Sábado, noviembre 27, 2021

“Sigue calentándose la olla a presión de la lucha popular y volverá a estallar”

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Entrevista a Antonio García Primer Comandante del ELN de Colombia

Antonio García, es el dirigente del ELN que lleva más tiempo de manera ininterrumpida en la dirección nacional. Ha sido elegido en todos los eventos desde abril de 1982, cuando la Tercera Reunión Nacional de Responsables lo destacó como miembro del Equipo Auxiliar de la Dirección Nacional, que comandó el ex-sacerdote Manuel Pérez Martínez. Su función de jefatura, “no es una tarea a ejercer de manera personal […] Debo interpretar al conjunto de la Comandancia y de la Organización”, y al parecer advierte: “no puede haber espacio para voces individuales en la Organización y su Dirección Nacional”.

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R: La prolongación de la jornada del Paro Nacional del 28-29 de abril no sorprendió al ELN. ¿Las modalidades de lucha inéditas que lo caracterizaron, pondrían a la orden unas próximas acciones pre-insurreccionales. En ese caso, qué papel juega mantener en espera una Delegación de diálogo?

AG: Lo que aconteció fueron actos de rebeldía de la población, mamada de tanto abuso, de tanto atropello de la policía, es una respuesta a la barbaridad de la policía; fenómeno que viene desde hace rato. Lo nuevo es que esta  ”mamadez”  de la gente contra la policía hizo que le perdiera el miedo; porque si la gente no responde de esta manera estaba condena a la sumisión; por eso se dieron actos espontáneos de quema de los CAIs, acciones de resistencia contra el ESMAD; todos ellos, actos de sublevación espontáneos. Dicha sublevación está dentro de la legalidad, es lo que el gobierno no entiende, menos la policía y los militares, que cuando la autoridad incumple y se pasa de calidad, la gente tiene igual derecho a incumplir y se hace escuchar, el pueblo es el constituyente primario. No es lo mismo que un grupo de policías atropellen a la gente a que un grupo de gente no se deje atropellar por la policía, es lo que toca revisar. El pueblo es la fuente de poder, la policía tiene un poder o autoridad delegada por el pueblo.

La insurrección o pre-insurrección es algo que está en la cabeza del gobierno y las fuerzas militares como justificación para la represión, los asesinatos sistemáticos de dirigentes sociales. ¿Cuándo se ha visto un levantamiento insurreccional con escudos de canecas o con piedras como armas? Los escudos son un símbolo de resistencia, de valor erguido frente al uso desproporcionado de la violencia estatal, a las armas del ESMAD y de los paramilitares o militares vestidos de civil; es el infinito valor de los jóvenes, de sus madres y sus abuelos y abuelas.

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El conjunto de la población en ciudades y centenares de municipios, en los campos y desde los territorios indígenas y de las comunidades negras también se movilizó; contra la brutalidad de la policía y por las reivindicaciones largamente aplazadas, negadas e incumplidas por el gobierno. Lo novedoso ahora es el diálogo entre las distintas expresiones en movilización por identificar aspiraciones y procesos democráticos, que cuestionan la vieja forma se ser representados, que es otra forma de negarlos. En eso se quedó corto el Comité Nacional de Paro, igual los partidos políticos que dicen ser de centro o izquierda, más pendientes de las elecciones que en resolver las necesidades de la gente.

El gobierno se negó a conversar y establecer acuerdos con la gente. Igual como se encuentra nuestra delegación de diálogos en La Habana: sin interlocutor. El que queda mal es el que no asiste al diálogo.

R: Una revolución armada triunfal no cuenta hoy con escenario internacional y su bloqueo por parte de los aliados de la continuidad está cantado, siendo así y en el caso hipotético del triunfo del ELN, ¿cuáles serían las medidas de urgencia por implementar para impedir que tal realidad cumpla con sus propósitos?

AG: El ELN no piensa ni actúa en solitario. Una revolución o un cambio social es un fenómeno de multitudes, de grades conglomerados humanos, comunidades, organizaciones sociales y políticas. Toda sociedad sólo se propone metas que puede alcanzar, puede tardar mucho tiempo, pero se logran. Hablar de hoy, no quiere decir que ese tiempo sea presente, sino que se ha incubado hace décadas; así no veamos la fuerza que duerme en sus entrañas, como aconteció el pasado 28 de abril.

