RESCATAR LA ECONOMÍA

El señor Ricardo Salinas Pliego, asesor de Andrés Manuel, regresó muy bravucón luego de su real o aparente encierro en Valle de Bravo. 

Dijo: “Somos millones los que queremos seguir con nuestras actividades- Elektra cerró muy tarde y hubo varios contagiados de Covid-19- (…) aceptando el riesgo (…). Al aislarte, tú tienes la tranquilidad de pescar el virus, pero ¿por qué insisten en obligar a otros hacer lo mismo que tú?”.

Párrafo indispensable en la muy conocida sección de Carlos Monsiváis:  Por mi madre, bohemios, ya que los dislates y el galimatías de su prosa es para una clase de periodismo de lo que es imposible entender.


(El gran Carlos, por cierto, cumplió 10 años de no producir sus inmejorables, satíricos textos acerca de los políticos y demás fauna social).

Más adelante, el dueño del Banco Azteca (a cuyas sucursales por desgracia envían su dinero los migrantes de este país y les cobran altas comisiones), añadió: les remito un mensaje a López Gatell y Jorge Alcocer- encargados de salud- “Los cierres y el aislamiento han causado un daño enorme a nuestra precaria economía- afirmación del segundo millonario de México (sic)-. Sólo permitan que el pueblo trabaje y se gane la vida (…) No se confundan. No hagan más reglas (sic, utraneoliberal). Ya no necesitamos más reglas”. 

Las afirmaciones son de quien, de manera alevosa ha infringido todas las normas establecidas: no cerrar a tiempo establecimientos banales, pagar un salario raquítico a sus empleados, hacer negocios sucios en Fertinal, apropiarse de un canal de televisión ilegalmente (el 40), bajar los sueldos a la mitad a sus colaborados de Tv Azteca en esta cuarentena y un largo etcétera que no se permitiría en otro país, excepto en México, es de antología.

Salinas Pliego finalmente exhortó a quienes piensan como él a no aceptar “la visión autoritaria que va en contra de tus (sic que se siente vocero de muchos) convicciones”.

En un momento que los grandes teóricos de la economía, entre ellos premios Nobel, exigen que los ricos paguen más y se quejen menos, nosotros escuchamos los rayos y centellas de un señor que afirmó hace años: mi gran aspiración era haber vivido en la conquista de la Gran Tenochtitlán, no para defender la patria, sino ser parte de los invasores (entrevista con Verónica Ortiz en El Financiero). 

Y es que la pandemia demostró que los millonarios pagan menos impuestos que los empresarios medianos y chicos, según Oxfam. Incluso hace tiempo uno de los ricos de Wall Street, Warren Bufett, señaló que debían encajarles más el diente a sus ganancias, ya que él pagaba menos impuestos que su secretaria.

Hace días, la Comisión Independiente de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT, por sus siglas en inglés), señaló que vivimos un sistema impositivo injusto y terriblemente evasivo, al decir del presidente de la organización: José Antonio Ocampo. Que los registros de las compañías deben ser internacionales para que se les grave con lo necesario, y no se tengan que hacer varias auditorías. Incluso llamó a que las empresas digitales informáticas, que han sido en esta época de crisis las que más utilidades han obtenido, eroguen un 25 por ciento de sus utilidades. Puntualizó que la austeridad fiscal es terriblemente negativa y es ineludible gastar más en atención a los fregados. ¡Ojo, México!

Para Jayatih Gosh, de la Asociación Internacional de Economistas del Desarrollo, hay que gravar la informalidad y tener mayores ingresos para enfrentar el cambio climático, el cual de llegar traerá problemas más graves que los actualmente enfrentados con el virus que nos sobresalta.

Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001 y ex presidente del Banco Mundial, recordó que es un hecho la evasión de las empresas por la competencia fiscal y los paraísos en donde se lava dinero por montones.

El francés Thomas Piketty, indicó que se deben rastrear las ganancias de mil formas, transparentar los beneficios obtenidos en varias naciones y tratar de ser más equitativos en el reparto. Este nuevo teórico ha planteado que la tasa que se imponga a los ricos sea arriba de 70 por ciento.

En síntesis, mientras las preocupaciones en el mundo son del cuidado de la naturaleza, de una sanidad para todo mundo, de la renta básica universal, de la educación total, en México hay personas que únicamente les interesan sus ganancias y sus proyectos.

Tan es así que el propietario de Femsa, José Antonio Fernández (motejado El Diablo) que tiene en su consorcio a OXXO, el refresco catalogado por un poeta como las aguas negras del imperialismo y otros comercios que han llevado a la diabetes a los mexicanos, pagó a regañadientes más de 8 mil millones de pesos en impuestos, aunque dijo que gastaría el doble, 16 mil millones, para derrotar al presidente de la República:  Andrés Manuel López Obrador.

Un claro ejemplo de para qué sirve el dinero: caprichos, saraos, viajes, residencias de lujo, berrinches contra los enemigos, etc. Y no para favorecer a la gente trabajadora y pobre.

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@jamelendez44