Martes, enero 13, 2026

Soberanía sí: ¡Todo el poder al Pueblo!

Vivimos el gusto de nuevos triunfos de los pueblos en lucha en Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y ojalá en Estados Unidos. Nos referimos no sólo a los triunfos electorales contra las fuerzas fascistas y golpistas en Bolivia o en el plebiscito chileno para modificar la constitución surgida de la dictadura de Augusto Pinochet. Hablamos de batallas ganadas en plazas, calles disputadas a policías y militares, comunidades originarias que defienden territorio y vida, asambleas y cabildos populares en barrios urbanos y localidades rurales. Triunfo también de los combates al racismo gringo, a la gubernatura criminal de Donald Trump. Y victorias en las diarias batallas de jóvenes, y principalmente de mujeres, exigiendo reproducir la vida digna contra cualquiera de los múltiples proyectos de muerte del capitalismo patriarcal, racista y depredador.

Las victorias se han expresado también en la configuración de nuevas condiciones, utilizando variadas formas de lucha según las condiciones de fuerza acumulada para cada caso: los cortes de caminos y rutas; los paros nacionales, la defensa comunitaria ante militares y paramilitares; los proyectos de autogestión, autonomía y de muchos autogobiernos; los parlamentos y cabildos populares, donde las asambleas ya no son peticionarias sino constructoras del poder del pueblo. Es una acumulación que también arrasa con los votos contra partidos y políticos profesionales, quienes no representan, salvo contadas excepciones, a esos actos de la verdadera soberanía popular.

Los medios mercantiles, los partidos e intelectuales conformes con las reformas y hasta los gobiernos, militares, sectas y partidos hipócritas que esconden su fascismo en la “fiesta democrática” electoral, difunden otra realidad: la de representar a ciudadanos que, en lo individual, acudieron a las urnas desconfiados, porque se les prohíbe romper el cerco de la democracia formal, cuestionada por los pueblos con sus debates, decisiones y acciones directas y desde abajo.

El sector preocupado por reformas que los repongan de la caída de los gobiernos del “progresismo” extractivista, se contenta con el triunfo “pacifico”, para todos, “para ricos y pobres” de las fuerzas de recambio en los Estados. Algunos de ellos reconocen la obligada necesidad de la autocrítica, pero otros cuestionan a errores pasados de sus partidos y líderes progresistas -algunos muy recientes-, con la idea de que hay que “buscar la conciliación y moderarse”, calmar los “conflictos” evitar “disturbios” con las oligarquías, con el imperio y hasta con las derechas fundamentalistas.

Nada de esta visión reformista y de los esfuerzos de esos políticos, medios y partidos del sistema, puede ser la base de los triunfos populares logrados y por logra en la lucha soberana de los pueblos sus comunidades, colectivos, sindicatos y barrios proletarios. Cuenta sí como alianzas en la acción y compromisos con “compañeros del camino” en las coyunturas recientes ante la feroz escalada de represión, expropiación y engaño que han padecido nuestros pueblos en este capitalismo salvaje, tanto neoliberal como desarrollista.

Por eso cuando en otros pueblos como el argentino, el mexicano crece la alegría por los avances de los pueblos hermanos, vale la pena detenerse a pensar si la posible integración de economías en el continente, la barrera al avance de derechas fascistas y racistas, la gobernanza formal y legitima conseguida por partidos de vuelta de anteriores derrotas, pensar si toda esa ganancia de las representaciones desde arriba, puede olvidar que son los pueblos en lucha la semilla, los primeros frutos y la fuerza acumulada para nuevas metas, radicalmente diferentes por ser soberanas, por construir el poder popular y buscar la autodeterminación de la vida libre en armonía con la Madre Tierra. Las banderas  de los pueblos lo dicen: La lucha sigue: TODO EL PODER AL PUEBLO.

Para derrotar al fascismo, reconocer que es una respuesta fallida a la crisis capitalista*

William I. Robinson, 25 de octubre de 2020

Pocos estarían en desacuerdo a la luz de los acontecimientos recientes de que el régimen de Trump, sus partidarios de la supremacía blanca más acérrimos de extrema derecha y elementos del Partido Republicano están compitiendo por un golpe de Estado fascista. Si este golpe de Estado sigue siendo insurgente o si es rechazado dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos en las elecciones del 3 de noviembre y sus secuelas, y de la capacidad de las fuerzas progresistas y de izquierda para movilizarse para defender la democracia e impulsar una agenda de justicia social como contrapeso. al proyecto fascista.

