Sábado, noviembre 27, 2021

SAOIRSE, CADA VEZ MÁS ADMIRADA

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La semana pasada mencioné cuánto se me antoja ver Ammonite, de Francis Lee, drama ubicado en Inglaterra a mediados del siglo XIX, que coprotagonizan Kate Winslet y Saoirse Ronan. En 2008 dediqué toda una columna a la talentosa Ronan –por entonces de sólo 14 años– a quien los cinéfilos adoptamos de inmediato después de su poderosa actuación en Expiación, en el rol de la escritora Briony Tallis cuando niña. Por ese trabajo, Saoirse (se pronuncia “Sersha”) obtuvo las nominaciones al Golden Globe y al Oscar como mejor actriz de reparto. En la columna de hoy, con el pretexto del cercano estreno de Ammonite, recupero segmentos breves de cuatro de las cintas en las que hemos disfrutado a la joven, todos de mi autoría. Empiezo, claro, por Expiación, de Joe Wright, que focaliza en tres vidas que prácticamente en un instante pasan de la promesa de un futuro luminoso a un doloroso destino trágico. Drama de familia que se construye a partir de que Briony, niña preadolescente –escritora en ciernes– acusa al novio de su hermana de una acción indigna. Confusión que deriva en exabrupto, que deriva en mentira, que deriva en tragedia. El argumento inicia en la Inglaterra de 1935, saltando en el tiempo hasta nuestros días para el epílogo de la historia. Del conflicto y la identidad profunda de cada personaje, al contexto de nuevas pérdidas surgidas de la guerra (que se suman a las afectivas/relacionales ya existentes) el doloroso cierre trágico –verbalizado por Briony— entrega una revelación tan inesperada como emocional. Gran película, construida como epopeya triste. 

Desde mi cielo (2009), de Peter Jackson, es –según lo establece su taglinela historia de una vida y de lo que sobreviene después. Corre 1973; a Suzie Salmon (Ronan), de 14 años, la asesina un vecino pederasta. La niña no puede abandonar por completo su extinta vida terrenal por un par de causas: la obsesión de su padre por develar quién la mató, y el propio odio de Suzie hacia el asesino, impune hasta el momento. Así pues, se instala en una especie de limbo paradisiaco (su “cielo”) para desde ahí seguir los acontecimientos y, en especial, para velar por su familia. La crítica tundió a Desde mi cielo, pero en general gustó al público. Lady Bird (2017), de Greta Gerwig, también focaliza en una adolescente –que se hace llamar Lady Bird— para contarnos en especial dos cosas: cuánto ella quiere salir de Sacramento para irse “adonde esté la cultura”, y la muy difícil relación con su madre, mujer estricta y de carácter. Se trata esencialmente de una cinta sobre mujeres. Mujeres que identifican su situación y enfrentan los retos derivados; mujeres que toman la iniciativa; mujeres que convierten a sus sueños en guías; mujeres –como Lady Bird y su madre– que mucho se cuestionan entre ellas, pero que se quieren profundamente. Una cinta completamente disfrutable, que puede recomendarse con máximo entusiasmo. 

Mujercitas (2019), de Greta Gerwig, nuevo acercamiento a la bienamada novela de Louisa May Alcott. Saoirse Ronan encarna a la soñadora Jo March en los tiempos y estertores de la Guerra Civil norteamericana, luchando, escribiendo, sobreviviendo, al lado de sus hermanas Meg, Beth y Amy, cobijadas por el inacabable amor de Marmee su madre (una excepcional Laura Dern). El núcleo de la historia es Jo, la rebelde perenne; pero narra por igual los perfiles y anhelos de las otras tres jóvenes: de la dulce Meg, ilusionada con casarse y formar una familia; de la tímida y callada Beth, con su desbordado, inagotable, amor por la música; y de la vanidosa Amy, con sus sueños “europeos” de aristocracia. Una película excepcional; no sólo por sus espléndidas actuaciones y hermosa –orgánica– realización, sino en esencia por su genuino rostro humano. Porque más allá de épocas y geografías particulares, así se vive, así se ama, así se persiguen los sueños. Así se lucha y se crece para “tirar” hacia adelante; así se vive (o se debe vivir) en familia. Y justo lo que se muestra en pantalla, es lo que familia debe ser y significar.

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