Casi 6 de cada 10 trabajadores en México están en la informalidad. Con variantes mensuales y estacionales, la tasa de informalidad laboral fue de 54.9 por ciento en septiembre, casi la misma que ocurría en el mismo mes de 2024. Pero de los ocupados, se observa que son las mujeres quienes engrosan las filas de la precarización fuera de empleos estables y formales.
No obstante, los hombres ya oyen el aviso de poner las barbas en remojo: todos los que se ocupan en el sector automotriz (ensambladoras, plantas de alta tecnología y empresas pequeñas y medianas de autopartes) viven en la incertidumbre por la unión de dos actores que atentan contra el empleo: el cierre de plantas como General Motors y Nissan que se trasladan o bien a Estados Unidos o a la frontera con ese país, también por la reducción del mercado para algunos de sus productos, dados los aranceles impuestos por el gobierno de Donald Trump, y porque las matrices transnacionales afirman: avanzará “en el proceso de reestructuración internacional que busca transformar su operación en respuesta a los retos tecnológicos y al entorno económico global”.
El cierre de empresas, los recortes de personal, la intensificación del trabajo y el alargamiento o rotación de las jornadas, así como el manejo de tiempos con paros de la producción temporales que afectan los salarios de los trabajadores.
Todo ello muestra que ante la incertidumbre se exige la alerta organizada y la preparación de fuerzas con capacidad de negociación ante sus patrones internacionales. No hacerlo sería resignarse a lo que venga aceptar lo que los líderes burocráticos y los asesores laborales corruptos convengan con las empresas. Pensar más en el monto de su liquidación que en preservar el empleo desde la resistencia.
Lo mismo ocurre en los sectores de educación, salud y el conjunto del sector gobierno. Las reformas en curso del gobierno de la 4-T ponen énfasis en achatar los salarios contractuales hacia los salarios mínimos, uno o dos en promedio, que crecen en pesos, pero dejan a los trabajadores en el sótano de lo que percibían en sus contratos.
A la vez, se aplica la digitalización de los procesos con dos repercusiones: habrá sobrecargas de trabajo para programas donde el algoritmo y la “inteligencia artificial reduzcan personal y amplíen la cobertura, a veces sin ton ni son para que los usuarios “universalicen” y agilicen su atención en los institutos de salud, con menor espectro de medicamentos. Por su parte, los educandos son atendidos en línea y con más tareas informáticas para los reportes de sus docentes (muchos contratados por asignatura). Los administradores de servicios públicos como ya sucede en la banca y servicios financieros, se dobleguen al ritmo cibernético. Finalmente los proyectos de “bienestar” buscan se crezca como si fueran empleados no asalariados con cara de servicio, más “becarios”, “servidores voluntarios”, “siervos esclavizados de la nación”, trabajadores en outsourcing y demás formas de sobreexplotación y discriminación laboral.
A pesar de estas calamidades siguen las luchas de la clase trabajadora: los experimentados y atentos se informan y organizan en sus áreas fabriles y centros de servicio sin darle confianza a las cúpulas sindicales, en su mayor parte vendidas o arrodilladas a la lógica del capital.
Pero aunque crece ese sector con conciencia económica no se ve suficiente su vínculo con otros movimientos del mismo tipo y menos con las de su entorno, su barrio, su comunidad. Es una minoría la que cuenta con enlaces internacionales solidarios con otros trabajadores.
Es tiempo de prepararse y organizar la fuerza en cada centro y comunidad. Pensar en la clase y no sólo en el gremio y menos en su categoría.
La clase trabajadora en estos tiempos no tiene opción de emigrar. Trump y el capital mundial les cierran las fronteras y los persiguen. No hay evidencia de que el gobierno recuperará la seguridad social, las pensiones y jubilaciones dignas que fueron expropiadas. No hay chapulines colorados ni hadas presidenciales que los defiendan.
Es hora de hacer lo que sólo los trabajadores pueden hacer: prepararse, identificar al enemigo común y defenderse organizados como clase en una lucha continua hasta la victoria.
Consulta: LAS OTRAS FORMAS DE LUCHA
Los asalariados mexicanos y su nivel de conciencia social
Joaquín H. Vela González
La riqueza social de la que vive la humanidad, sólo la crea el trabajo humano. Es el trabajo el que transforma la naturaleza y el que crea valor. El valor es un concepto abstracto que desarrolló Carlos Marx, en el tomo uno de El Capital como punto de partida básico de su genial estudio del capitalismo y su funcionamiento. Cómo es un concepto abstracto, pocas veces coincide con los precios que son la unidad de medida que usa el capitalismo en la realidad. Pero es un referente obligado y cercano a su comportamiento verdadero.
