Sábado, abril 17, 2021

Rosario La Huerta, un rincón del municipio de Puebla que no conoce los estragos del Covid-19

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Dos horas y media de viaje, y un camino de terracería desde San Andrés Azumiatla, separan a Rosario La Huerta del centro del municipio de Puebla.

Es la inspectoría más alejada del sur del municipio de Puebla, ubicada a las faldas de la Sierra del Tentzo, de apenas 70 habitantes y un alto índice de migración hacia Estados Unidos.

Colinda con el municipio mixteco de Teopantlán, con otras poblaciones de San Diego La Mesa Tochimiltzingo y con inspectorías capitalinas como La Cantera y El Aguacate.

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Quizá por su lejanía a esta comunidad no ha llegado el Covid-19 a un año del primer caso en Puebla. Los habitantes refieren que hasta el momento ningún poblador de esta colonia ha sufrido los embates del coronavirus.

A pesar de ello, son conscientes de la agresividad de la enfermedad que cambió las reglas de convivencia en el mundo. Muy cerca de allí, a 45 minutos en el centro de Azumiatla han muerto conocidos suyos, por lo que priorizan el uso del cubrebocas.

Los pobladores del ejido, buena parte de ellos productores de mezcal, lo consideran más que una bebida alcohólica y aseguran que su consumo les ha dado los anticuerpos suficientes para evitar un contagio.

Incluso los niños lo beben con moderación o comen el maguey dulce antes de su fermentación para mantener activas sus defensas.

Por ello los menores, que ayudan en las faenas a sus padres y estudian la primaria de manera virtual, no se han enfermado ni de una gripa, afirman los ejidatarios reunidos en la casa de Raúl García Morales, secretario del comisariado ejidal.

Cada botella de mezcal artesanal, elaborado con una cubierta especial de piel de búfalo, la venden en 70 u 80 pesos, las cuales compran hombres adinerados para ofrecerlas en sus restaurantes de lujo a casi 200 pesos el caballito.

Así lo hace un empresario radiofónico, quien tiene un rancho en la comunidad, dedicado a la cría de jabalíes, según reparan con cierto recelo los anfitriones.

Lucha por mantener su vocación agrícola

En Rosario La Huerta, la totalidad de la población depende de la siembra de temporal. El cultivo de maíz, frijol y calabaza es la base de su alimentación.

Sin embargo, gobiernos municipales de distintos colores, sobre todo los de corte neoliberal, pasaron por el Palacio Municipal y los olvidaron, sin dar apoyos para reforzar su vocación agrícola.

Pese a su lejanía la mancha urbana le pisa los talones. Al otro lado del cerro los desarrollos inmobiliarios devoran a Santa Clara Ocoyucan, mientras que los terrenos a pie de carretera en Azumiatla, otrora ejidales, son cercados por bardas de block.

Rosario La Huerta pelea por mantenerse en la agricultura. La pequeña comunidad forma parte de los 16 ejidos que aún producen alimentos en la capital.

Y también libra una batalla contra las indiferencia de autoridades municipales, la cual se mantuvo incluso en los momentos de sequía que hace dos años agudizaron las carencias de la población en la que han hecho pasarela candidatos priistas, panistas y de Nueva Alianza para ofrecerles la eterna promesa: pavimentar el camino escarpado, lo que les daría acceso más ágil hacia la cabecera municipal.

La actual administración municipal los dotó de un tractor y una desgranadora que se comparten todos los productores, para preparar sus tierras, según refirió Pablo García Muñoz, agricultor de la comunidad.

Su primer contacto con el ayuntamiento fue hace dos años cuando pidieron apoyo ante la escasez de zacate para alimentar a sus bestias.

Meses después recibieron el apoyo de la maquinaria para arar sus tierras, que a pesar de sus características complicadas son prolijas en su producción por la abundante agua que nace en la zona.

Desde la casa del secretario del comisariado, los ejidatarios, que viajan por temporadas a Estados Unidos cuando el campo no les da lo que esperaban, observan hacia el camino que da acceso a su comunidad y anhelan el momento en que esté recubierto de asfalto.

En ese momento dejarán de viajar a caballo o a pie hasta la cabecera de Azumiatla y podrán vender tortillas, granos y su producción de mezcal en la zona urbana que amenaza con absorberlos.

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