Rosario Robles habría financiado la precampaña de Lastiri entre 2013 y 2017

Si se quiere saber a dónde llegó el dinero de la llamada Estafa Maestra no solo se tienen que investigar el proceso electoral intermedio de 2015, los comicios del estado de México de 2017 y la contienda presidencial de 2018, tal como han sugerido los abogados de Rosario Robles Berlanga, sino también se tiene que indagar la precampaña de Juan Carlos Lastiri Quirós, que desplegó entre marzo de 2013 y junio de 2017, en la búsqueda de la candidatura del PRI a la gubernatura de Puebla.

Conocedores del trabajo político de Lastiri narran que todo el proselitismo que realizó a lo largo de cuatro años, que implicó un gasto millonario, siempre tuvo el sello de Rosario Robles Berlanga, no solamente para promoverlo como aspirante a candidato del PRI, sino para organizar su presentación ante medios de comunicación, elaborar discursos, cuidar su imagen púbica y hasta organizar actos masivos, de los que se echó mano de casi la mitad de las 52 delegaciones –ya desaparecidas— que tenía en Puebla el gobierno federal.

Siendo Rosario Robles Berlanga titular de las secretarías de Desarrollo Social y Desarrollo Rural, Urbano y Territorial, en el gobierno peñista, siempre tuvo interés en que su subsecretario a lo largo de esos seis años, Juan Carlos Lastiri Quirós, pudiera llegar a la titularidad del Poder Ejecutivo de Puebla y se convirtiera al gobierno del estado en una empresa política compartida para cuando ambos se les acabara su estancia en la Presidencia de la República.


La “marca Robles”, como le llamaba la gente de Lastiri se percibía de la siguiente manera:

Al cuarto mes de que inició el gobierno de Enrique Peña Nieto, el entonces subsecretario de Prospectiva, Planeación, Evaluación y Desarrollo Regional, Juan Carlos Lastiri, arrancó una estrategia de largo plazo para intentar convertirse en candidato del PRI a gobernador de Puebla, proyecto que acabó en un rotundo fracaso.

Para ello se echó mano de la empresa de consultoría política Sostén, que en el año 2007 fundaron Rosario Robles Berlanga, María de las Heras –dueña de la encuestadora Demotecnia–, Ana Vázquez Colmenares, Laura Carrera Lugo, Rocío Bolaños y Margarita Jiménez Urraca que se dedicaba a construir las campañas electorales de mujeres que buscaban cargos de alcaldes o gobernadoras.

Con Lastiri, las operadoras de Sostén hicieron la excepción por ser hombre y desde marzo de 2013 se encargaron de la imagen pública del ex alcalde de Zacatlán, le elaboraban los discursos, le cuidaban la vestimenta y le organizaban actos de promoción.

Gustavo Rodríguez, el encargado del área de comunicación social de Rosario Robles, se dedicó a abrirle espacios en medios de comunicación nacional. Sobre todo cuando el priista poblano pedía que el Partido Revolucionario Institucional se abriera al voto de la militancia para elegir candidatos a cargos de elección popular.

Y desde el gobierno federal, se dio la orden a las delegaciones oficiales en Puebla que se realizaran actos para apuntalar el proselitismo de Lastiri.

Por esa razón, se organizaron poco más de 40 asambleas masivas en diferentes regiones del estado para supuestamente informar de la Cruzada Nacional contra el Hambre, de la que ahora se sabe que en lugar de aliviar las carencias de las familias pobres era un programa que se utilizaba para desviar fondos públicos a favor de las campañas electorales del PRI, según el dicho de los abogados de Rosario Robles Berlanga.

En dichas asambleas participaban unos 28 delegados federales, de los 52 que había entonces. Eran los encargados de llevar miles de acarreados y repartir prebendas a quienes acudían a esos actos enmascarados de jornadas de difusión de los programas sociales del gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando en realidad lo que se buscaba era armar la estructura electoral de Lastiri Quirós.

Los operadores directos de Lastiri, como eran Juan Navarro, Enrique Rivera, Mely Macoto, Néstor Camarillo –el actual presidente del PRI–, David Huerta, Geraldine González y Juan Manuel Vega Rayet, entre otros, se ponían de acuerdo con los representantes de Sostén para programar y organizar las asambleas en cuestión.

Para que se tomara en serio el trabajo de Lastiri, se hizo un arranque de esas labores proselitistas en el Centro de Convenciones del Paseo de San Francisco, el cual abarrotaron con unos 5 mil participantes de todo el estado.

Al final toda esa labor fracasó no por la falta de fondos o de la participación de muchos miles de personas, sino porque nunca prendió la figura de Juan Carlos Lastiri. Es un personaje con un discurso carente de interés, nada afable y una imagen nada carismática. Por eso ese esfuerzo culminó en julio de 2017 con la decisión de no buscar la candidatura a gobernador.

Lo interesante no es saber por qué fracasó esa precampaña, sino de dónde salió el dinero para un gigantesco gasto que se ejerció a lo largo de cuatro años, que implicó docenas de reuniones, la contratación de autobuses, la compra de despensas, el pago de salones y otros menesteres.

Por eso hay la sospecha de que esa precampaña huele a “Estafa Maestra”.