Triunfos armados en estos tiempos se han dado, Siria venció al resistir y mantenerse; Rusia no se ha dejado constreñir y ha defendido su entorno; Afganistán terminó controlado por el Talibán. Venezuela no pudo ser doblegada con múltiples conspiraciones militares y políticas y ahora adelanta un proceso de negociaciones para superar el bloqueo.

Un triunfo en Colombia, no sería del ELN, sino de un proceso de unidad y convergencia con amplios sectores sociales, organizaciones sociales y políticas, con base en un amplio consenso que tenga como centro la soberanía e independencia nacional, el interés nacional y las reivindicaciones más sentidas de los sectores desprotegidos, buscando una amplia participación social en la configuración de un nuevo gobierno.

Ni los triunfos políticos ni los militares que le apuestan al cambio social, se pueden sin un amplio respaldo de las gentes, igual la derecha se ha visto en apuros para sostenerse en los gobiernos, casos como el de Brasil, Perú, Argentina, son algunos ejemplos. Ahí también juega la fuerza militar para sostenerse, pues no solo se sostienen con fuerza política, la burguesía mete su fuerza militar y policial, como ha acontecido en Ecuador, Bolivia, Brasil y Haití entre otros; también ha quedado claro luego de las jornadas de lucha en Colombia la cantidad de líderes jóvenes asesinados, dirigentes judicializados, estamos ante un régimen militarizado y policivo. El reto es para ambos, los que tratan de mantenerse en el poder y de quienes buscamos vencer junto con las gentes.

(…) Publicamos fragmentos de la larga e importante entrevista, aparece completa en www.rebelión.org

 

 

Marxismo y Comunicación

Salvador López Arnal entrevista a Francisco Sierra Caballero, catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla.

Cuando habla de comunicación, ¿cómo deberíamos entender este concepto?

Básicamente como un proceso dialéctico de mediación social. Ahora, las definiciones de este campo de estudios son dispares y en exceso diversas pues estamos ante un ámbito tan vasto como complejo que comprende tanto procesos sociales como elementos naturales, que implica procesos físicos (pensemos en la fotografía y la óptica, o actualmente la realidad virtual) como culturales y antropológicos. Tratar de cerrar una definición unívoca y objetiva, aceptada sin reparos por la academia, ha sido hasta la fecha un empeño condenado a priori al fracaso. La Comunicología, de hecho, es, en la historia de las ciencias, una disciplina de menos de un siglo de historia. Todavía tiene por delante una agenda de investigación por resolver, más aún en un contexto de creciente determinación de la vida por los flujos de información. Pero respondiendo a su pregunta podríamos decir, desde la perspectiva estructuralista y las reflexiones de Lévi-Strauss sobre intercambio simbólico, que la comunicación, en términos materialistas, es un proceso de intercambio simbólico para la cooperación y la reproducción social.

¿Y cómo saber que un proceso de intercambio simbólico tiene como fin la cooperación social y la reproducción? Muchos intercambios simbólicos no parecen tener esas finalidades. ¿Qué serían procesos de incomunicación o de manipulación?

Esta es justamente la contradicción o trasfondo de toda mediación, en un sentido antropológico, la tensión o dialéctica entre comunicación como cooperación o la lógica de la competencia y el dominio. Desde una perspectiva materialista hemos de procurar la construcción de lo común, la comunicación como liberación, pero en la cadena productiva, como en el campo social, existe la disputa y captura del capital, sea económico, o simbólico, en el sentido de Bourdieu. Las mediaciones que manipulan o, lejos de contribuir a la autonomía, reproducen las brechas y desigualdades por la voluntad de dominio o control deben ser impugnadas como incomunicación. Paradójicamente, vivimos en la sociedad más interconectada y, a su vez, bajo el control de la desinformación y la guerra psicológica.

La comunicología, una ciencia aplicada de lo común. ¿Nos puede aproximar a este concepto?

