Segundo informe y Morena

Si alguna virtud tiene Andrés Manuel López Obrador, es la de ser congruente, es decir, dice y hace lo que piensa. Su segundo informe de gobierno, muestra tener claramente definido el proyecto de país que comenzó a diseñar desde su primera campaña electoral, (2006) y que fue precisado conforme mantenía una estrecha relación con la población, en sus siguientes dos campañas en busca de la presidencia. Será en la gesta electoral de 2018, cuando su proyecto maduró y se hizo más preciso logrando el abrumador apoyo de quienes sufragaron el primero de julio de ese año.

En la presentación de su segundo informe de gobierno, ante 70 invitados, mostró el Presidente su idea de lo que debe ser un servidor público; los 45 minutos que duró su informe, contrastaron con los informes de los presidentes prianistas, de la era neoliberal, caracterizados por el boato y la ostentación, muchas veces, de aquello de lo que carecían, por ejemplo, del apoyo popular y de ideas, suplidas con la exhibición de vanidades y poder. Ese día, recordaba Marco Antonio Moreno, era el “día del Presidente”, que se convertía en la figura central del show, y se le debía sumisión y obediencia: era el emperador, por sobre nombre Presidente de la República.

Las crónicas del evento, como había poco que decir del contenido de un informe lleno de cifras y conclusiones ininteligibles, se referían a la marca de ropa y al perfume usado por funcionarios y damas acompañantes; lo fotógrafos de prensa se divertían fotografiando a quienes “echaban una pestañita” hasta que sus propios y estentóreos ronquidos los despertaban; por supuesto, se anotaban las veces que  “el señor” había sido interrumpido con una cascada de “espontáneos” aplausos que iniciaban unos y lo seguían de pie todos los presentes esperanzados en que los viera “el señor” y comprobara su lealtad hasta la ignominia hacia el Ejecutivo y al gobierno que conducía, “con sabiduría y mano firme” para bien del país. Memorable es la abyección del Congreso cuando de pie aplaudió hasta el delirio la justificación de Gustavo Díaz Ordaz de la criminal matanza de Tlatelolco ocurrida el 2 de octubre de 1968. Esperamos que no vuelva a haber un Congreso como ese, que sigue causando pena ajena.


En cambio, el segundo informe de López Obrador, transcurrió con toda tranquilidad y el Presidente reiteró su señalamiento de la corrupción, que todos sabíamos existía sin imaginar hasta donde había llegado, como el principal problema del país, que ciertamente lo es y de ahí lo difícil que ha sido erradicarla; también insistió en la “austeridad republicana” como principio fundamental de su gestión y mostró cierto optimismo de que haya quedado atrás la parte más profunda de la crisis y pronto se inicie la activación de la economía; insistió e hizo énfasis el Presidente, en que, al contrario de lo que ocurría en las crisis anteriores en ésta no habría salvamento de empresas que terminaban en deudas eternas como el Fobaproa y desmedidos incrementos de la deuda externa. La estrategia seguirá siendo la inyección de recursos de abajo hacia arriba, para incentivar la demanda efectiva y estimular el ciclo mercantil. Nada de esto es nuevo, se anunció en el programa electoral presentado al país en la campaña electoral de 2018 y no se abandona el proyecto de nación apoyado por la ciudanía. Así transcurrió el segundo informe de la gestión de Andrés Manuel López Obrador, sin aspavientos ni estridencias y sin ostentosas declaraciones.

Finalmente, sucedió lo inaudito, no asistieron al informe, a pesar de haber sido invitados, el fiscal general de la República (Alejandro Gertz Manero) y el presidente de la Suprema Corte de Justicia (Arturo Zaldívar). En otros tempos, no muy lejanos, esto les hubiera costado el empleo, hoy ni necesaria fue su presencia.

Sin embargo, no se puede pasar por alto el déficit en la “revolución de las conciencias”, indispensable para evitar retrocesos. Esto, sin embargo, no es responsabilidad el Presidente, debería ser Morena quien organizara a la ciudadanía y fortaleciera su interés y participación en la toma de decisiones fundamentales del país. Es necesario enfatizar que, el proyecto Alternativo de Nación, se quedaría corto si tuviera el exclusivo propósito de crear consumidores; por el contrario, el Proyecto Alternativo, con la “revolución de las conciencias”, pretende la formación de ciudadanos críticos y dispuestos a comprometerse con el proyecto que deben sentir propio. Este objetivo se empezó a lograr en la campaña con las brigadas y los promotores del voto. que visitaron casa por casa a la ciudadanía para explicar y debatir con ellos el Proyecto Alternativo, así como los problemas locales, regionales, nacionales e, incluso, internacionales. Todo se sometía al análisis por quienes recorrieron ciudades y aldeas donde encontraron oídos atentos a sus mensajes; así se lograron más de 30 millones de sufragios en favor de López Obrador.  Esta actividad debió continuarla Morena, en tanto el Presidente se dedicaba a gobernar. Sin embargo, las disputas por la dirección del movimiento-partido, han ocupado el tiempo de una cúpula burocrática, que ha dejado al margen a la militancia; el movimiento se ha perdido y el partido es casi inexistente; unos, se aferraban a la dirección y, otros, a suplirlos. Y cuando las autoridades electorales concedieron el cambio de los cargos directivos…no pasó nada; todo, al seguir igual, empeoró. Hoy, Morena sigue alejada del debate político nacional. Los partidos de oposición agreden hasta la bajeza de las ofensas personales y no hay una respuesta política en defensa, no del Presidente de la República que para defenderse no necesita escudos, sino del ideario y el proyecto de nación que Morena difundió y debatió durante años, particularmente en la campaña electoral de 2018, en la que una ciudadanía comprometida estaba dispuesta a defender su voto y evitar las trampas prianistas de costumbre.

Ahora, hay inscritos 51 aspirantes a la presidencia de Morena y 54 a la secretaría general.

¿Alguno de ellos podrá rescatar al movimiento y al partido?