Esta lucha puede beneficiarse de la claridad analítica sobre a qué nos enfrentamos, el análisis que vincula la amenaza del fascismo con el capitalismo y su crisis. He estado escribiendo sobre el surgimiento de proyectos fascistas del siglo XXI en todo el mundo desde 2008. Si bien un proyecto de este tipo se ha estado gestando en los Estados Unidos desde principios del siglo XXI, entró en una etapa cualitativamente nueva con el surgimiento del trumpismo en 2016 y parece acelerada cuando se acercan las elecciones.

En el panorama más amplio, el fascismo, en su variante del siglo XX o XXI, es una respuesta de extrema derecha a la crisis capitalista, como la de la década de 1930 y la que comenzó con el colapso financiero de 2008 y ahora ha sido enormemente intensificado por la pandemia. El trumpismo en los Estados Unidos; Brexit en el Reino Unido; la creciente influencia de los partidos y movimientos neofascistas y autoritarios en toda Europa (Polonia, Alemania, Hungría, Austria, Italia, los Países Bajos, Dinamarca, Francia, Bélgica y Grecia) y en todo el mundo (como en Israel, Turquía, Filipinas, Brasil e India), representan una respuesta de extrema derecha a la crisis.

[…] Morfología del proyecto fascista

La escalada del discurso velado y también abiertamente racista desde arriba tiene como objetivo llevar a los miembros de este sector blanco de la clase trabajadora a una comprensión racista y neofascista de su condición.

La crisis actual del capitalismo global es tanto estructural como política. Políticamente, los estados capitalistas enfrentan crisis de legitimidad en espiral después de décadas de dificultades y decadencia social provocadas por el neoliberalismo, agravadas ahora por la incapacidad de estos estados para manejar la emergencia sanitaria y el colapso económico. El nivel de polarización y desigualdad social global no tiene precedentes. El 1 por ciento más rico de la humanidad controla más de la mitad de la riqueza del mundo, mientras que el 80 por ciento inferior tuvo que conformarse con solo el 5 por ciento de esta riqueza. Desigualdades tan extremas solo pueden sostenerse con niveles extremos de violencia estatal y privada que se prestan a proyectos políticos fascistas.

La economía mundial está sumida en una crisis de sobreacumulación o estancamiento crónico, agravada por la pandemia. A medida que aumentan las desigualdades, el sistema produce más y más riqueza que la masa de trabajadores no puede consumir. Como resultado, el mercado global no puede absorber la producción de la economía global. La clase capitalista transnacional no puede encontrar salidas para “descargar” los billones de dólares que ha acumulado. En los últimos años, se ha volcado a niveles alucinantes de especulación financiera, al asalto y saqueo de los presupuestos públicos y a la acumulación militarizada o la acumulación mediante la represión. Esto es cómo la acumulación de capital llega a depender cada vez más de los sistemas transnacionales de control social, represión y guerra, como el estado policial global se expande para defender la economía de guerra global de las rebeliones desde abajo.

El fascismo busca rescatar al capitalismo de esta crisis orgánica; es decir, restaurar violentamente la acumulación de capital, establecer nuevas formas de legitimidad estatal y reprimir las amenazas desde abajo sin las restricciones democráticas. El proyecto implica una fusión del poder estatal represivo y reaccionario con una movilización fascista en la sociedad civil. El fascismo del siglo XXI, como su predecesor del siglo XX, es una mezcla violentamente tóxica de nacionalismo reaccionario y racismo. Su repertorio discursivo e ideológico involucra el nacionalismo extremo y la promesa de regeneración nacional, xenofobia, doctrinas de supremacía racial / cultural junto con una movilización racista violenta, masculinidad marcial, militarización de la vida cívica y política, y la normalización – incluso glorificación – de la guerra, la sociedad violencia y dominación.