Lo más cercano en el sistema de cuentas nacionales que ha desarrollado el capitalismo es el valor agregado que mide el monto total de la producción y le descuenta los valores generados en procesos anteriores para sólo quedarnos con el valor nuevo de este periodo a eso se le llama valor agregado.
Lo que nos interesa es tener un indicador aproximado al valor que una sociedad genera en un año y cómo se distribuye este, entre los dueños del capital y, los que lo producen que son los trabajadores.
En México y en todo el mundo la lucha de clases se da por la porción del valor agregado que a cada clase le corresponde, de acuerdo a la correlación de fuerzas. Esta lucha se da muchas veces de manera soterrada, pero cuando aflora se muestra en su verdadera magnitud a la vista de todos.
La teoría indica que el grado de desarrollo de la sociedad capitalista y la lucha cotidiana con el capital va desarrollando la conciencia de la clase trabajadora. La cual pasa de tener una conciencia en sí, a tener una conciencia para sí. Para asumirse como clase y defender sus derechos como tal, lo cual gradualmente mejorará sus conquistas y sus condiciones de vida.
Eso es en teoría, porque en México los indicadores publicados por las instituciones responsables indican que vamos muy atrasados en relación con los demás países… De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de sus 38 países que la conforman México, es el país que más días trabaja y el que menores salarios perciben sus trabajadores. Es decir la correlación de fuerzas existente entre la clase laboral y la empresarial está totalmente inclinada a favor de los dueños del capital.
Significa que la clase trabajadora está mediatizada y que su organización es bastante limitada. Porque sus formas de organización gremiales o sindicales no son efectivas o están y han estado corrompidas y no defienden sus intereses. Eso ha impedido en el país contar con organizaciones de defensa de los intereses de los asalariados verdaderas. Con sus honrosas excepciones como las que mantienen la lucha justa por derogar la reforma de la ley del ISSSTE de Calderón y otras cuantas luchas.
Esto es un llamado de atención muy fuerte para realizar cambios profundos en el horizonte de lucha de estas organizaciones. Los partidos por igual han estado totalmente ausentes y callados ante esta situación. Durante el modelo neoliberal los aumentos de los salarios estuvieron por debajo de la inflación creando un rezago terrible y sindicatos y partidos callados y alineados. En los últimos siete años ha cambiado sólo el salario mínimo.
La verdad en un análisis objetivo de la distribución del valor agregado en México nos muestra un panorama de contradicción evidente que no se refleja en un nivel paralelo de luchas de clases.
Hay mucho trabajo por delante de formación, capacitación y educación para los asalariados mexicanos, incluyendo a los llamados clase medieros que no se asumen como asalariados cuando sí lo son, porque no son ellos los dueños de los negocios, empresas o dependencias oficiales. En el capitalismo o eres el dueño de los medios de producción o eres trabajador, así sea que recibas sueldo o salario, la relación social es la misma. Lo primero es asumirse como un empleado que labora para un tercero y por ello recibes un pago, el segundo paso es: después de asumirse como asalariado, es actuar en favor de las demandas de tu clase, fortalecerla, actuar y luchar por conseguir mejores condiciones de vida para ti y para los tuyos.
Es el momento de pasar del nivel de conciencia en sí, a la etapa de conciencia para sí. Ojalá lo entendamos todos. /[email protected]
EL PROLETARIADO A CONTRACORRIENTE
El sindicalismo como campo de batalla, hoy por hoy favorece al enemigo, lo que hace necesario cambiar de campo y de estrategia. La precarización de la existencia y la radicalización de la explotación va mucho más allá de la fábrica y se anida en el barrio donde se niega a los jóvenes la oportunidad de trabajar o de formarse. En el capitalismo salvaje del México de nuestros días, a los “ninis” y a los pobres se les niega el futuro.
Hoy el proletariado lo integran todos los explotados y excluidos, los condenados de la tierra. Se precisa luchar a contracorriente, construir agrupaciones dentro y de fuera de los centros de trabajo con principios solidarios o mutuales, cooperativas, asociarse en reciprocidad con otros en proyectos productivos autónomos, revivir artesanías, alejarse del consumismo, RESISTIR y es en el seno del proletariado amplio donde habrá de germinar la semilla revolucionaria, porque nos han quitado todo, no tenemos nada que perder, hasta el miedo nos han quitado.
