Retos de la democracia

Hace dos años que la Jornada de Oriente me abrió sus páginas para la publicación de este blog. Agradezco a su Director, mi entrañable amigo Aurelio Fernández, la absoluta libertad que en todo momento tuve para expresar mis puntos de vista. Con esta colaboración doy por terminada mi participación en el periódico, por lo menos en esta forma y en esta etapa. Lo reitero públicamente: muchas gracias Aurelio.

Me inscribí en la crítica de la 4 T, no por los objetivos declarados que dice tener, sino por la forma, los medios y los métodos con los que pretende alcanzarlos.

Pienso que dichos objetivos concitan el apoyo de la mayoría de la población, pero que han sido usados de tal manera que ponen en riesgo la libertad y la democracia que, de forma incipiente, se han alcanzado tras muchos años de lucha. Así, para conquistar el poder político que busca acabar con la injusticia, se han reproducido las formas de su ejercicio que, en el pasado, comprobaron que producen resultados contrarios a los buscados.


La lucha contra la impunidad y la corrupción; contra la violencia y la inseguridad; contra la pobreza y la desigualdad; por la educación incluyente y de calidad; por el crecimiento económico y la justa distribución de la riqueza; por la salud para todas y todos los mexicanos; por el cuidado de la tierra; por la protección de la infancia y la vejez; contra la discriminación de cualquier tipo, por mencionar los más importantes, son objetivos que tienen el apoyo de la gran mayoría de los mexicanos. Sin embargo, al Presidente de la República le parece que no y que se hace necesario enfrentar a una parte de la sociedad donde pretendidamente están los pobres, contra la otra, en la que se encuentran los que denomina de múltiples formas, fifís, conservadores, etcétera.

Tal narrativa le permite hacer de la vida del país un escenario de la coreografía inventada por él, pero que no se corresponde con la realidad.

La oposición política ha aceptado la polarización política buscada por el Presidente para su narrativa, cuando por lo menos, las fuerzas democráticas de dentro y fuera de los partidos, deberían hacerse cargo de lo que no hacen, ni el Presidente ni su 4 T, es decir, la tarea de concertar los esfuerzos del conjunto de la sociedad para el logro de los objetivos antes mencionados.

Es cierto que el gobierno de la 4 T obtuvo la mayoría en las elecciones, pero la legitimidad no se basa sólo en eso, sino también en su ejercicio democrático todos los días. Y es ahí donde la oposición democrática podría unificar sus fuerzas para exigir que el gobierno no se ejerza por unos contra otros, sino para todos.

Los grandes problemas del país no se resolverán por un gobierno sectario o de muchedumbres, sino por el compromiso democrático del conjunto de sus organizaciones políticas y sociales. De otra manera se estará legitimando la aparición de figuras carismáticas con propuestas cada vez más radicales y al margen del objetivo común de fortalecer las instituciones de la República federal, democrática y representativa, libre y laica.

Lo peor que podría pasar es que por errores propios, o por circunstancias desfavorables, la 4 T terminara en una nueva frustración de la sociedad y en condiciones de polarización, presa además de la violencia y la inseguridad.

Así, tanto para evitar el deterioro creciente de la vida política y social, como para prever un escenario de frustración, se hace necesario construir una gran coalición de fuerzas, con el objetivo de fortalecer la democracia y las capacidades políticas, sociales y técnicas que se requieren para la solución de los graves problemas del país.

Con tal convicción cierro por ahora mi participación en La Jornada de Oriente. Creo que los que estamos de acuerdo con muchos de los  objetivos de la 4 T, pero estamos en contra de polarizar a la sociedad para alcanzarlos, o de desmantelar a las instituciones democráticas, y pensamos que en la sociedad mexicana existe el talento para construir los medios que nos permitan alcanzarlos, debemos darnos a la tarea de elaborar una plataforma para un nuevo compromiso histórico: la República Democrática.

En síntesis, la nueva República construida por la democracia, contra la cuarta transformación delirante de unos contra otros.

La construcción de una plataforma y de una coalición de esa naturaleza permitiría atemperar la polarización creciente y convocar a los mejores talentos para el diseño de las políticas hacendaria, de seguridad, crecimiento económico, salud, educación, medio ambiente, bienestar social y otras como la lucha contra la corrupción y la impunidad, que en conjunto se engloban en el Estado social, democrático y de pleno derecho por el que se ha pronunciado la gran mayoría de la sociedad mexicana.

La reforma electoral pendiente, en lugar de atentar contra el INE que tanto esfuerzo costó construir, debería, además de fortalecerlo en su carácter ciudadano, abrir mayores posibilidades a la formación de coaliciones políticas y electorales, sobre todo porque aislados, PRI, PAN, PRD, MC o cualquiera, no serán capaces de convencer a segmentos significativos, ni de obtener algo que pueda realmente modificar el mapa político actual. Y aquí radica la dificultad principal de la propuesta y que la hace sumamente compleja en su viabilidad. Cada uno de los partidos realmente existentes piensa que podrán capitalizar el descontento o bien evitar el colapso de su identidad.

Otra enorme deficiencia de la 4 T es darle la espalda al mundo, cuando vivimos el preludio de cambios telúricos en el planeta, que exigirán a la civilización nuevas formas de pensamiento, de acción y de organización. Más que nunca México debería asumir su responsabilidad global y participar activamente en el diálogo de las culturas para enfrentar esos cambios. Los retos van más allá de las ideologías y de los sistemas productivos hasta ahora predominantes. La vida en la tierra está en riesgo y toca a las nuevas generaciones gritar, como en 1989, salvemos juntos al planeta. Por ello el debate y el diálogo van mucho más allá del productivismo, capitalista o socialista, que sólo se ha encargado de la destrucción egoísta de la naturaleza, para inscribirse en la búsqueda de nuevas formas de vivir, producir y consumir de los que debieran ser los hijos agradecidos de la madre tierra.