Como su predecesor del siglo XX, el proyecto fascista del siglo XXI depende del mecanismo psicosocial de dispersar el miedo y la ansiedad masivos en un momento de aguda crisis capitalista hacia las comunidades que han sido chivos expiatorios, ya sean judíos en la Alemania nazi, inmigrantes en Estados Unidos o musulmanes. y castas inferiores en India, y también a un enemigo externo, como el comunismo durante la Guerra Fría, o China y Rusia actualmente. Busca organizar una base social masiva con la promesa de restaurar la estabilidad y seguridad a aquellos desestabilizados por las crisis capitalistas. Los organizadores fascistas apelan a la misma base social de esos millones que han sido devastados por la austeridad neoliberal, el empobrecimiento, el empleo precario y la relegación a las filas de la mano de obra excedente, todo muy agravado por la pandemia. A medida que se ha extendido el descontento popular,

La ideología del fascismo del siglo XXI se basa en la irracionalidad: una promesa de brindar seguridad y restaurar la estabilidad que es emotiva, no racional. Es un proyecto que no distingue entre la verdad y la mentira.

El llamado fascista se dirige en particular a sectores históricamente privilegiados de la clase trabajadora global, como los trabajadores blancos en el Norte Global y las capas medias urbanas en el Sur Global, que están experimentando una mayor inseguridad y el espectro de la movilidad descendente y la desestabilización socioeconómica. La otra cara de apuntar a ciertos sectores descontentos es el control violento y la represión de sectores que, en los Estados Unidos, provienen de manera desproporcionada de las filas de la mano de obra excedente, comunidades que enfrentan opresión racial y étnica, o persecución religiosa y de otro tipo.

Los mecanismos de exclusión coercitiva incluyen el encarcelamiento masivo y la expansión de complejos industriales-penitenciarios; legislación antiinmigrante y regímenes de deportación; la manipulación del espacio de nuevas formas para que tanto las comunidades cerradas como los guetos estén controlados por ejércitos de guardias de seguridad privados y sistemas de vigilancia tecnológicamente avanzados; vigilancia policial ubicua, a menudo paramilitarizada; Métodos de control de multitudes “no letales”; y la movilización de las industrias culturales y los aparatos ideológicos estatales para deshumanizar a las víctimas del capitalismo global como peligrosas, depravadas y culturalmente degeneradas.[…]

*Fragmentos del artículo Para derrotar al fascismo, debemos reconocer que es una respuesta fallida a la crisis capitalista*

LAS MENTIRAS DESDE EL PODER SOBRE EL COMPAÑERO URIEL

Con dolor de revolucionarios confirmamos la caída del compañero Uriel quien entregó su vida con alta dignidad por los grandes ideales de transformación, justicia social, soberanía y futuro de la humanidad.

Ha caído un auténtico guerrillero y ni él ni los demás luchadores verdaderos esperamos alabanzas ni clemencia de nuestros enemigos. Negar el carácter rebelde e insurgente de un dirigente revolucionario, desde las altas cúpulas del poder es una conducta tradicional de nuestros enemigos que hacen  de la mentira su predilecta arma política.

Por mucha fuerza que tengan sus medios de comunicación, la oligarquía  colombiana no puede ocultar la justeza de la rebelión y del alzamiento en armas de las juventudes populares, que no encuentran dentro del juego legal del sistema el indispensable espacio para luchar por las profundas transformaciones que necesita el país, y ese camino de rebeldía y dignificación, lo encontró Uriel en las filas del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Uriel se destacó y asumió el reto altamente riesgoso pero necesario de lo comunicacional en las redes sociales para llevar la voz del ELN al mundo, es eso lo incómodo para las elites dominantes, porque sabía confrontar su hegemonía  ideológica y política, por eso el empeño del Gobierno por desprestigiarlo y mostrarlo como delincuente y sus esfuerzos por silenciarlo a través de la fuerza.

Desde que al Comandante  y sacerdote guerrillero, Camilo Torres lo llamaron criminal y bandolero, no esperamos ninguna conducta benevolente ni objetiva de nuestros enemigos.

La caída de Uriel nos compromete aún más con los propósitos de cambio en Colombia y con las causas más nobles de la humanidad, ese es el mayor honor y reconocimiento que le rendimos a él y a quienes sacrifican la vida por lo que quieren, como la justicia el amor y la felicidad de los pueblos.

Dirección Nacional. Ejército de Liberación Nacional.

Montañas de Colombia. Octubre 28 de 2020.

www.elzenzontle.org

[email protected]

[email protected]

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