Uriel Aréchiga (193- 2017) El Zenzontle. Número 99, abril 2012
Palabras de uno de los jubilados de Kermanshah en respuesta al presidente Pezeshkian
Masoud Pezeshkian, en una rueda de prensa con autoridades de la provincia de Hormozgán, el 2 de octubre de 2025, se dirigió a los responsables de Educación y: “Si piensan que van, dijo, a recibir algo del gobierno, siéntense a ver cómo sus hijos quedan analfabetos. Finjamos que nosotros no existimos; ¿qué habrían hecho por la educación de sus hijos?” Estas palabras nauseabundas salen de la boca de ese mismo presidente de poca cabeza que, en lugar de responder por las crisis desastrosas y la corrupción generalizada en el país, dice: “claro que soy inepto; si el pueblo nos ahorca, tendría derecho”. Ahora ha dado un paso más y dice abiertamente que su gobierno no tiene ninguna responsabilidad respecto a la educación de los niños del pueblo.
Más abajo reproducimos parte de la respuesta de un jubilado de Kermanshah a estas bravatas de Pezeshkian. Pero vale la pena señalar aquí que, en realidad, Pezeshkian está rumiando las palabras de todos los gobiernos de derechas y, a la cabeza de ellos, del gobierno fascista de Trump, que junto con otras políticas fascistas y belicistas, tiene como uno de sus pilares para superar las crisis del capitalismo en sus países el ataque a la vida y al sustento del pueblo: la represión salarial de los trabajadores y demás asalariados, la eliminación de subsidios y ayudas estatales y, en una palabra, la retirada de todos los servicios públicos y sociales. En vez del gobierno, la gente debe hacerse responsable de la crisis como la del agua y la electricidad y tiene que comprarse un “generador”. Y cuando llegamos a la crisis en educación, si millones de estudiantes se ven obligados a ir a campos de trabajo en condiciones laborales más duras, eso ya no sería responsabilidad del gobierno. Sería la gente la que debería “suponer” que no existe gobierno y ponerse a construir escuelas, contratar maestros y cubrir todos los demás gastos por su cuenta.
Pero las palabras de Pezeshkian no quedaron sin respuesta. Un jubilado, en la concentración de jubilados en Kermanshah, en su discurso dirigido a Pezeshkian dijo: “Señor Pezeshkian, si ustedes no existieran, las calles estarían tranquilas; esta misma Caja del Seguro Social la habrían dirigido ingenieros y especialistas que eran de nuestra propia clase, que defendían nuestro honor y nuestra dignidad… ¡Cómo desearíamos poder derribar sobre sus cabezas todos sus palacios, villas y casas lujosas para que ningún hombre ni mujer trabajadora sufriera más el ¡Anhelo de tener una humilde vivienda!”
Este jubilado continúa: “Señor Pezeshkian, si ustedes no existirían no habría tanta injusticia e inequidad, no habría drogas… El mundo del capital los ha dirigido hacia un rumbo en el que se ven obligados a imponer estas políticas inhumanas al pueblo trabajador. Día a día encoge la canasta básica de los trabajadores para que ustedes acaparen los derechos del capital y del gobierno. …Los amos del capital y la mafia del poder, los trabajadores y todo lo que huele a explotación y tiranía deben felicitarlos y admirarlos, pero los trabajadores no pueden resistirse al anhelo de que ustedes dejen de existir!”
El discurso de este jubilado y los vítores de los asistentes a la protesta constituyeron, en verdad, la encarnación de una guerra de clases y un ejemplo del enfrentamiento de los trabajadores y otros sectores oprimidos de la sociedad con los amos del capital, la mafia del poder y los obstáculos.
Además del enérgico discurso de este jubilado, ese día los pensionados corearon consignas como “No a la ejecución, no a la guerra”, “Apoyamos al preso de Qezel Hesar” y “La ejecución de una sola persona es una violación de los derechos humanos”, mostrando que no sólo luchan por sus derechos laborales, sino también contra la pena de muerte, uno de los castigos más abominables de la Edad Media que el régimen emplea para sembrar el miedo en toda la sociedad.
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Sobre Dolores de Cabeza
Es bello ser comunista,
aunque cause muchos dolores de cabeza.
Y es que el dolor de cabeza de los comunistas
es histórico, es decir
que no cede ante las tabletas analgésicas
sino sólo ante la realización del Paraíso en la tierra.
Así es la cosa.
Bajo el capitalismo nos duele la cabeza
y nos arrancan la cabeza.
En la lucha por la Revolución la cabeza es una bomba de retardo.
En la construcción socialista
planificamos el dolor de cabeza
lo cual no lo hace escasear, sino todo lo contrario.
El comunismo será entre otras cosas,
una aspirina del tamaño del sol.
Roque Dalton, nace el 14 de mayo de 1935 en San Salvador. Muere asesinado el 10 de mayo de 1975.