En primer lugar, conviene advertir que, pese a lo que hemos aceptado como sentido común, la comunicación no es lo que convencionalmente denominamos medios de comunicación colectiva. En su cuarta acepción, la RAE define la comunicación como unión, no solo como transmisión de señales. Aunque no es muy apropiada la definición que hace la Academia de la Lengua, ya en su significado normativo presupone principios como el de reciprocidad. Si vamos a la etimología latina, sabemos además que la palabra remite al sustantivo latino “munis” que, de acuerdo al filósofo Roberto Esposito, presupone un sentido de deber u obligación, de puesta en común, lo que hace posible la vida en comunidad. Según mi colega brasileño, Muniz Sodré, la Comunicología es una ciencia aplicada de lo común, en la medida que su objeto es un problema de dialéctica del don, de compartir, de construir “communis”. En los estudios de Ciencias de la Comunicación, ha prevalecido una lectura cibernética, lineal, informacionista, que concibe la comunicación como difusión de contenidos, una lectura, diríamos en términos marxistas, distributiva y poco o nada productiva. Si, de acuerdo con Pierre Dardot y Christian Laval, el reto del siglo XXI es pensar lo común, retomar esta otra visión de la comunicación es determinante, pues de lo contrario reeditaremos visiones saintsimonianas que ya Armand Mattelart ha cuestionado en “Inventar la comunicación” e “Historia de las ideas y las estrategias”. Apuntar a esta otra concepción implica pensar la comunicación no como un problema de medios sino como una cuestión de mediaciones, una visión más dialéctica y menos positivista e instrumental, tal y como se puede observar en el origen de la sociedad industrial con los herederos de Comte o en los discursos sobre la llamada Sociedad de la Información.

Cuando habla de ciencia aplicada de lo común, ¿a qué se refiere el término común?

A lo que nos constituye como sujetos y actor social. Desde el lenguaje que compartimos al patrimonio inmaterial que nos define, como cultura popular, como imaginario, como parte de una colectividad.  La comunicación une, vincula, reúne, media, y es ese repertorio simbólico compartido, lo que constituye la esencia y objeto de estudio de la Comunicología.

“Fundamentos marxistas de teoría de la comunicación” es el título de la primera parte de su ensayo. ¿Cuáles han sido los principales autores de la tradición que han hecho aportaciones en este campo?

Hablábamos antes de la Escuela de Frankfurt, que es determinante en la fundación de la escuela crítica en comunicación, pero en la historia del pensamiento tenemos los aportes de Gramsci al estudio de la cultura popular y otros autores que normalmente no son considerados en la Comunicología como Bertolt Brecht. En este último caso, pocas veces los investigadores en comunicación citan sus reflexiones sobre la radio como sistema de comunicación o, por el contrario, cómo se impuso en Estados Unidos con las networks, la radiodifusión como sistema de distribución de contenidos. Ahora, Brecht nos aporta un método de análisis de lo real y, en sus escritos sobre teatro, apunta elementos a propósito del efecto V para deconstruir la representación de la cultura de masas como ideología. En esta línea, Juan Carlos Rodríguez es un maestro y autor ejemplar. Su obra da pautas para pensar qué es el inconsciente ideológico y cómo se reproduce socialmente a partir de la producción textual las relaciones de dominio en el plano simbólico. Cuando uno lee “Literatura de pobre” o, especialmente, “Teoría e historia de la producción ideológica”, un trabajo excepcional, podemos encontrar elementos basales para la construcción de una teoría marxista de la comunicación y la cultura. Es una lástima, por lo mismo, el escaso reconocimiento que ha tenido su contribución incluso en la tradición marxista. Creo que la universidad española y la academia están en deuda con él. Tenemos pocos teóricos relevantes en España, pero algunos como Juan Carlos Rodríguez bien merecen una lectura detenida y seguir aprendiendo de sus aportes para avanzar en el conocimiento de la mediación social. Por ello, reivindicamos la vigencia y actualidad del trabajo sobre la ideología que hizo en vida.

Ideología, ¿cómo entender este polisémico concepto?

Desde el punto de vista de la comunicación, hemos de entender la ideología como representación invertida, deformante y productiva, como dispositivo que modula imaginarios, emociones y la acción social. La ideología no es solo reproducción conforme a la noción canónica del principio marxista sobre el fetichismo de la mercancía. Hemos de retomar  tradiciones como la semiótica para comprender el juego que los medios y las mediaciones despliegan en nuestra cultura, como el principio de inversión y pensar la dimensión performativa del lenguaje, núcleo hoy en el activismo digital y los nuevos movimientos sociales. En el libro insistimos en aportes como los de Brecht y lecturas sobre las imágenes como las de Jameson y Didi-Huberman.

Extracto del inicio de la entrevista-Ver rebelión.org

www.elzenzontle.org

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