiago Arau mencionó que en Territorios también hay “temas simpáticos” como la Quebrada de Acapulco, en donde la clásica escena del clavadista a punto de entrar en el mar, se ve ahora desde arriba, desde el vértigo antes de hacer el salto. Luego aparecerán “fotografías en formatos grandes que podrían pasar por pinturas”: el Río Bravo en Matamoros, entre Estados Unidos y México, entre la frontera y el muro, “entre la estupidez de que exista una barda que llega hasta el mar”. En ella, por su alta definición, se ven las aves migratorias que dan la idea de que la migración tiene sentido, y no así la barda que no permite entrar y/o salir. “La frontera tiene una cualidad: de arriba es contemporánea, como una pieza, una intervención de barda oxidada; pero en el fondo es terrible, con dos mundos y su división, con conceptos que los separan”. 

 

Acotó que en otra sala las imágenes dan cuenta de la diversidad del país: los manglares, los desiertos, las sierras, los mares y sus colores que parecen pinturas abstractas, y los bosques con árboles antiguos. “Todas las fotografías tienen su historia: subir al Iztaccíhuatl por la noche, ser ´comido´ por mosquitos en los manglares, ser detenido por personas en el norte del país que dejan ver el peligro de viajar por México. Es una sensación extraña decir lo maravilloso y lo contrario de no poderse mover y vivir con miedo”. 

Para cerrar, Arau señaló que si la exposición Territorios empieza con el origen geológico, termina con el pasado histórico: Monte Albán y Teotihuacán tomado desde un globo aerostático, hasta Cuicuilco y su edificio redondo, o Mayapán, con fotografías en blanco y negro que “podrían no tener un sentido en la exposición”, pero que están para mostrar que la fotografía sirve como un documento importante que ya existía, y que hay inspiración para hacer lo que hizo como artista. “Es una necesidad humana de entender dónde estamos parados. Dar escala y entender la relación con el espacio y la geografía. Me tranquiliza esta mirada aérea y al mismo tiempo me hace cuestionar aspectos ecológicos, culturales, históricos y políticos. Las imágenes tienen esa capacidad”, concluyó.

 

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