En el último año, la inspectoría de San Miguel Espejo, una de las cinco con mayor pobreza extrema en el municipio de Puebla, se ha convertido en un “tiradero de cadáveres”, los cuales aparecen en las laderas y barrancas que forman parte de las faldas del volcán La Malinche.
Su lejanía con el centro de la ciudad de Puebla, la cual se encuentra a más de hora y media de camino en automóvil y más de dos horas en transporte público, favorece la operación de la delincuencia que comete actos que van desde el robo en combis hasta hasta la aparición de personas muertas o embolsadas, aunque los habitantes desconocen si los homicidios se cometen en este o en lugares lejanos.
Después de las siete de la noche se apaga más de la mitad de la población de 5 mil 256 personas que se ubica a casi 3 mil metros sobre el nivel del mar en las faldas del volcán.
La noche es aprovechada por los grupos de delincuentes que en medio de la oscuridad avientan los cuerpos de personas encobijadas o embolsadas.
“Pasan muchas cosas en este pueblo. Es muy común que nos vengan a dejar muertos. Los vienen a arrojar a las barrancas, nos da miedo transitar por ahí”, manifestó una ama de casa que omite su nombre por protección.
La entrevistada teme ser asaltada porque en las noches ella y su familia transitan por una calle que aunque tiene energía eléctrica carece de alumbrado.
“Mi preocupación es esa porque mis hijos van a la escuela y a veces tenemos que caminar para comprar alimentos y llegamos de noche”, acotó.
La habitante, también dedicada a la limpieza de casas en el pueblo, reveló que junto a con sus vecinos se cooperó para adquirir un transformador y llevar la energía eléctrica a sus hogares, luego de que autoridades de gobierno se comprometieron a ayudarlos pero nunca llegó el apoyo.
La radiografía de esta comunidad indígena es similar a la del resto de las poblaciones con altos índices de pobreza y marginación en el municipio con la atenuante de la fuerte inseguridad.
Para ingresar a San Miguel Espejo se llega por una carretera que inicia en la zona industrial de Chachapa, perteneciente al municipio de Amozoc, demarcación con la que comparte una línea limítrofe apenas delimitada por algunas calles.
Sobre la autopista México-Puebla hay una desviación hacia la izquierda en el complejo industrial y luego se tiene que circular por una carretera de dos carriles en un trayecto que dura media hora.
Hay quienes se han encontrado personas muertas al interior de automóviles en ese trayecto, hechos que aunque son registrados por las autoridades ministeriales, no tienen mayor trascendencia en los medios de comunicación.
Pocas patrullas de la Policía municipal o estatal circulan por la carretera, menos aún por el camino que conecta con la Inspectoría de San Isidro Tlascoltépetl, localizada al norte.
Pese a sus necesidades, Espejo se ha convertido en el receptor de decenas de pobladores de Tlascoltépetl para buscar trabajo en labores como la albañilería o la limpieza.
En esta inspectoría, los habitantes de Tlascoltépetl encuentran mejores condiciones de vida que en su lugar de origen, del cual salen para nunca volver.
Reclaman despensas y apoyos sociales
La plaza central de la inspectoría y sus alrededores son las únicas que cuentan con servicios como electrificación, abasto intermitente de agua potable y calles adoquinadas.
Sin embargo, a escasos 300 metros del centro, el panorama cambia, se acaban las avenidas pavimentadas, aunque hay tendido eléctrico es inexistente el alumbrado.
Con menos de 100 pesos al día de ingresos generados por sus hijos, Juna Bonilla Rojas, una adulta mayor, reclama despensas y apoyos alimentarios.
Tiene a su esposo enfermo y por su edad el hombre está imposibilitado a trabajar, por lo que la condición de su familia es precaria.
Con un burro y un caballo para labrar el campo, Juana recuerda que la última cosecha de maíz ni para el autoconsumo les alcanzó, por lo que requirió del apoyo económico de sus hijos que cuentan con unas vacas de las que obtienen leche para vender en el pueblo.
“Lo que nos hace falta son despensas. Han llegado en otros momentos pero con el cambio del inspector no nos ha tocado. También requerimos material para levantar otro cuartito”, acotó la campesina.
No alcanza el agua potable y no hay drenaje
Con la operación de un pozo de agua potable no alcanza el agua potable para abastecer a toda la población a través de pipas que extraen el líquido de aquel depósito.
Las pocas familias que cuentan con este servicio lo tienen de manera intermitente, razón por la cual tienen que hacer rendir el suministro.
En junio pasado, el exinspector Adrián Flores Zepeda, reconoció en una visita del edil capitalino, Eduardo Rivera que la inspectoría, padece problemas con el suministro de agua potable, ya que cuenta con un pozo del que se extraen 10 pipas de agua, las cuales no alcanzan para abastecer del líquido a los más de 5 mil 250 habitantes.
En ese momento afirmó que cuentan con otro pozo que quedó inconcluso, mismo que era construido por la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento de Puebla (Ceaspue), sin embargo, se desconoce por qué razón se dejó de construir, ya que la obra correspondió al periodo de su antecesor.
El entonces inspector sostuvo que el agua extraída del pozo apenas sirve para surtir a una veintena de familias, por lo que la mayor parte del tiempo el resto de la población padece del servicio.
El drenaje tampoco ha llegado a la población que acondiciona fosas sépticas en los patios de sus casas, las cuales tienen que ser limpiadas continuamente para evitar problemas de salud.
A diferencia de su vecino Tlascoltépetl, en San Miguel Espejo, se observan más viviendas construidas con bloques, sin embargo sus techos aún son de lámina.
Asimismo, buena parte de las viviendas se encuentra debajo de líneas de alta tensión de electricidad, lo que pone a sus habitantes en riesgo de una descarga o de enfermedades relacionadas con la exposición a ese tipo de energía.
Un jagüey por secarse proveía de agua limpia
Al norte de San Miguel Espejo las bajas precipitaciones pluviales de la última temporada de lluvias están a punto de secar el jagüey conocido como “El Tepeyolotl” -donde los lugareños construyeron una represa para contener el agua- y otro depósito natural que se encuentra más hacia el sur.
En el pasado con las lluvias el agua superó la represa y el agua se iba al segundo depósito lo que daba las condiciones para contar con agua limpia en cualquier momento.
Sin embargo, al momento del recorrido ambos contenedores de agua se observan prácticamente secos, lo que agrava el problema de abasto del líquido en esta comunidad indígena, en la que la mayor parte hablan náhuatl como lengua materna.
Calles se convierten en un ríos peligrosos
Con un piso poroso, propio de las laderas de la montaña, las calles se convierten en verdaderos ríos peligrosos durante la temporada de lluvias.
Una jornalera subrayó que de mayo a octubre solo puede salir de su casa durante la mañana, ya que cuando empieza a llover por las tardes y por las noches el agua baja con tal fuerza que arrastra todo lo que encuentra a su paso.
Quién también se dedica a labores del hogar pidió el apoyo de las autoridades para adoquinar la calle a un costado de su domicilio que se extiende por una ladera desde la parte alta de la montaña, la cual en el pasado fue sinónimo de abundancia y fertilidad pero hoy se observa mancillada por la tala inmoderada.
